domingo, 30 de diciembre de 2018

DEEPWATER CHAPEL I

El usuario de twitter Greg publicó en su cuenta (https://twitter.com/gr3gory88) una serie de acontecimientos que le estaban sucediendo tras haber heredado la casa de su abuelo materno.

El 27 de julio Greg explicó que su abuelo había fallecido y que nunca llegó a conocerle porque su madre había roto la relación con él. Pero, a pesar de no haberle conocido, Greg recibió su casa en herencia, una casa situada en un bosque cerca de un lago.

El 30 de octubre Greg comenzó a explicar los extraños sucesos que estaba viviendo allí. Al parecer, intentó vender la casa sin éxito, así que decidió trasladarse allí temporalmente. Una mañana fue al pueblo más cercano, a 25 minutos en coche, para comprar comida y otros utensilios. Al regresar vio algo extraño en la puerta.

Parecía hecho a mano con madera e hilo con un par de huesos colgados dentro del símbolo. Greg pensó que alguien le estaba gastando una broma, por lo que lo cogió y lo arrojó a la chimenea.

A la mañana siguiente salió al porche a desayunar cuando vio algo que colgaba de un árbol cercano: otro símbolo como el de la tarde anterior, aunque esa vez con una piedra en lugar de huesos.
Inmediatamente vio otro colgando de otro árbol. Y, al llegar a ese, pudo ver otro encontrando en total 8 símbolos colgando de árboles alrededor de la casa con diferentes objetos atados: plumas, huesos, piedras…

Aquello era muy extraño y Greg se sintió incómodo. Tras descolgar todos los símbolos decidió volver a la casa y limpiar, pues con la caída de las hojas por el otoño todo estaba bastante sucio. Entonces, a través de una ventana, vio algo entre la maleza, por lo que fui a investigar qué era encontrándose una sudadera con capucha.
Cerca de la sudadera encontró más ropa y un cuaderno. Greg abrió el cuaderno pero no había nada escrito, aunque sí algunas páginas arrancadas.

Al cabo de algunos días, Greg salió a pasear por el bosque, cuando vio algo de movimiento. Miró y vio a una persona con una sudadera negra y la capucha puesta paseando entre los árboles. Greg se quedó quieto esperando que aquella persona no se hubiese percatado de su presencia, y no se movió hasta estar seguro de que aquella persona estaba lo suficientemente lejos. Entonces corrió hacia la casa y cogió el teléfono para llamar a la policía pero, al no saber qué explicación dar, decidió dejar el teléfono donde estaba. Quizás alguien sin hogar había usado la casa como refugio mientras estaba vacía para encontrarse con que un nuevo dueño empezaba a vivir en ella. Quizás sólo quería asustarle para echarle de allí.

En ese momento Greg escuchó un ruido, miró por la ventana y vio a la persona que estaba merodeando por allí. Estaba completamente quieta mirando hacia el horizonte como si estuviese esperando a algo o a alguien. Pero lo que realmente llamó la atención de Greg es que no tenía ojos. Sin embargo, al cabo de un rato, esa persona se giró y le miró. Greg se escondió con el corazón latiendo con fuerza por el miedo y, tras cerrar con llave todas las puertas y bloquear todas las ventanas, llamó a la policía y le explicó lo sucedido. La policía dijo que mandarían a alguien a mirar y le pidieron que no saliese de la casa. Greg fue a su dormitorio, bloqueó la puerta y trató de dormir, aunque se encontraba bastante mal por lo sucedido.

A la mañana siguiente llegó un policía, pero no encontró nada raro y la explicación de Greg le sonó a broma, por lo que el policía le dijo que si pasaba algo más llamase a la comisaría y se marchó dejando a Greg solo.

Cerca de la casa de Greg había otras casas, por lo que decidió ir y preguntar a los vecinos para ver si alguien había visto algo, pero todas estaban vacías, pues aparentemente las usaban sólo durante el verano. Frustrado, Greg regresó a su casa pasando cerca del lago cuando vio un pequeño barco.
Estaba totalmente quieto en medio del agua y a Greg le dio la sensación de que le estaban observando, pero quizás fue sólo su imaginación. Quizás sólo estaban pescando, pero con todo lo ocurrido no sabía qué pensar.

Siguió el camino hacia la casa y pasó por un río donde vio algo que le llamó la atención, por lo que metió en el agua y lo cogió sólo para ver que se trataba un ojo.

Lo soltó con bastante asco deseando que fuese el ojo de algún animal y no el de una persona. Greg regresó rápidamente a su casa y no volvió a salir en todo el día. Aquello era demasiado extraño. Lo que le estaba ocurriendo no tenía sentido y, sin embargo, tenía miedo. Greg sabía que la pesadilla acababa de empezar.

martes, 25 de diciembre de 2018

EL PANTEÓN DE SEVILLANOS ILUSTRES


En Sevilla, junto a la Plaza de la Encarnación o “Plaza de las Setas” se encuentra la iglesia de la Anunciación.
Resultado de imagen de iglesia de la Anunciación sevilla
Inicialmente fue un colegio de los Jesuitas que sirvió como pilar intelectual de la contrarreforma española. No obstante, en 1767 los Jesuitas fueron expulsados y el convento fue abandonado. Por ello, en 1771 este edificio se convirtió en la Universidad Literaria educando en los ideales de la Ilustración y extendiendo su influencia al ámbito civil. De esta forma, la iglesia de la Anunciación se convirtió en la capilla de la Universidad. Pero en 1956 la capilla de la Universidad se trasladó a la Real Fábrica de Tabacos. No obstante, en la cripta de la iglesia de la Anunciación se construyó el Panteón de los Sevillanos Ilustres. 
En dicho panteón se encuentran los restos de personajes muy ligados a Sevilla como la familia Ponce de León o los hermanos Bécquer.
Junto a la iglesia de la Anunciación se construyó en 1970 la facultad de Bellas Artes, cuyos sótanos conectan con el Panteón de los Sevillanos Ilustres.
Resultado de imagen de panteon de los sevillanos ilustres

Pero lo que inicialmente parecía ser un elemento cultural de gran importancia pronto se volvió en la pesadilla de profesores, estudiantes, vigilantes de seguridad y personal de limpieza, quienes aseguran haber presenciado sucesos paranormales.

Ruidos, golpes fuertes, sombras, cambios de temperatura, la sensación de ser seguidos, risas, susurros, suspiros o voces que dicen sus nombres son algunos de los testimonios más frecuentes, una situación que les asusta y por la que nadie se atreve a pasear solo por los pasillos de ese lugar.

Estos acontecimientos pusieron el foco de la investigación paranormal en este lugar, por lo que se realizaron diferentes investigaciones, en las que se captaron psicofonías de voces procedentes de otra época, así como entrevistas al personal del edificio.
En una entrevista a la revista dedicada al misterio “Más Allá” el personal de limpieza explicaba que mientras se encontraban trabajando escuchaban unos sonidos extraños, como si alguien se hubiese quedado encerrado en algún armario y estuviese arañando la puerta del mismo o la pared. Otras noches han podido oír gritos y la sensación de que una mano invisible les toca o que una voz de procedencia desconocida les llama.

Una de las limpiadoras del edificio asegura que una de las entidades que moran por el edificio es la de Santiago, un antiguo guarda se seguridad que falleció de un ataque cardíaco. Según el este testimonio, el hombre falleció en su casa, pero desde ese momento las noches en el edificio se han convertido en una pesadilla, es por ello que está tan segura de que se trata de él.

Pero los ruidos y las voces no son los únicos fenómenos inexplicables, pues las luces de la Facultad de Bellas Artes se encienden y se apagan solas, uno de los ascensores se activa solo aunque la electricidad de los mismos esté desactivada, o en ocasiones las alarmas se activan solas. Además, en algunas aulas se han llegado a desplazar algunos pupitres.

Además, según comentan diferentes testimonios, es posible ver paseando por los pasillos a una figura femenina vestida con ropajes blancos, de quien se dice que podría tratarse del espíritu de la escritora Cecilia Bölh de Faber (más conocida como Fernán Caballero).
Resultado de imagen de fernan caballero
Estos fenómenos han convertido a la Iglesia de la Asunción, la Facultad de Bellas artes y el Panteón de los Sevillanos Ilustres en un punto clave en la mágica ciudad de Sevilla para los amantes de lo paranormal.
Imagen relacionada

