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08 mayo 2018

EL EXORCISMO DE ANNELIESE MICHEL


El 21 de septiembre de 1952 nace en Leiblfing (Alemania) Anneliese Michel.
Anneliese tuvo una infancia normal, siendo educada en la religión católica desde niña. Pero su vida dio un inesperado giro cuando en 1969, teniendo 17 años, la joven comenzó a sufrir temblores y a perder el control de su cuerpo. Por ello, sus padres la llevaron al médico donde se le diagnosticó epilepsia, motivo por el que permaneció internada en el hospital psiquiátrico de Würzburg. Tras su ingreso, cayó en una profunda depresión.
Durante su estancia en el hospital psiquiátrico, su salud no mejoró a pesar de los diferentes tratamientos que recibía, por lo que su frustración aumentaba a la vez que empeoraba su depresión. En ese momento de debilidad emocional, durante el que Anneliese se intentó suicidar, comenzó a ver imágenes diabólicas mientras rezaba y a oír voces que la amenazaban con que “se achicharraría en el infierno”. Pero no fue la única conducta extraña, pues comenzó a mostrar intolerancia a los símbolos religiosos como los crucifijos o las imágenes de la Virgen. Por ello, fue tratada de esquizofrenia, pero tampoco se mostró ningún tipo de mejoría.

En ese momento, Anneliese y sus padres pensaron que lo que le sucedía no sería curado por la medicina, pues estaban convencidos de que había sido poseída por un demonio. Por ello, en 1973 Anneliese abandonó el hospital psiquiátrico y los padres acudieron a la parroquia local para que los sacerdotes realizasen un exorcismo, pero la petición fue rechaza por falta de pruebas que confirmasen que realmente estaba poseída.

A partir de entonces, la actitud de la joven fue empeorando: se escondía debajo de la mesa, ladraba como un perro, comía arañas, le arrancó la cabeza de un mordisco a un pájaro muerto, lamía su propia orina del suelo, gritaba durante horas, arañaba las paredes de su cuarto, mordía las patas de la cama, destrozándose así los dientes, y se le paralizaba el cuerpo perdiendo el conocimiento a continuación.

En 1975, el párroco Ernst Alt consiguió el permiso de las autoridades eclesiásticas para realizar el exorcismo. Se realizaron un total de 67 sesiones, en las que se grabó todo lo sucedido, siendo el Vaticano actualmente el propietario de estas cintas. Durante las diferentes sesiones, que se alargaron durante todo el año, la que joven estaba atada a la cama por los violentos movimientos que realizaba,  aunque en varias ocasiones logró soltarse de las ataduras.
En una ocasión, Anneliese manifestó estar poseída por varios demonios diferentes: Lucifer, Caín, Judas Iscariote, Nerón y Hitler. En algunas de las grabaciones se puede escuchar la voz de varios hombres hablando, sin pertenecer ninguna a los dos sacerdotes o al padre de la joven.

Sorprendentemente, estas sesiones consiguieron que el estado de Anneliese mejorase, permitiéndole volver a la escuela y a la iglesia.

Pero en los primeros meses de 1976 volvió a empeorar. Pidió a sus compañeros de clase que no se acercasen a ella, pues estaba poseída. Por tal motivo, tomándola por una persona demente, se quedó aislada. Además, comenzó a atacar a los miembros de su familia y a autolesionarse. Se destrozó las rodillas en ataques de genuflexión compulsiva. Dejó de comer, pues decía que los demonios no se lo permitían, por lo que perdió una gran cantidad de peso desarrollando problemas estomacales. El 30 de junio de 1976, durante la que fue la última sesión de exorcismo, pidió a los sacerdotes que le absolviesen por todos sus pecados y le dijo a su madre con lágrimas en los ojos: “Madre, tengo miedo”. De alguna manera, la joven sabía que no pasaría de aquella noche.

Anneliese murió el 1 de julio de 1976, a la edad de 23 años. Cuando se realizó la autopsia se descubrieron signos de desnutrición y deshidratación, además de daño físico por la tensión durante los rituales, por lo que sus padres y los dos sacerdotes que realizaron el exorcismo fueron acusados de homicidio negligente.

La joven fue enterrada, aunque hubo quien pensó que su cuerpo no podría encontrar la paz al haber muerto estando poseída, por lo que su cadáver fue exhumado once años después para comprobar que se había descompuesto y que lo había hecho con normalidad. A pesar de haberse comprobado estos dos factores, actualmente algunas personas se reúnen en su tumba para rezar, pensando que la joven murió enfrentándose contra los demonios que ella decía que la habían poseído.
Tal fue la atención mediática que obtuvo el caso que se rodó una película basada en su historia llamada “El exorcismo de Emily Rose”.

06 marzo 2018

EL CASO VALLECAS


El número 8 de la calle Luís Marín de Vallecas fue durante 18 años la residencia familiar de Estefanía Gutiérrez Lázaro.
La joven despertó una gran curiosidad por el mundo paranormal, por lo que realizó sesiones de espiritismo en diferentes ocasiones. Tal era su conocimiento sobre el tema que cuando tenía 16 años decidió hacer una ouija con sus amigas, pues una de ellas quería contactar con su novio, que había fallecido recientemente en un accidente de moto.
Estefanía y sus amigas se reunieron en los baños del instituto y comenzaron con la sesión de ouija. Durante el "juego", el vaso se llenó de un extraño humo negro y dentro. Pero, en mitad de la sesión de espiritismo, una profesora las pilló. Tal fue el enfado de la maestra  que, al coger de forma brusca el tablero el vaso se rompió. En ese momento, Estefanía aspiró ese extraño humo que momentos antes había estado dentro del vaso, aunque aquello no pareció tener consecuencias.

