
La leyenda comienza con un vecino del barrio del Nervión que había abierto un taller en su garaje.
Tanto el hombre como su familia siempre habían sido devotos de la
imagen del Cristo del Gran Poder. Por ello, cuando su hijo enfermó, el hombre
imploró a dicha imagen que librase a su hijo de la enfermedad que padecía.
Cuando su hijo falleció, el hombre dejó de creer y prometió que nunca volvería
a ver al Gran Poder y que debería ser el propio Señor de Sevilla quien fuese a
su casa a verlo.
Poco después de dicho fallecimiento, se sacaron todas las imágenes
de Semana Santa para hacer una procesión especial por diferentes barrios de
Sevilla. El azar quiso que el Cristo del Gran Poder recorriese la zona del
Nervión.
Durante el recorrido de dicha procesión comenzó a llover, por lo
que la hermandad buscó un lugar donde refugiarse, encontrando el garaje donde
estaba ubicado el taller. Cuando la hermandad llamó a la puerta bajo el nombre
del Gran Poder, el hombre abrió la puerta extrañado encontrándose delante de él
a la imagen que tanto había venerado y que, finalmente, había ido a su casa.
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