miércoles, 19 de diciembre de 2018

RELATO IV


Han pasado cinco años. Cinco largos y horribles años aquí encerrado. Cinco tediosos años en los que estuve a punto de ser violado en más de una ocasión. Por suerte, hice saltar algún que otro diente, rompí alguna que otra nariz y disloqué algún que otro hombro. En este lugar el pez grande se come al pez pequeño. En este lugar hay dos opciones: nadar a contracorriente o hundirse. En este lugar o comes o te comen. Y yo no soy de los que se deja comer, eso está claro. Y pronto algún que otro personaje de corta intelectualidad lo aprendió.
Recojo mis escasos enseres personales y salgo de la prisión. Una reja se abre. Un funcionario de prisiones me escolta hasta otra puerta de rejas. La primera reja se cierra. La segunda se abre. Un segundo funcionario me acompaña hasta la salida. No me sorprende ver que nadie ha venido a recogerme. Bueno, sé que mi exmujer me dará la fiesta de bienvenida que merezco.
Llamo a un taxi y, al cabo de media hora, el vehículo llega. El conductor, un hombre de aspecto marroquí me mira con cierta desconfianza, pero su mirada cambia cuando le enseño el dinero. Me monto en el taxi, cierro la puerta y le doy una dirección al hombre.
-El cinturón, señor…-me dice con su acento marroquí. Ese acento me da una patada en el estómago. No soporto a los inmigrantes. No soporto que vengan a robar el trabajo a las personas honradas que nacimos en este país. Y mejor ni hablar de la forma en que los hospitales y centros de salud están colapsados por su culpa. Por lo menos espero que no se haya sacado la licencia en su país de mierda.
-A la mierda el cinturón. Arranca de una jodida vez…
El taxista se encoge de hombros, mueve la palanca de cambios y pisa el acelerador. Se incorpora a la carretera y coge velocidad.
-¿Le importa si fumo?-pregunta el marroquí.
-No. Anda, se buen chico y dame uno a mí. No me vendrá mal dar un par de caladas.
El taxista alarga el brazo ofreciéndome un “Camel” y un mechero con publicidad de una funeraria. Sonrío ante la ironía de aquel mensaje. Enciendo el cigarro y saboreo con placer el humo que llena mi boca. Hacía demasiado tiempo que no tenía ese placer. Le devuelvo el mechero al marroquí, que se lo guarda en el bolsillo de la camisa, y me pongo a mirar por la ventanilla viendo pasar el paisaje ante mis ojos. Doy una calada pensando en mi casa, pensando en la zorra con la que me casé y en el maricón de mi hijo.
He tenido cinco años para pensar en los dos. Tiempo suficiente para imaginar diferentes formas de matarlos. Es obvio que les tenga rencor, ¿no? Al fin de cuentas fueron ellos los que me metieron en chirona. “Maltrato infantil” declararon en el juicio. Por qué, ¿por querer que mi hijo fuese un hombre? Pero ella lo ablandaba con sus adictivos mimos. No fue mi culpa la paliza que le di al final, fue suya. ¡Suya, joder! Y ni siquiera era capaz de aguantar un golpe. Lloraba como una chiquilla asustada. Me repugnaba esa actitud. Pero la culpa no fue mía, sino de su madre que quería esconderlo de la vida. ¿Qué tenía? ¿8 años? ¿9? No importa. Pero con su edad mi padre nos llevaba de caza a mi hermano y a mí y no había mayor placer para mí que encontrar a las piezas y arrancarles la vida de un balazo. ¡Pam! Y la liebre salía despedida. Pero pronto las liebres se volvieron aburridas. Así que… ¡Pam! Y fue mi hermano el que salió despedido. Fue un disparo limpio. Cayó de un golpe, sin tener tiempo de saber qué pasaba. Aunque claro, fue un accidente, o eso pensaron mis padres, mis familiares y todo el mundo en general. Aunque la verdad es que me había quitado una competencia, pues con él fuera de casa lo tenía todo para mí.
Mientras pensaba en todo aquello el taxi llegó a mi destino. Me bajé y le pagué al taxista la tarifa del viaje y una propina extra por el cigarro y por haber sabido mantener la boca cerrada todo el viaje. Creo que si hubiese tenido que aguantar su acento extranjero durante todo el trayecto le habría matado allí mismo.  Y le habría hecho un favor a la comunidad.
Miro al cuarto piso y sonrío. Llamo al timbre. Nada… Vuelvo a llamar con más insistencia. Y entonces responde una voz desconocida.
-¿Sí?
-¡Cartero!
La puerta se abre y yo entro. Llegó al buzón y ve que no está mi nombre. Ni el de la zorra ni el del maricón. Hay un nombre totalmente desconocido para mí. El nombre de una mujer que, aparentemente, vive sola.
Llamo al ascensor, entro y pulso el botón del cuarto. El ascensor comienza a subir mientras miro mi reflejo en el espejo: mi pelo castaño corto, mis ojos claros, mi mandíbula fuerte. Me guiño un ojo a mí mismo. Soy atractivo y sé lo que las mujeres quieren. El ascensor se detiene dando una leve sacudida y las puertas correderas se abren. Salgo y giro a la izquierda. Recorro el pasillo y llego a la puerta de la que fue mi casa. Mi hogar. El lugar en el que me arrestaron por culpa de la zorra y el maricón. Llamo al timbre y espero. Al otro lado de la puerta se oye una voz.
-¿Quién es?
-Buenos días. ¡Traigo un paquete para Dolores Casals!
-¿Un paquete? No espero ningún paquete.
-Ese no es mi problema. Yo tengo un paquete para usted y necesito que alguien lo recoja y firme la entrega.
Durante unos segundos no se oye absolutamente nada. Estoy a punto de darme la vuelta cuando oigo el sonido del cerrojo abrirse. La puerta se entreabre permitiéndome ver a una mujer de unos cincuenta años bastante fea. No puedo evitar pensar que me resulta lógico que esté sola. ¿Quién aguantaría ver esa cara a diario? Si hubiese sido mi hija la habría ayudado a tener un accidente mortal. Menos sufrimiento para los demás al no tener que soportar esa cara. Sonrío a la mujer que, rápidamente, se da cuenta del engaño. Pero yo soy más rápido y más fuerte. Empujo la puerta y entro al piso.
-Por favor, ¡no!-suplica la mujer que corre por el pasillo.
-No puedes esconderte, mujer. Me conozco a la perfección cada rincón de esta casa.
La mujer corre hasta el cuarto de baño, está a punto de entrar, pero me abalanzo sobre ella y la detengo.
-Por favor, ¡no!-vuelve a suplicar mientras llora.
-¿Dónde está la familia que vivía aquí?
-No lo sé. Alquilé la casa porque la vi en el anuncio en una inmobiliaria.
-Ya veo… ¿Sabes? El problema es que esta también es mi casa y me dan asco las visitas. Y, si por lo menos estuvieses buena, te podría violar. Pero no me sirves ni para eso.
La inmovilizo en el suelo mientras con una mano me quito el cinturón. Se lo pongo alrededor del cuello y aprieto con todas mis fuerzas. La mujer se tambalea e intenta decir algo, pero el cinturón se lo impide. Siento una agradable sensación que me provoca una erección. El suelo se mancha por la saliva que sale de la boca de la mujer. Aprieto un poco más y me río.
La mujer deja de moverse y yo busco por la casa. Abro cajones y armarios pero no encuentro nada que me indique dónde pueden estar la zorra y el maricón. Entonces se me ocurre alguien que sí puede saberlo. Mi querida cuñada. Una zorra el doble de zorra que la zorra con la que me casé. Una zorra de matrícula. Siempre he pensado que me equivoqué de hermana. Estuvo casada, pero al tipo se lo llevó un cáncer de testículos. Supongo que por no saber usar lo que tenía entre las piernas. Si Dios nos dio ese miembro es para usarlo en condiciones. ¿Para qué si no?
Salgo de la casa, no sin antes coger el juego de llaves de la fea, y me dirijo a casa de mi cuñada. Miro mi reloj y calculo que tiene que estar a punto de volver de recoger a sus hijos del colegio. Un colegio para niños pijos llevado por curas pederastas “por la gracia de Dios”. Me dirijo a la parada del autobús y espero unos diez minutos. Con suerte, cuando yo llegue, ella ya estará dentro. Entonces aparece el autobús, me subo y me siento al fondo mirando a todos los presentes, adolescentes en su mayoría. Chicos y chicas con la cara llena de granos y pesadas mochilas en sus espaldas. Por suerte hay un par de chicas con muy buen aspecto. Quizás necesiten una buena lección. Quizás necesitan que les enseñe cómo funciona de verdad la vida. Y mientras pienso en cómo jugaría con ellas, el autobús llega a su parada. Las chicas se bajan y siento la tentación de ir tras ellas, pero hay algo más importante que tengo que hacer. El autobús se desplaza entre el denso tráfico. El viaje se me hace eterno pero, finalmente, diviso mi parada. Me levanto y pulso el botón de parada. El autobús se va deteniendo, se abre la puerta de atrás y, cuando me dispongo a bajar, un par de adolescentes me empuja para salir antes. Me aguanto las ganas de lanzarlos contra la carretera, aunque habría sido un muy buen espectáculo ver sus cabezas reventadas bajo los neumáticos de un coche.
