sábado, 8 de marzo de 2025

DAR TRES VUELTAS AL CEMENTERIO

Los cementerios son esos silenciosos y lúgubres lugares en los que reposan los restos de los fallecidos, que muchos evitan pisar por respeto o temor, que otros visitan para honrar a sus difuntos o por los que otros pasean atraídos por la curiosidad y la singular belleza que las lápidas pueden proporcionar.


En muchas localidades, especialmente en el País Vasco, existen ciertas supersticiones que se sobre dar vueltas alrededor de los cementerios. Dicha superstición se convirtió en prohibición con el objetivo de proteger a la gente, siendo especialmente severa en fechas señaladas, como el Día de Todos los Santos, o durante la noche.

El motivo, según las tradiciones que han pasado de generación en generación, es que dar tres vueltas o más a un cementerio podría generar una alteración de las energías de la zona, perturbando así el descanso de los difuntos.

Hay quien asegura que, tras haber realizado estas vueltas, ya sea por desconocimiento o por osadía, ha tenido encuentros desagradables como la aparición de fuegos fatuos que parecían ser una advertencia, bruscos cambios de temperatura, extrañas sensaciones en el ambiente o sombras que se desplazaban entre las lápidas. Incluso hay quien asegura haber escuchado una lúgubre voz que le invitaba a marcharse o haber sentido alguna mano fantasmagórica agarrar alguna de sus extremidades o sentir algún tirón en el cabello.

Aunque algunas creencias van más allá, pues se rumorea que si se realiza este ritual, al finalizar la tercera vuelta quien aparecería en el camposanto sería el mismísimo diablo para llevarse al alma de quien osó realizar esa práctica.

Por muchos es sabido que estas localidades del norte de España eran habitadas por brujas. Y se creía que ellas realizaban este ritual con el objetivo de mostrarse poderosas ante los espíritus de los muertos y hacer saber a la población que no temían a la Muerte.

Sin embargo, al parecer si estas vueltas se realizan llevando una rama de laurel en la mano, no ocurriría nada pues el laurel actuaría como un amuleto protector evitando así el movimiento de malas energías.

Hoy día, esta prohibición parece seguir vigente en algunos de estos cementerios y la tradición ha pasado de generación en generación. No obstante, esta prohibición no parece ser suficiente para alejar a todos los curiosos que, buscando pasar un buen rato y poner a prueba sus límites, se atreven a acudir al cementerio de su localidad y dar tres vueltas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario