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08 marzo 2025

DAR TRES VUELTAS AL CEMENTERIO

Los cementerios son esos silenciosos y lúgubres lugares en los que reposan los restos de los fallecidos, que muchos evitan pisar por respeto o temor, que otros visitan para honrar a sus difuntos o por los que otros pasean atraídos por la curiosidad y la singular belleza que las lápidas pueden proporcionar.


En muchas localidades, especialmente en el País Vasco, existen ciertas supersticiones que se sobre dar vueltas alrededor de los cementerios. Dicha superstición se convirtió en prohibición con el objetivo de proteger a la gente, siendo especialmente severa en fechas señaladas, como el Día de Todos los Santos, o durante la noche.

El motivo, según las tradiciones que han pasado de generación en generación, es que dar tres vueltas o más a un cementerio podría generar una alteración de las energías de la zona, perturbando así el descanso de los difuntos.

Hay quien asegura que, tras haber realizado estas vueltas, ya sea por desconocimiento o por osadía, ha tenido encuentros desagradables como la aparición de fuegos fatuos que parecían ser una advertencia, bruscos cambios de temperatura, extrañas sensaciones en el ambiente o sombras que se desplazaban entre las lápidas. Incluso hay quien asegura haber escuchado una lúgubre voz que le invitaba a marcharse o haber sentido alguna mano fantasmagórica agarrar alguna de sus extremidades o sentir algún tirón en el cabello.

Aunque algunas creencias van más allá, pues se rumorea que si se realiza este ritual, al finalizar la tercera vuelta quien aparecería en el camposanto sería el mismísimo diablo para llevarse al alma de quien osó realizar esa práctica.

Por muchos es sabido que estas localidades del norte de España eran habitadas por brujas. Y se creía que ellas realizaban este ritual con el objetivo de mostrarse poderosas ante los espíritus de los muertos y hacer saber a la población que no temían a la Muerte.

Sin embargo, al parecer si estas vueltas se realizan llevando una rama de laurel en la mano, no ocurriría nada pues el laurel actuaría como un amuleto protector evitando así el movimiento de malas energías.

Hoy día, esta prohibición parece seguir vigente en algunos de estos cementerios y la tradición ha pasado de generación en generación. No obstante, esta prohibición no parece ser suficiente para alejar a todos los curiosos que, buscando pasar un buen rato y poner a prueba sus límites, se atreven a acudir al cementerio de su localidad y dar tres vueltas.

24 enero 2025

EL VIEJO CEMENTERIO DE "EL CALVARIO" DE PORZUNA

Porzuna es una localidad de Ciudad Real, ubicada en la comarca de los Montes, que cuenta con alrededor de 3530 habitantes.


Durante la mal llamada “Gripe Española”, y especialmente durante su tercer brote en 1919, Porzuna fue una localidad que sufrió bastante las consecuencias de esta epidemia a pesar de no ser un lugar muy poblado y tampoco de tránsito de viajeros, pues siempre ha sido conocida por ser una localidad más bien aislada que contaba con suficientes recursos como para autoabastecerse.

Debido a este alto número de fallecidos en tan poco tiempo, los entierros se produjeron de forma abrupta, a poca profundidad  en un lugar conocido como “El Calvario”, formando una especie de fosa común pues no podían permitirse dedicar tiempo a realizar muchas tumbas individuales.


Décadas más tarde, se construyó el cementerio municipal en otro lugar de la localidad y sobre este mismo lugar, donde los restos de los fallecidos por la fiebre española descansaban, se construyó un colegio. Hoy día, algunos de los adultos que fueron a aquel colegio, aseguran que por la noche era habitual ver unas extrañas luces desplazándose con lentitud en el patio del colegio que se identificaron como fuegos fatuos producidos por los restos que a tan poca profundidad se encontraban, llegando a asustar a muchos de los testigos de este fenómeno. Incluso hay quien asegura haber sentido extrañas sensaciones en sus alrededores cuando el colegio se encontraba vacío, como extraños descensos de temperatura o llegar a ver sombras cruzando aquel patio de recreo a pesar de no haber nadie en su interior.

Durante aquella época, se prohibió a los niños hacer cualquier juego de excavación. No obstante, no todos los niños hacían caso a aquella norma llegando, durante sus juegos de recreo, a desenterrar restos humanos de los fallecidos en aquel lugar.

Actualmente, el colegio se encuentra en otra zona del pueblo (irónicamente, bastante cerca del actual cementerio), aunque se desconocen fenómenos extraños que hayan podido ocurrir allí más allá de las cientos de anécdotas que los alumnos viven en el centro educativo cada día.