Bajo y me dirijo al portal indicado. Por suerte, un hombre entra en el edificio con su hijo de la mano y yo entro con ellos. Se dirigen al ascensor, así que opto por las escaleras. No me gusta ir en ascensor con otras personas. Llego al segundo piso y enseguida a la puerta. Por suerte, la puerta está entre abierta sujeta con la cadenilla. Una mala costumbre de mi cuñada para que la casa no se llene del olor de la comida mientras cocina. Meto la mano con sigilo y, con un poco de dificultad, consigo soltar la cadena. Sonrío y entro. Voy en silencio por el largo pasillo hasta llegar a la cocina, donde está ella de espaldas a la puerta frente a una cacerola. La campana extractora está puesta y ella no oye nada. Mejor para mí. Cierro la puerta y avanzo hacia ella despacio. Entonces la agarro por la espalda y ella da una sacudida asustada. Le digo al oído que se calle. Sé que ha reconocido mi voz, porque se relaja.
-Muy bien, zorrita. Me vas a decir dónde se esconde tu querida hermana.
Al principio no responde, así que la zarandeo con fuerza y la golpeo. Entonces confiesa que se ha ido a vivir a otra ciudad. Vuelvo a usar la fuerza para que me de la dirección.
-¿Ves cómo no era tan difícil? Deja que te de las gracias…
La tiro al suelo y le arranco la ropa. Siempre me ha parecido una mujer muy potente y yo he estado cinco años sin sentir el contacto de una mujer. Sólo hombres. Eran un alivio, pero no es lo mismo. Le quito las bragas y la penetro. Había olvidado esa sensación. Quizás ella no lo disfruta, pero yo ahora estoy en el paraíso. Sigo moviéndome hasta que llego al delicioso final.
Me levanto y la miro allí tumbada, llorando, con las piernas aún separadas y los pechos al aire.
-Es hora de que me vaya. Pero antes me tienes que hacer un último favor:-necesito tu coche. No te importa que me lo lleve, ¿verdad?
Ella, sin dejar de llorar, niega con la cabeza. Siento el deseo de violarla de nuevo, pero no puedo perder más tiempo.
-Espero que tus hijos sepan sobrevivir sin ti. No es que me de placer matarte, pero no puedo permitir que avises a tu hermana de que voy a por ella, ni de que llames a la policía. Lo entiendes, ¿verdad?
Cojo un cuchillo, la beso en los labios y se lo clavo en la vagina. Me levanto y me voy mientras ella, con el cuchillo aún en su interior, se desangra.
-No te recomiendo quitártelo... Sólo acelerarías el proceso…
Cojo otro cuchillo y me lo guardo. Me dirijo a su dormitorio y veo el bolso sobre la cama, lo abro y cojo la llave del coche. Salgo de allí y, cuando estoy a punto de llegar a la puerta, veo a uno de mis sobrinos políticos. Le miro y me llevo el dedo índice a los labios. Abro la puerta y me voy.
Llamo al ascensor, entro y me fijo en el botón de la cochera: sólo se activa si meto una llave. Lo hago y el ascensor baja hasta la cochera. Nunca había estado allí, pero sé cuál es el coche que busco. Además, es el único color mostaza allí dentro. Pulso el botón y las luces del coche parpadean como si me saludasen. Entro, coloco el asiento y los espejos a mi gusto y salgo de allí sin ningún cuidado con las columnas: a fin de cuentas no es mi coche…
Recorro algunas calles y enseguida llego a la carretera. El coche tiene GPS, pero a mí eso me parece para maricones. Los verdaderos conductores no necesitan esas gilipolleces. Paro en una gasolinera, hecho lo suficiente para que el coche no me deje tirado y compro un paquete de “Malvoro”. Pago en efectivo y me marcho. Enciendo la radio, muevo el dial hasta que encuentro la cadena de deportes, enciendo un cigarro y me centro en la carretera.
Al cabo de un par de horas llego a mi destino. Le pregunto a un policía local por la calle y me da las indicaciones oportunas. Le doy las gracias y sigo mi camino riéndome. Sigo las indicaciones y llego a la calle. Es zona azul, pero me da igual que me pongan una multa: no seré yo quien la pague. Llamo a un timbre al azar.
-¿Quién es?-pregunta la voz ronca de un hombre.
-Soy el técnico del ascensor. ¿Me puede abrir?
-Sí-dice con un tono bastante cortante. No sé si me ha creído o no, pero el muy idiota ha abierto la puerta. Me dirijo a los buzones y compruebo que, efectivamente, mi cuñada me ha dado la dirección correcta. Sonrío como nunca he sonreído y subo los escalones de dos en dos. Siento una gran emoción en todo mi cuerpo. Busco la puerta y llamo al timbre. Oigo unos pasos que se acercan, así que pongo la mano en la mirilla para prevenir. Por suerte, abren la puerta directamente.
-¿Quién…? ¡Joder!-dice la zorra en cuanto me ve. Intenta cerrar la puerta como trató de hacer la fea que se había colado en mi casa pero, de nuevo, no sirve de nada.
-¡Socorro!-grita ella a todo pulmón. La agarro y la golpeo. Pero ella siempre ha tenido los ovarios bien colocados, se revuelve y me golpea. Se escapa de mi agarre y vuelve a correr sin deja de chillar como una energúmena.
-¡Hija de puta! ¡Vuelve aquí! ¡Te voy a hacer pagar los cinco años que estuve en prisión por tu culpa!
Saco el cuchillo que cogí en la casa de su hermana y corro detrás de ella. Sus gritos me guían por la casa. Entonces escucho un portazo. La muy zorra se ha encerrado en el baño.
-¡Eso no es inteligente, cariño!
Le doy una fuerte parada a la puerta. Luego otra y luego otra. Sé que no tardará en ceder. La oigo chillar y eso me excita. Creo que a ella sí la violaré dos veces. Incluso puede que más de dos. Una última patada y la puerta se abre de un golpe. Ella está metida en la ducha con la escobilla del váter a modo de arma. Absurdo…
Entro despacio en el baño y sonrío.
-¡Fuera! ¡Márchate hijo de puta!
Me vuelvo a reír.
Entonces siento un golpe en la espalda. Me giro y veo al maricón detrás de mí con cuchillo con la punta manchada de sangre.
-¿Por la espalda, maricón? Ni para eso eres un hombre. Levanto el cuchillo y me lanzo contra él como una fiera. Una puñalada en el corazón será apropiada. Para mi sorpresa él me para y consigue desarmarme. Parece que el cachorro ha crecido. Mejor, así será más divertido todo.
Le propino un puñetazo en las costillas. Le duele y afloja el agarre. Pero se lanza sobre mí y me muerte en el la oreja con fuerza. Grito de dolor. Intento quitármelo de encima pero el cabrón está bien agarrado. Tanteo con la mano en busca de su entrepierna, la cojo con la mano y aprieto. Él me suelta con la boca llena de sangre y aúlla. No dejo de apretar. Pero entonces la zorra se echa sobre mí. Me golpea en la cabeza varias veces con un objeto. Duele, pero es soportable. Retrocedo y golpeo con fuerza contra la pared. Ella se lleva todo el impacto. Repito la operación y ella cae. Me giro y la cojo del cuello. Ya la violaré cuando esté muerta. Aprieto y la miro mientras las venas de sus ojos se dilatan. Pero el maricón vuelve a la carga y me propina un fuerte rodillazo en el muslo. Caigo al suelo con la pierna adormecida. Pero no me doy por vencido. Me arrastro y voy a por él. Le agarro del pantalón. Pero entonces él me da un pisotón en la cabeza que me aplasta contra el duro suelo. Luego una patada y luego otra. Yo sigo agarrado a su pantalón. Entonces la zorra se monta sobre mi espalda, me coge la cabeza y me la golpea contra el suelo. Siento que mi nariz se rompe. Un golpe y luego otro. Suelto el pantalón del maricón. La oigo llorar. Siento mi sangre manchando el suelo. Oigo al maricón gritar algo pero no entiendo qué es. Siento que mis fuerzas se desvanecen. Hijos de puta. Por lo menos me llevé por delante a la zorra de mi cuñada, no sin antes cumplir mi deseo de estar dentro de ella. En cuanto a ellos, bueno… Espero que tengan un final horrible… Porque en el más allá les daré su merecido…