En cuanto a "El Calvario", hoy día es un parque y los restos de los fallecidos se terminaron trasladando al actual cementerio municipal, aunque hay quien dice que tal traslado no se hizo y que siguen en aquel lugar. En cualquier caso, no se ha reportado ningún caso extraño que deba preocupar a sus transeúntes ni nadie ha sido testigo recientemente de sombras o luces durante la noche.

24 noviembre 2024

EL CEMENTERIO DE LOS INGLESES DE DENIA

Denia es una ciudad costera alicantina, y capital de la comarca de la Marina Alta, famosa por sus playas, convirtiéndose en un lugar que recibe mucho turismo, especialmente en la temporada estival.


Y, aunque el principal atractivo turístico de esta localidad son sus playas, en esta ocasión vamos a poner el foco en un lugar atrapado entre la maleza a merced del tiempo: El cementerio de los ingleses.



Ubicado junto a la playa de Marineta Cassiana, a mediados del siglo XIX se inauguró este cementerio. En esta época, el comercio de la uva pasa estaba con Inglaterra estaba en auga, lo que hizo que muchos británicos dedicados al comercio se asentasen en Denia formando una pequeña colonia. No obstante, era una época de epidemias, como el cólera, con una corta esperanza de vida, sumado a los temporales marítimos, por lo que muchos fallecían allí sin poder regresar a su país. Debido a sus diferencias religiosas, estos británicos no podían ser enterrados en cementerios católicos, por lo que se construyó uno para ellos. Este cementerio estuvo funcionando hasta inicios del siglo XX cuando ya no quedaron ingleses en Denia, por lo que dejó de ser funcional.

Entre las distintas tumbas destaca la del pequeño Reginald Rankin, fallecido con sólo un año de edad y en cuyo homenaje se levantó un monolito en el centro del cementerio datado de 1865. En este monolito hay un texto del poeta John Dos Passos que dice “How fine to die in Denia (Qué bueno morir en Denia)”.


Actualmente, no hay cuerpos enterrados allí pues todos fueron trasladados por sus familiares a Gran Bretaña, quienes temían que aquellas tumbas fuesen profanadas, y las lápidas, auténticas obras de arte, se abandonaron estando ahora ocultas entre la maleza que salvajemente se ha apoderado de aquel lugar. Aunque las historias y rumores no han abandonado el lugar pues hay quien asegura que aún pueden verse los espíritus de quienes allí fueron enterrados paseando entre las abandonadas y deterioradas lápidas.

Además, cerca de allí tuvo lugar en 1799 un naufragio sufrido por la fragata española “Guadalupe”, que se encontraba huyendo de varios buques ingleses en medio de un temporal quedando encallada en unas rocas cerca de la costa y que terminó con 40 desaparecidos y 107 fallecidos, que fueron enterrados en la costa. Según las leyendas, todavía puede escucharse el lamento de los marineros fallecidos. Incluso se rumorea que durante las noches de luna llena se puede ver unas siluetas vestidas con ropa de marinero de otra época, como si estuviesen esperando a un barco en el que subirse.

De esta forma, el cementerio de los ingleses y la costa en la que se ubica se ha convertido en un lugar con cierto atractivo para quienes buscan entrar en contacto con el mundo paranormal o, simplemente, para quienes quieren ser testigos de los ecos del pasado.

10 noviembre 2024

EL CEMENTERIO DE SAN JOSÉ DE CÁDIZ

En Cádiz se encontraba el cementerio de San José, un camposanto construido en el siglo XIX hasta  que fue cerrado en 2001 y los cuerpos trasladados al cementerio de Chiclana.


Este cementerio es conocido por los fenómenos paranormales que han ocurrido entre sus lápidas de los que distintos empleados han sido testigos.

Uno de ellos, Alfonso Cozar, vigilante del cementerio durante muchos años, afirma haber sido testigo de varios sucesos:

En una ocasión, tras el cierre del cementerio, el  vigilante se encontraba en la caseta del guarda viendo la tele cuando, al alzar la vista, vio a un joven con camisa de marinero y vaqueros haciendo gestos. El guardia, pensando que era alguien que se había quedado encerrado en el cementerio y que le hacía señas para que le abriese la puerta, se acercó a él. En ese momento, el joven se desvaneció justo enfrente de una tumba donde había una foto de un muchacho idéntico a esa entidad.

En otra ocasión, a este guardia una fuerza invisible le golpeó en la espalda haciéndole caer. Pensaba que alguien le había agredido, pero allí no había nadie a quien pudiese ver. Además, algunos objetos de la caseta del guarda comenzaron a moverse solos, como si a alguna entidad del cementerio le molestase su presencia allí.

Alfonso también asegura que en una ocasión escuchó una  voz en susurros que le llamaba, y reconoció la voz de un primo suyo que había fallecido y que estaba allí enterrado. El guardia fue a la tumba de su primo y descubrió que, una escalera que había estado buscando todo el día, se encontraba a pies del nicho de su primo.

La última experiencia que este vigilante cuenta es que en el cementerio existe una capilla adornada con un gran Cristo crucificado. Alfonso asegura que en alguna ocasión ha visto llorar a ese Cristo así como ver manar sangre de la hendidura del costado.

Otra conocida aparición es la de Don Rosendo, un conocido hombre al que le gustaba ayudar a sus vecinos y que falleció el 19 de julio de 1879. Según cuentan distintos testigos, tanto empleados como visitantes del cementerio, han podido ver una figura con ropa de época paseando por los distintos pasillos del cementerio. Todos coinciden en que se trataría de Don Rosendo que, cada día, sale a pasear como si no fuese consciente de su fallecimiento.

Actualmente, el cementerio está cerrado pues dejó de funcionar activamente a partir de 1992 y sus puertas se cerraron en el año 2001. La mayoría de los cuerpos han sido trasladados al cementerio de la Mancomunada de Chiclana, pues en su lugar se proyectó la construcción de un parque que se espera esté terminado para el próximo año 2025.


En cuanto a las ánimas que vagaban por el cementerio, se desconoce si se trasladarán junto a sus cuerpos o si se quedarán en el lugar donde originalmente fueron sepultados.

18 agosto 2023

MORO, EL PERRO DE LOS ENTIERROS DE FERNÁN NÚÑEZ

Fernán Núñez es un municipio cordobés de algo menos de 10.000 habitantes en el que es posible encontrar vestigios de sus distintas épocas a lo largo de la historia.

Pero hay otro motivo por el que Fernán Núñez ha llamado la atención de las personas interesadas o atraídas por el ámbito paranormal y es la historia de un perro llamado Moro que llegó al pueblo en los años 70.

Por muchos es sabido que los animales poseen unos sentidos más desarrollados que las personas, lo que les permite sentir alteraciones en el entorno que para nosotros son imperceptibles. En más de una ocasión, los animales han reusado entrar en lugares con fama de embrujados, como si su sexto sentido les alertase de que allí se encuentra algo que no debería estar.

En el caso de Moro, su sexto sentido parecía indicarle cuándo un vecino de Fernán Núñez iba a fallecer.


No se sabe con certeza cómo llegó Moro, un perro callejero de color negro, al pueblo. Se cuenta que unos camioneros lo abandonaron en un bar de carretera, aunque otra versión narra que el perro apareció a pies de un olivo junto al cadáver de un vagabundo, de quién se dice que fue su dueño.

Al principio los vecinos de la localidad no le prestaron mayor atención, pues al verle veían un perro callejero más. Pero, poco a poco, Moro comenzó a mostrar una conducta llamativa y es que en momentos puntuales, acostumbraba a detenerse durante horas en las puertas de las casas. Siempre que Moro lo hacía, en esa vivienda fallecía una persona. Pero aquello no era lo más llamativo, pues el perro acompañaba al cortejo fúnebre hasta el cementerio, como si se tratase de un asistente más en el entierro.


Tal fue lo llamativo de esta actitud, que distintos medios tantos nacionales como internacionales se hicieron eco de ese hecho.

Lo cierto es que Moro dividió al pueblo. Por un lado, algunos le daban comida y le caricias agradeciendo su compañía. Pero, por otro lado, le temían por ser el “mensajero de la Muerte”, así que cuando le veían cerca de alguna casa le echaban, pensando que de esa forma evitarían alguna muerte.

Durante una década el animal estuvo realizando ese ritual, avisando de la muerte a los vecinos de Fernán Núñez y acompañando al cuerpo hasta el cementerio. Se cuenta que llegó a acudir a más de 600 entierros. Pero su destino llegó a un trágico final cuando en el año 1983 un grupo de jóvenes le dio una brutal paliza a Moro. Se desconoce si movidos por la superstición, o únicamente como parte de una pesada y desgraciada gamberrada.