jueves, 1 de noviembre de 2018

LA SANTA COMPAÑA


Durante las madrugadas en Galicia tiene lugar una procesión de almas en pena vestidas con túnicas negras con capucha, descalzas y portando una vela encendida. Dicho grupo de almas, que vaga formando dos hileras, recibe el nombre de Santa Compaña y sus apariciones tienen mayor incidencia en la noche de Todos los Santos (del 31 de octubre al 1 de noviembre) y la noche de San Juan (el 24 de junio), pues se dice que son las dos noches más mágicas del año.
Imagen relacionada
Las ánimas de la Santa Compaña son difuntos que pasaron a la otra vida en pecado por lo que deben vagar a modo de penitencia hasta alcanzar su redención. Dichas ánimas caminan emitiendo rezos o cánticos fúnebres tocando una campanilla predominando su aparición en encrucijadas de caminos. A su paso, los perros aúllan con desesperación mientras que los gatos huyen totalmente asustado.

Aunque esta procesión no es visible para los humanos, quienes sólo pueden sentir su presencia por el olor a cera y la repentina neblina, existe la creencia de que algunas personas tienen la capacidad de ver a la Santa Compaña, pues son personas a quienes, de niños, el sacerdote bautizó usando, por error, “óleo de los difuntos” en lugar del “santo crisma”.

La misión de la Santa Compaña es reclamar el alma de alguien que morirá pronto. Quien recibe la visita de esta fúnebre procesión morirá en el plazo de un año. No obstante, otro cometido realizado por la Santa Compaña es reprochar a los vivos graves pecados cometidos obligándoles, en penitencia, a encabezar dicha comitiva.

Encabezando dicha procesión se encuentra un vivo portando una cruz. La persona que encabeza dicha procesión de ánimas puede ser hombre o mujer, en función de si el patrón de la parroquia principal de la aldea por la que vagan es un santo o una santa. Esta persona no recuerda lo ocurrido durante aquella noche, aunque se le podrá reconocer por su extremada delgadez y palidez, palidez que irá en aumento a la vez que su salud se irá debilitando hasta enfermar. Estas personas estarán condenadas a vagar noche tras noche hasta morir al cabo de unos días o hasta que otra persona se cruce con la procesión, por lo que el desafortunado pasará a recibir la cruz y a encabezar la comitiva repitiéndose el mismo proceso. No obstante, es posible librarse de esta carga dibujando un círculo en el suelo, entrar en él con un crucifijo encima y rezar sin escuchar los cánticos de la Santa Compaña.
Tal ha sido durante siglos el temor por la aparición de la Santa Compaña y por la condena a sufrir por quienes accidentalmente se encontrasen con ella que en el Camino de Santiago se colocaron unas cruces o “cruceiros” para proteger a los peregrinos de esta procesión de ánimas.
Por ello, si tienes la mala fortuna de cruzarte con la Santa Compaña, más vale que te protejas si no quieres formar parte de dicha condena.
Resultado de imagen de la santa compaña

miércoles, 31 de octubre de 2018

EXPERIENCIA PARANORMAL I


Mi mejor amigo siempre ha pasado los veranos en una casa de campo. Es una casa de dos plantas con jardín y piscina. Una noche de julio de 2016 estuve en su casa jugando a videojuegos. Al acabar, alrededor de las 2 de la noche, me despedí y me dirigí al coche para regresar a mi casa. Desde la puerta de su casa a la puerta de la valla que rodea el recinto hay un camino empedrado que pasa por delante del jardín y de la piscina. El terreno está iluminado por unas balizas por lo que de noche puedes caminar sin miedo a tropezarte con algún objeto. Pero aquella noche todo fue diferente. Cuando estaba cerca de la puerta de salida sentí un escalofrío que me recorrió toda la espalda y que me hizo sentir muy incómodo. Inconscientemente, miré a la piscina encontrándome con una oscuridad muy densa a pesar de haber cerca un par de balizas y, en medio de la oscuridad, vi algo con la forma de una anciana que me puso los pelos de punta mirándome y sonriendo de forma siniestra y cruel. Nunca había sentido tanto miedo y, sin poder evitarlo, salí corriendo, me metí en el coche, eché el seguro y me fui de allí lo más rápido posible sin atreverme a mirar por el retrovisor por miedo de ver aquella silueta en mitad del camino. Tal fue la tensión que aquello me produjo que esa noche me metí en la cama con muy mal cuerpo y tuve bastantes pesadillas. No obstante, preferí no contarle nada de lo sucedido a mi amigo.

A lo largo del verano volví a la casa de mi amigo, algunas veces solo y otras veces con más amigos. Y en varias ocasiones pude volver a sentir aquella sensación que me hacía sentir incómodo y me obligaba a irme de allí como si algo me robase la energía positiva.

Una noche de agosto de 2017, quedamos algunos amigos para cenar allí. Nos encontrábamos en el jardín hablando mientras se preparaban las pizzas cuando, de repente, una amiga se quedó quieta mirando a un punto cerca de la piscina, concretamente la zona donde yo había divisado aquella figura. Al ver su extraña reacción le preguntamos que qué le sucedía y nos respondió que no se sentía segura allí fuera, que quería pasar a la casa y que le daba igual que la acompañásemos a la casa o no, pero que ella no iba a estar más tiempo allí. Aquello me puso mal cuerpo pues nunca le había hablado a nadie de lo que me había sucedido. Aquella misma noche, aprovechando que los padres de mi amigo no estaban, nos quedamos a dormir allí. En mitad de la noche escuché un fuerte golpe en una de las persianas del piso de abajo y, a continuación, un sepulcral silencio. Me quedé escuchando atentamente mientras mi corazón latía con fuerza. Pensé fingir que no lo había oído, pero uno de mis amigos dijo:-¿Habéis oído eso?-Respondí que sí. Todos habíamos oído aquel golpe pero no sabíamos qué hacer. Entonces pudimos escuchar a su gato maullando desesperado por lo que encendimos todas las luces de la casa y la recorrimos de arriba abajo pensando que se había colado alguien, pero allí no parecía haber nadie aparte de nosotros. Tras tranquilizar al animal, que nos costó bastante tiempo, volvimos al piso de arriba y nos volvimos a meter en nuestras respectivas camas. Pero, de repente, sentí un frío muy incómodo y pude notar aquella misma sensación que cuando vi por primera vez aquella silueta, pero me obligué a no pensar en ello y dormirme.

A la mañana siguiente decidí contarles todo a mis amigos. En ese momento, mi amigo me miró seriamente y me dijo que él también había tenido la sensación de que había alguien más que nos vigilaba, exactamente en el mismo punto que yo. Y él también notó esa repentina bajada de temperatura en la habitación. Pero aquello no quedó ahí, pues confesó que siempre ha sentido que en su terreno hay algo que no debería estar y que siempre le ha causado terror. Además, nos contó algunas cosas extrañas que le habían ocurrido allí a lo largo de su vida y a las que no había sabido dar explicación.

El 31 de octubre de 2017 celebramos la fiesta de Halloween en aquella casa, pues hacerlo en una casa a las afueras crearía mejor ambiente. Pasamos un buen rato sin sentirnos incómodos en ningún momento. No obstante, en un momento dado, el gato se puso algo nervioso como si le incomodase algo, aunque no le dimos importancia. Fue una noche bastante divertida. En un momento dado, una de mis amigas salió de la casa para ir a buscar algo al coche. Al cabo de un rato la oímos llamarnos a gritos, por lo que fuimos corriendo y la encontramos temblando de miedo. Nos dijo que al ir a abrir la puerta de la valla para salir e ir al coche escuchó un ruido y, al darse la vuelta, pudo escuchar una risa cruel en medio de una oscuridad espesa. Estuvimos buscando por la zona pensando que, tal vez, alguien se había colado y pretendía gastarnos una broma por ser la fecha que era, pero no parecía haber nadie más allí. No obstante, teníamos la sensación de que alguien nos vigilaba constantemente. Nos dispusimos a volver a la casa y seguir con la fiesta cuando escuchamos unas pisadas entre unos árboles seguidas de unos golpes que no supimos identificar. Tal fue la tensión que se creó en ese momento que decidimos terminar la fiesta y marcharnos a nuestras casas.