Una mujer del pueblo que le tenía un especial cariño al perro, de nombre Carmen, escuchó los aullidos y lamentos del animal, por lo que acudió al origen del sonido. La mujer, que se rumorea que fue la que le puse el nombre al animal, estuvo con Moro hasta que falleció por sus heridas.

Moro fue enterrado en un lugar llamado “Las Huertas Perdidas”. Algo llamativo es que junto a la tumba había un muro que se derrumbó aparentemente solo sobre la tumba del animal forma una especie de mausoleo casual, lo que atrajo incluso más la atención de la gente.

Años después, en 1995, como forma de mostrar el cariño de los habitantes de Fernán Núñez por Moro, “el perro de los entierros”, se levantó una estatua en el Parque de las Fuentes por el escultor local Juan Polo para que Moro estuviese de forma permanente cuidando y vigilando a los habitantes de Fernán Núñez.



Además, el autor local Francisco Manuel Espejo Jiménez escribió recientemente un cuento ilustrado con la historia y leyenda de Moro, para que nunca caiga en el olvido.


Aunque temido por su instinto sobrenatural, Moro fue un perro muy querido que ahora forma parte de la historia de Fernán Núñez.

25 enero 2020

EL CEMENTERIO DE DOMEÑO

Domeño es un municipio ubicado en el interior de Valencia que fue derribado en 1979, debido a la construcción del Embalse de Loriguilla, por lo que la población se trasladó a otro lugar, recibiendo este el nombre de “Viejo Domeño” y, el núcleo urbano que se formó tras el traslado de los habitantes, “Nuevo Domeño”.




Tras el abandono del antiguo pueblo, por unos y otros motivos, actualmente sólo quedan en pie las ruinas de un castillo de origen musulmán, algunas casas viejas y el cementerio. No obstante, el cementerio se encuentra aparentemente vacío pues, a excepción de unas pocas tumbas, todos los difuntos allí sepultados fueron trasladados a Nuevo Domeño. No obstante, a raíz de dicho traslado, comenzaron a suceder cosas extrañas, quizás por el hecho de haber movido los cuerpos de quienes allí se encontraban descansando eternamente.


Entre los fenómenos paranormales que se han desarrollado en dicho cementerio, destacan la percepción de sonidos que nadie sabe de dónde procede, la aparición repentina de olores (tanto agradables como desagradables), bruscas bajadas de temperatura, o voces que no parecen proceder de una persona viva.

Por ello, son muchos los que se han atrevido a realizar psicofonías, muchas sin éxito, y otras con la suerte de haber podido captar palabras o frases.

Además, tanto en el cementerio como en la iglesia, se han realizado rituales satánicos. Y en el cementerio se llegaron a profanar aquellas tumbas que no fueron trasladadas.


Quizás no sea un lugar realmente activo, pero sí es un lugar que atrae la atención por la extraña tranquilidad que envuelve a quien pisa dicho camposanto.

07 noviembre 2019

LA CRIPTA DE LOS GÁLVEZ


En el municipio de Macharaviaya (Málaga) se encuentra la Cripta de los Gálvez. Un panteón familiar construido en 1785, situado bajo la iglesia de San Jacinto. Esta familia ilustre, procedente de Córdoba, se instaló en el siglo XV en el pueblo de Macharaviaya, convirtiéndose en mecenas del lugar.
A principios de los años 90, comenzaron las obras de restauración de la cripta para mejorar su aspecto de cara a los turistas que acuden a visitar tan emblemático lugar. Una tarde, cuando se acercaba el anochecer, un par de obreros sevillanos que trabajaban en las obras, aseguran haber visto varias siluetas caminando por la zona del altar de la cripta hasta desaparecer atravesando el muro. Tras ese suceso, los dos obreros regresaron a Sevilla prometiéndose no volver a pisar aquella cripta.