Afortunadamente, desde aquella noche no hemos vuelto a sentir nada extraño allí. No obstante, todos estamos seguros de que haya lo que haya sigue allí esperando el momento para regresar y alimentarse de nuestros miedos.

lunes, 29 de octubre de 2018

RELATO III


Eres un cobarde-le grité a mi hermano pequeño.
-No soy un cobarde. Es sólo que no quiero jugar...
-Es sólo una estúpida tabla con unas estúpidas letras y unos estúpidos números pintados encima. ¿De qué tienes miedo? ¿De la letra O?
Realmente sí estaba asustado, pero no iba a reconocerlo. No delante de mí. Así que volvió a bajar al sótano donde estaba reunida con mis amigos alrededor de un tablero de madera. Cuando le quedaba un escalón, dudó, pero al ver que todos los presentes le miraban sin parpadear, dio el último paso. Ya estaba allí y no había vuelta atrás. Se acercó al círculo y se sentó a mi lado.
Miré a todos los presentes uno a uno, a quienes había convencido para realizar aquella sesión. Desde que nos mudásemos a aquella casa mi hermano y yo habíamos escuchado extraños ruidos en el sótano y quería saber qué demonios sucedía.
-Empecemos-ordené.
A modo de respuesta, uno de los presentes encendió un par de velas y una rama de incienso y apagó la luz del sótano. La oscuridad, ligeramente iluminada por la luz de las dos velas, nos envolvió. Puse el dedo índice sobre el vaso que estaba bocabajo en el centro del tablero y los demás hicieron lo mismo. Miramos a mi hermano que, tras tragar saliva, nos imitó.
Cerré los ojos, tomé aire y realicé la primera pregunta:-¿Hay alguien aquí?
Los segundos pasaron sin que ocurriese nada, así que volví a repetir la pregunta varias veces. Nada. El vaso seguía en su lugar. Lo único que se movía eran las llamas de las velas que bailaban deformando nuestras sombras.
-Menudo timo... Esto es una chorrada-dijo una chica.
-Sí... Mejor lo dejamos...-respondió mi hermano con el temor claramente reflejado en su voz.
Justo cuando nos disponíamos a abandonar el “juego”, un extraño olor apareció en el sótano ocultando bruscamente el olor del incienso. No era el olor de las tuberías. No era el olor de la humedad de las paredes. No era ningún olor que hubiese olido antes en aquel sótano. Pero no fue lo único que cambió allí, pues la llama de las velas comenzó a agitarse más, como si hubiese una pequeña corriente cerca. Pude notar la tensión en el ambiente, pues nadie se atrevía a respirar o a pestañear. En el fondo no quería hacerlo, pero repetí la pregunta:-¿Hay alguien aquí?
Automáticamente, como si hubiese una especie de imán, el vaso se movió hacia una esquina en la que aparecía “Sí”.
-¿Cómo te llamas?
El vaso volvió a moverse: I-R-E-N-E
-Irene, ¿cómo moriste?
El vaso no se movió.
-Irene, ¡cómo moriste!
Y el vaso se negó a moverse una vez más.
Volví a abrir la boca para realizar una nueva pregunta, pero uno de mis amigos se adelantó y dijo:-Esto es un rollo. Seguro que era una furcia que murió de sífilis-y quitó el dedo del vaso.
-¡Qué haces! ¡No!-grité.
En el momento en el que el chico dejó de tocar el vaso, este se llenó con un extraño humo oscuro y él se desplomó en el suelo, las velas se apagaron y la puerta del sótano se cerró de golpe.
-Un mechero. ¡Rápido!-gritó una chica.
Pude escuchar en la oscuridad el sonido de la piedra del mechero hasta que, finalmente, se encendió para compartir su llama con las velas. El chico estaba convulsionando en el suelo. Quise gritar. Quise correr. Quise pedir ayuda, pero no podíamos soltar el vaso.
Entonces, sin previo aviso, el chico comenzó a flotar en el aire con los ojos en blanco y la boca cubierta de espuma. El vaso salió despedido y se estrelló contra una pared. El tablero se partió por la mitad. Todos gritamos. El chico cayó al suelo y comenzó a convulsionar de nuevo hasta que se detuvo.
Todos nos quedamos en absoluto silencio. De pronto, comenzó a hablar con voz de mujer. Pero no era una voz normal, era una voz cavernosa.
-Estúpidos idiotas, habéis roto mi descanso eterno. Habéis interrumpido la paz que en vida no tuve. ¡Por ello ahora no habrá ni paz ni descanso para vosotros!
Todo pasó muy rápido. El chico, poseído por el enloquecido espíritu de aquella desgraciada mujer, se abalanzó sobre uno de los allí presentes y le mordió la yugular con una fuerza sobrehumana. No tuvo tiempo de intentar defenderse. Ni si quiera tuvo tiempo de gritar. Antes de que pudiésemos reaccionar, había muerto.
El chico. No. La bestia desenfrenada en la que se había convertido cogió un trozo de cristal del vaso roto y se lanzó contra su mejor amigo. Le clavó el cristal en la cara repetidas veces haciéndole dolorosos cortes. Le arrancó los ojos y se los comió.
Mi hermano salió corriendo, pero la puerta estaba cerrada. Luchó con el picaporte, pero no era capaz de abrirla. La golpeó. Gritó. Tiró con todas sus fuerzas del picaporte. Nada.
Se giró sólo para ver cómo el chico poseído se abalanzaba como un animal sobre él y le tiraba escaleras abajo. Le cogió, le arrastró y le situó justo delante de mí. Nunca podré olvidar la cara de horror de mi hermano. Y nunca podré olvidar su mirada llena de lágrimas y su voz culpándome justo antes de que esa bestia le rompiese el cuello. El sonido resonó en mi cabeza una y otra vez. Me quedé completamente en shock. Me tiré del pelo. Me arañé la cara y chillé. Chillé como nunca. Y mientras yo estaba allí comportándome como una histérica, mis amigos morían uno a uno hasta que sólo quedamos él y yo. Me miró fijamente y pude oler su putrefacto aliento. Entonces pude ver que en sus muñecas aparecían roces producidos por una soga, como si hubiese estado maniatado durante mucho tiempo. Por su rostro aparecieron diversos moratones como si le hubiesen golpeado. Y, de repente, apareció el fuego. No sé explicar de dónde surgió, pero el que había sido mi amigo comenzó a arder. El calor fue insoportable. El hedor de la carne quemada no fue mejor. Pero, sin duda alguna, lo peor fue el chillido de dolor de mi amigo. Pude escuchar su voz suplicando que le ayudase. Pero no era lo único que escuchaba, pues la risa de una mujer resonaba por el sótano con cada vez más fuerza hasta que él murió y el fuego se extinguió de golpe. Me horrorizó la expresión que había quedado en su cara.
Entonces la vi. Una sombra en la pared. Una sombra muy alargada que me causaba pavor. Las velas se apagaron sumiéndome en la oscuridad. En ese momento noté una corriente de aire frío y nauseabundo que me atravesaba. Sentí un fuerte dolor como si me hubiesen atravesado con un cuchillo. La puerta del sótano se abrió y la luz se encendió sola. Y yo me quedé allí durante horas hasta que llegaron mis padres.
Me encontraron allí sentada con la mirada perdida, encontraron todos los cadáveres y el tablero de la ouija justo en medio de aquel caos.
Había sido mía la idea de realizar una sesión de ouija con unos amigos y con mi hermano. Mi pobre hermano… Fue culpa mía que muriese.
Tarde tiempo en volver a la realidad, tardé tiempo en salir de mi enajenación mental.
Tal era mi cabezonería y mi interés por lo sobrenatural que pensé que realizar una ouija era una gran idea para comunicarme con el ente que, antes que nosotros, vivía en aquella casa. Y aquel fue el resultado de mi magnífica idea: mis amigos muertos, mi hermano muerto, y un portal que había quedado totalmente abierto. Y yo sabía que esa maldita mujer, Irene, se había metido dentro de mí. Sólo era cuestión de tiempo que me poseyese del todo. No lo podía permitir.
Por suerte, he encontrado una solución para deshacerme de ella, para dejar de culparme por todo, para dejar de sufrir. Por ello me encuentro de nuevo en el sótano de mi casa. Noto como el nudo se va acercando a mi nuca y la soga apretando mi cuello cada vez más. Miro el lugar en el que realicé aquella estúpida sesión de espiritismo. Es lógico que lo que allí empezó allí termine. Sonrío y me muevo. El taburete en el que estoy se cae y me quedo suspendida en el aire. Duele. Pero sólo será un momento. Pronto poder descansar en paz. Si Irene me lo permite...

domingo, 21 de octubre de 2018

EL MONASTERIO DEL DIABLO

Situado en un cerro a pocos kilómetros de Carmona (Sevilla) se encuentran los restos de un monasterio que se construyó en 1620 para una congregación de monjes. Este lugar, con el tiempo, se convirtió en un internado donde los novicios se iniciaban en ese estilo de vida.
Los monjes cultivaron una huerta con la que abastecían sus necesidades aunque, a pesar de situar el pozo cerca de un acueducto subterráneo, sufrían la carencia del agua y ello le producía severos problemas de sustentación.

Durante la Guerra Civil, tal era el hambre que pasaban estos monjes, que durante la noche se colaban en las fincas cercanas para robar comida. Este acto fue descubierto finalmente y, los monjes, denunciados. Por ello, el monasterio fue cerrado y los frailes repartidos por otros monasterios. De esta forma, el edificio quedó completamente abandonado.

Pero este monasterio creó su propia leyenda. Según esta historia, una noche un fraile se levantó una noche hambriento, por lo que se dirigió a la despensa donde colgaban la carne de grandes ganchos. Al llegar allí, vio a otros frailes muertos, colgados de dichos ganchos y, al fondo de la sala, el Diablo que, declarándose autor de aquella masacre, ordenó a aquel fraile contarle a todo el mundo lo que en el convento había sucedido. Actualmente, es posible encontrar esos ganchos en la alacena del edificio. Esta leyenda hizo que el lugar pasase a ser conocido como “El monasterio del Diablo”. No obstante, hay quien cree firmemente que la verdad oculta tras la leyenda es que fue este fraile el que asesinó de forma cruel y despiadada a sus compañeros.

En una ocasión, la empresa turística “Adarve” organizó una ruta nocturna al convento para explicar su historia y su leyenda.
Tal fue la intriga y el misterio que envuelven ese lugar, que acudió a esa visita nocturna un gran número de espectadores. Los turistas fotografiaron todo lo que se encontraba a su alrededor y, para su sorpresa, en varias fotografías aparecían pequeños orbes.

Este hecho despertó el interés de la gente por visitar este lugar. Hay diferentes testimonios que cuentan que dentro del edificio las linternas comienzan a fallar, y que recorriendo sus oscuros pasillos han podido oír lamentos o voces entonando un canto gregoriano, además de sombras y bruscos descensos de la temperatura. Diferentes personas han realizado psicofonías en las que se han captado voces que ordenaba a los visitantes que se marchasen. Además, hay quien asegura haber captado siluetas de monjes o la cabeza de una cabra al tomar fotografías del interior del lugar.

Quizás debido a la leyenda y al nombre que recibió a partir de ella, diferentes grupos satánicos se han reunido en el monasterio abandonado para realizar rituales de magia negra y practicar la ouija. Es, por ello, posible encontrar estrellas de cinco puntas pintadas en las paredes, restos de animales usados para el sacrifico o velas negras.

El monasterio de Carmona es un lugar que encierra una tragedia cuyas víctimas han quedado atrapadas entre sus muros obligadas a vagar eternamente.

lunes, 15 de octubre de 2018

CASA ENCANTADA DE TOLEDO



Cerca de la plaza de San Lucas, en Toledo, se ubicaba esta casa que, entre 1985 y 1989, hizo vivir a un matrimonio las experiencias más espeluznantes de sus vidas. El matrimonio, destinado en Toledo, buscaba una casa en el casco antiguo, casa que pudieron encontrar cumpliendo su sueño.

Pero, desde el momento en el que empezaron a vivir en dicha casa comenzaron a sentir que no estaban solos, que había alguien más en la casa a quien no podían ver, una sensación constante que no parecía desaparecer.

En una ocasión, la mujer se encontraba planchando en una habitación en la que hacía más frío, y pudo notar cómo alguien la observaba, por lo que se giró esperando encontrar a alguien, pero allí no había nadie. Siguió con su labor cuando volvió a notar esa sensación y, de repente, alguien le movió el pelo por detrás de la oreja. Tal fue el susto que se llevó la mujer que salió corriendo de la casa incapaz de volver a entrar sola.

En otra ocasión, en la casa apareció un fuerte olor a podrido sin motivo alguno. El matrimonio buscó por toda la casa el origen de ese mal olor sin saber qué podía, y pensando que podía tratarse de la basura o de las tuberías, hasta que encontraron que un punto de la escalera era la fuente de tal mal olor. Pero, de repente, el hedor, desapareció de golpe sin dejar rastro, lo que les resultó muy extraño e inexplicable.