El origen de estas apariciones surgió en el siglo XIX a raíz de una promesa incumplida por los habitantes del pueblo. Al parecer, cuando la familia Gálvez llego a Macharaviaya, pidió a los ciudadanos que, a cambio de aportar dinero a la población, estos debían realizar misas tras su fallecimiento en la cripta el día después de la festividad de Todos los Santos y todos los viernes del año, pidiendo por las almas de quienes allí se encontraban sepultados. No obstante, con el paso de los años, las nuevas generaciones fueron olvidando aquella promesa, hasta incumplirla por completo. Esa promesa rota habría hecho que las almas de los Gálvez comenzasen a vagar por la cripta.
Tratando de averiguar la veracidad de los hechos, un grupo de parapsicólogos acudió a la cripta, donde realizó una sesión de espiritismo, pudiendo contactar con un espíritu que aseguraba estar sepultado en uno de los nichos de la cripta, pidiéndoles que se marchasen. Los parapsicólogos se negaron a dejar el mausoleo y, a modo de respuesta, todas las luces del lugar se apagaron de golpe. Además, se realizaron algunas psicofonías en las que se captaron voces hablando en castellano antiguo.
Otro suceso interesante está relacionado con el de la lápida de una joven que, al parecer, murió en 1920, con tan solo 21 años, en esa misma cripta durante su boda. Son muchos los testigos que aseguran haber visto una imagen espectral llevando un vestido de novia, vagando por los escalones del altar.
Además, existe una leyenda que cuenta que, bajo la cripta se encuentra enterrado el tesoro de los Gálvez, siendo el lugar más probable el marcado con la huella de una cruz rodeada por la huella de monedas. No obstante, nadie ha tenido el valor de comprobarlo por miedo a desatar fenómenos paranormales más potentes.

Todos estos sucesos han convertido la cripta de los Gálvez en un lugar interesante para quienes quieren encontrarse con el mundo paranormal.

16 octubre 2019

CEMENTERIO DE SAN MIGUEL

En Málaga se encuentra el Cementerio de San Miguel, considerado uno de los principales cementerios histórico-monumentales de España. Se construyó a principios del siglo XIX y, enseguida, una gran cantidad de aristócratas de la época comenzaron a construir panteones monumentales de acuerdo con el estilo arquitectónico que se desarrolló durante el romanticismo.
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Tal es la importancia y majestuosidad de dicho camposanto, que el 11 de febrero de 2015 formó a pasar parte del Patrimonio Histórico Andaluz. Además, en 1952 se rodaron algunas escenas del largometraje de Edgar Neville “Duende y misterio del flamenco”. De igual forma, en la novela “Viaje al centro de la Tierra” de Julio Verne, dicho cementerio es nombrado.
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Pero este cementerio, más allá de su importancia histórica y arquitectónica, ha cobrado fama por extraños sucesos paranormales que se desarrollan entre sus muros. Diferentes testigos hablan de apariciones fantasmales, voces en medio de la noche, interferencias en los teléfonos al pasar cerca del cementerio, linternas que fallan, luces y golpes de procedencia desconocida, y siniestras siluetas que vagan entre las tumbas y mausoleos.
Entre uno de los sucesos inexplicables más destacados se encuentra uno que ocurrió el 4 de mayo de 2005. Ese día, un grupo de seguidores de la escritora estadounidense Jane Bowles, fallecida en Málaga el 4 de mayo de 1973, se reunió enfrente de la tumba de la mujer para encender velas y colocar flores.
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Entonces, las personas que había allí reunidas se percataron de que, entre ellos, se encontraba una mujer vestida de luto que no formaba parte del grupo, mirando fijamente a la tumba. Al fijarse en sus rasgos, la mujer se parecía al retrato que había de la escritora grabado en su lápida. Cuando intentaron comunicarse con ella, para tratar de averiguar de quién se trataba, la mujer se alejó de allí, desapareciendo entre unos mausoleos. Según contaron algunos testigos, no era la primera vez que aquella mujer, al parecer el espíritu de la escritora, aparece allí cuando se conmemora el aniversario de su muerte.

No obstante, quizás, los testigos más importantes son los guardias de seguridad del cementerio.

Uno de ellos relata que llegó a la garita del cementerio esperando a que sus compañeros terminasen el turno para poder comenzar el suyo. Al hacerlo, llamó a su esposa por teléfono, como siempre hacía, para decirle que había llegado sin problema al trabajo. Entonces, mientras el guardia hablaba con su esposa, pudo escuchar a través del teléfono una voz masculina que decía palabras sin sentido. A continuación, la llamada se cortó, dando lugar la característico sonido producido por las interferencias, y escuchó aquella voz masculina diciendo “¡Dentro te espero!”. Finalmente, volvió a escuchar ese sonido de interferencia y, después, la voz de su mujer diciendo que se había cortado la llamada durante unos segundos. Aquello, le provocó una gran carga psicológica, por lo que terminó solicitando el cambio de turno, pues no se atrevía a vigilar el cementerio de noche tras el extraño suceso.