Una noche, el matrimonio se acababa de acostar cuando se dieron cuenta de que la luz del pasillo estaba encendida, por lo que el marido se levantó y la apagó. En ese momento, se encendió la luz de otra estancia, y el hombre la apagó para encontrar que se había encendido una nueva luz. Tras repetir esta operación, el hombre, enfadado, bajó al sótano y, tras quitar los plomos, regresó al dormitorio. En ese momento, se encendieron todas las luces de la casa con tal intensidad que les dañó las retinas.

La pareja estuvo una temporada en la casa de unos amigos mientras se recuperaban del daño producido en las retinas. En aquel momento, comenzaron a pensar en mudarse de la casa en la que vivían, pues aquella situación resultaba absolutamente insoportable.
No obstante, antes de mudarse a otro lugar, sucedió algo que horrorizó a la mujer. El hombre, como habituaba a hacer, dejó una nota a su mujer en una mesa firmada como "tu ratoncito". Cuando la mujer llegó a la casa y encontró la nota vio que, para su asombro, había un ratón momificado en el papel, concretamente encima de la firma. Aquello fue algo que no supieron explicar.
Tras varios años sin dar testimonio de estos sucesos
, cuando estaban viviendo en otro lugar, el matrimonio decidió contactar con el "Grupo Hepta", quienes son expertos en la temática paranormal, y quienes realizaron una serie de psicofonías en la antigua casa. En una de esas psicofonías, se podía escuchar a unas mujeres gritando "cerdos, asesinos, fascistas". Tras escuchar dicha psicofonía, investigaron y descubrieron que en esa casa vivía un grupo de mujeres republicanas y que el bando fascista fusiló al hijo de una de ellas. Además, descubrieron que este joven fue fusilado de espaldas. Esto podría explicar que su espíritu, al no ser consciente de que había muerto, regresó a la casa donde permaneció durante años.

Tras la marcha de la pareja de esta casa, el inmueble fue abandonado. No obstante, sirvió temporalmente de alojamiento a unos okupas aunque, por razones que se desconocen, se marcharon rápidamente sin que se les volviese a ver en la zona.

Algunos años más tarde, la casa fue derribada debido a su mal estado. Actualmente, hay en su lugar unas viviendas, aunque sus habitantes aseguran no haber vivido ningún suceso paranormal. No obstante, en la planta baja hay una oficina del INE en la que, algunos empleados aseguran sentir una extraña fuerza que les repele en un punto concreto del edificio, justo donde se realizó aquella psicofonía.

sábado, 6 de octubre de 2018

EL FANTASMA DE LA BIBLIOTECA MIGUEL DE CERVANTES DE EL VISO DEL ALCOR


El Viso del Alcor (Sevilla) es un tranquilo municipio donde se encuentra la Biblioteca Miguel de Cervantes.
Es en este lugar donde en agosto de 2013 unas amigas acuden a estudiar una noche, tras pedir previamente la llave del edificio a la Policía Local. Al llegar, una de las chicas decide tomar una fotografía para anunciar por las redes sociales que tenían la sala de la biblioteca preparada para pasar la noche estudiando. En dicha foto se pueden ver varias golosinas y los apuntes. Pero en dicha imagen también se puede ver una silueta masculina que no correspondía a nadie que se encontrase en dicha sala pues no había nadie más en la biblioteca aquella noche.
Resultado de imagen de biblioteca miguel de cervantes el laberinto de las animas
No obstante, este no es el único suceso extraño que ha tenido lugar en la biblioteca pues tiempo antes de ser tomada dicha fotografía algunos estudiantes pudieron escuchar pasos a pesar de no haber nadie más allí, ver siluetas por los pasillos, sentir voces o escuchar golpes en los cristales. Además, comienzan a sentir tensión en el ambiente por lo que, al sentirse incómodos, deciden marcharse de allí. Del mismo modo, en diversas ocasiones la policía ha acudido a la biblioteca al denunciar los estudiantes que se había colado alguien en el edificio para, finalmente, descubrir que allí no había nadie más.

Un joven declaró que una noche acudió a estudiar aprovechando que iba a estar sólo y no le iba a molestar nadie. Por tal motivo, el chico pidió la llave de la biblioteca. En un momento dado, encontrándose allí, el chico decide salir a tomar el aire dejando su material de estudio en la mesa y cerrando la puerta con llave. Al volver, según su testimonio, dicho material estaba colocado de una forma diferente a la que él lo había dejado siendo imposible que nadie hubiese entrado allí. Tras este suceso, el joven recogió sus cosas y se marchó. Asegura, además, que no ha sido capaz de volver a la biblioteca por miedo.

Del mismo modo, en agosto de 2012, un año antes de que la fotografía fuese tomada, una chica que se encontraba allí estudiando comenzó a escuchar fuertes golpes en la puerta inferior por lo que, asustada, llamó a unos amigos para que fuesen a buscarla porque era incapaz de moverse de su sitio por el miedo.

Diferentes personas han intentado buscar una explicación a estos sucesos y, la más sonada, explica que un hombre se ahorcó cerca de la biblioteca, lo cual explicaría dichos fenómenos. No obstante, no ha sido posible confirmar que dicho suicidio se cometiese realmente.

El programa de investigación paranormal “Zona Oculta” dedicó un par de programas a este caso en el que investigaron el origen de dichos sucesos inexplicables tratando de encontrar su origen.
Zona Oculta


Los investigadores aseguran haber pasado miedo durante la investigación. Además, comenzaron a sentir frío a pesar de ser verano y de que el aire acondicionado estaba apagado.
Uno de los miembros del equipo, Javier Lobato, realizó una prueba en la que, quedándose solo en la sala donde se tomó la fotografía y con la única compañía de una cámara, una grabadora, un termómetro y tres velas que iluminaban la sala, trató de contactar con la identidad que merodea por la biblioteca.
Es durante esta investigación cuando el investigador comienza a sentir que alguien le observa y a sentir una fuerte presión en la cabeza que le incomoda. Además, en momentos puntuales la llama de alguna de las velas se movía de forma extraña a pesar de no haber ningún tipo de corriente en la sala. A parte de eso, mientras Javier Lobato realizaba diferentes preguntas, se pudieron captar golpes en la sala. Así mismo, el investigador asegura que pudo escuchar en varios momentos pasos subiendo la escalera cuando, realmente, nadie estaba allí, así como el descenso de la temperatura, que se reflejó en el termómetro.

Tras la investigación el equipo de Zona Oculta no pudo llegar a una conclusión clara aunque están seguros de que la biblioteca Miguel de Cervantes tiene mucho más que ofrecer y que el ente que pasea por sus pasillos les hará regresar al Viso del Alcor.