Otro de los vigilantes asegura que, tanto él como su compañero de servicio, han escuchado durante muchas noches pasos en medio de la oscuridad, así como murmullos, no siendo capaces de encontrar a nadie en el cementerio.

Además, algunos testigos explican que en varias ocasiones han podido escuchar cómo una losa caía al suelo rompiéndose, sin ser capaces de encontrar ninguna losa rota en el cementerio.

Otro guardia explica que una anciana le contó en una ocasión cómo, mientras rezaba en la capilla del cementerio, empezó a escuchar pasos cerca de ella, a pesar de encontrarse sola, hasta que uno de los bancos más próximos al altar se movió sol, como si alguien a quien ella no podía ver, lo hubiese movido.

Otro de los casos más conocidos en el cementerio fue vivido por José Fernández, el encargado de la capilla. En noviembre de 1985, el hombre pasó algunas noches en la capilla, pues su casa se encontraba en reformas. Una madrugada, decidió salir al exterior para rezar. Cuando se encontraba sumido en una de sus oraciones, pudo escuchar la voz de un niño gritar “¡Mamá, mamá!”. Sorprendido, el hombre siguió el sonido de la voz hasta llegar a un niño en el que se encontraba enterrado un niño que falleció a causa de la leucemia. Cuando el hombre contó a sus conocidos lo ocurrido, poco a poco el rumor se extendió entre los vecinos, quienes empezaron a dejar caramelos en el nicho, como un presente para el niño que había allí enterrado. Sorprendentemente, se llegaron a encontrar envoltorios de caramelo completamente vacíos, o con el caramelo con la marca de unos pequeños dientes. Además, algunos testigos aseguran haber visto la silueta de un niño correr entre las tumbas del cementerio.

Por todos estos motivos, el cementerio de San Miguel se ha convertido en un lugar que recibe una gran cantidad de visitas de quienes aman la historia y la cultura, y de quienes sienten especial interés por lo inexplicable.
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08 julio 2019

EL CEMENTERIO DE ANIMALES DE TORRELLES DE LLOBREGAT


En Torrelles de Llobregat (Barcelona) se encuentra un cementerio que acoge los restos de alrededor de 1500 animales.
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Dicho cementerio se encuentra en un bosque en el medio de un valle. No obstante, desde hace siglos dicho bosque fue elegido por diversas personas para enterrar a sus mascotas, o animales de granja en el caso de los campesinos, al resultarles un paraje hermoso que les permitía devolver a sus queridos animales a la naturaleza. Pero en 1972, dicho bosque se convirtió de forma oficial en un cementerio de animales, aumentando de esa forma el número de animales allí enterrados.
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No obstante, al parecer en el lugar es posible escuchar ladridos, así como extraños aullidos o gemidos, así como ver pequeñas sombras con forma de gatos o perros que se mueven entre las tumbas o brumas azuladas que emergen de las tumbas de los animales.

Muchos han sido los testigos de tales fenómenos paranormales, lo que les ha hecho huir del lugar por temor a ser atacados por algún animal salvaje. Además, varios científicos han acudido al cementerio tratando de encontrar una explicación a tales aullidos sin sacar nada en claro.

Un testigo explica que una noche, saliendo del cementerio, su chaqueta se quedó enganchada a algo invisible, como si un animal estuviese tirando de él. Tal fue el miedo que el hombre sintió, que sin atreverse a darse la vuelta, se quitó la chaqueta y salió corriendo. Al día siguiente, regresó a por su chaqueta encontrándola en el camino del cementerio con unos pequeños orificios. El hombre miró alrededor pensando que quizás se había enganchado con una rama, pero allí no había da con lo que se pudiese haber enganchado.
Además, algunas personas que acuden al cementerio para visitarlo, atraídos por la curiosidad de ver un cementerio de animales, pudieron notar como si un perro o un gato les pasase entre las piernas. Un testimonio explica que llegó a sentir la lengua áspera de un gato rozándole el tobillo.

Según algunos investigadores de lo paranormal, tras la muerte de los animales, conservan energía astral, principalmente los animales que, al estar en contacto con personas, han absorbido energía astral de sus dueños. De esta forma, dichas apariciones se producirían hasta que dicha energía astral se agota.

El cementerio de animales de Torrelles de Llobrega se ha convertido en un lugar que recibe muchas visitas, tanto por encontrarse allí los restos de sus mascotas, como por haber despertado la curiosidad de muchas personas, ya sea por la rareza que supone ver un cementerio de animales, como por los fenómenos paranormales que allí se desarrollan.
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