Desgraciadamente, durante los meses posteriores Estefanía comenzó a sufrir extrañas convulsiones y a tener visiones de figuras famélicas y muy alargadas que rodeaban su cama, llamándola e invitándola a ir con ella. Además, en ocasiones hablaba con una voz grave que no era la suya y amenazaba a sus familiares. A partir de esos acontecimientos, la actitud de la joven con los demás cambió, pues se había vuelto fría y distante, por lo que recurrió a diferentes profesionales como psiquiatras o médicos sin obtener ningún resultado, pues no se pudieron diagnosticar enfermedades físicas o psíquicas.

El 13 de julio de 1991 la actitud de la joven cambió de forma inesperada e inexplicable, pues se abalanzó con agresividad sobre una de sus dos hermanas con intención de dañarla. Afortunadamente, su hermana pudo esquivar el ataque. Tras este acto, Estefanía se desplomó en el suelo inconsciente expulsando espuma por la boca. Finalmente, la joven recuperó la consciencia, aunque no recordaba absolutamente nada de lo que acababa de suceder. Las horas pasaron con normalidad, pero por la noche volvió a sufrir un ataque que hizo que cayese inconsciente de espaldas sobre la cama. Desgraciadamente, no recuperó la consciencia y fue ingresada en el hospital Gregorio Marañón, donde falleció a las 2 de la madrugada del 14 de julio a la edad de 18 años. Los médicos que la atendieron decretaron que el motivo de la muerte fue asfixia pulmonar, aunque dicha muerte les resultó sospechosa, pues no fueron capaces de encontrar el motivo a aquellos extraños ataques que había sufrido.

Los meses pasaron y la madre de Estefanía montó un pequeño altar con una foto de su hija, un lugar en el que poder ver el rostro de la joven y poder rezar.
Pero la pesadilla sólo acababa de comenzar, pues diferentes fenómenos inexplicables comenzaron a desarrollarse en el hogar aumentando la intensidad. Dichos fenómenos comenzaron con objetos que se desplazaban solos, vasos que se rompían, puertas que se abrían y cerraban, y sombras que recorrían las paredes.

Posteriormente, podían escuchar la voz de Estefanía llamando a gritos a su madre, algo que no era posible. Otras veces, encontraban la cama de la joven totalmente revuelta, lo que helaba la sangre de la familia de Estefanía. Y, cuando estos inexplicables sucesos tenían lugar, en las paredes retumbaban las crueles carcajadas de un anciano. La madre de Estefanía estaba totalmente convencida de que se trataba de su padre, fallecido cinco meses antes que su hija, quien antes de morir prometió hacerles la vida imposible pues les despreciaba a todos, especialmente a Estefanía.

La familia decidió enharinar el suelo, sólo para encontrar las huellas del calzado de un hombre. Colocaron hilos entre las puertas de la casa, encontrándolos arrancados cuando regresaban a la vivienda. Una noche la mujer se encontraba en su cama cuando notó que alguien, una presencia gélida, le tocaba las manos, por lo que, pensando que se había colado alguien en la casa, decidieron colocar una alarma. Dicha alarma llegó a sonar, sin que se encontrase nadie en la casa familiar.

Pero durante la noche el 1 de noviembre de 1992 tuvo lugar uno de los peores sucesos, pues la fotografía que la madre de Estefanía había colocado en el altar comenzó a arder de forma repentina, sin dañar el marco o el cristal que la adornaban.
Los acontecimientos siguieron desarrollándose hasta que el 27 de noviembre de 1992, las hermanas de Estefanía, que compartían cuarto, vivieron un espeluznante episodio de madrugada. Se despertaron al oír un lamento y, al abrir los ojos, pudieron ver que una silueta masculina, de cara lisa y negra se arrastraba por la habitación, mientras sus muñecas eran lanzadas contra la pared. Los padres se despertaron al escuchar los gritos de sus hijas, por lo que acudieron para ver lo que les sucedía, encontraron la habitación totalmente desordenada y sus hijas encogidas en un rincón, absolutamente muertas de miedo. Ante tal terrorífico suceso, el padre llamó desesperado a la policía, por lo que el inspector José Negri acudió rápidamente al domicilio acompañado de cinco agentes intrigados por el extraño aviso que habían recibido.
Además, se intrigaron más aún al encontrar a toda la familia en el portal. Cuando les preguntaron qué hacían todos allí, pues era una noche bastante fría, el padre respondió que una sombra negra y alta estaba rondando la casa, por lo que los policías se miraron extrañados y decidieron subir a la casa para comprobar qué sucedía.

En el momento en el que los policías acceden al comedor, las puertas de un mueble comenzaron a abrirse y cerrarse violentamente, por lo que cuatro de los agentes se negaron a quedarse allí y bajaron al portal. En cuanto al inspector y al otro agente de policía, siguieron al padre a la habitación de matrimonio para mostrarles una figura de Jesucristo que había sido arrancada del crucifijo y un póster que tenía el arañazo de lo que parecían ser tres garras. Mientras contemplaban asombrados la habitación, un fuerte ruido en la terraza les alertó, por lo que corrieron hacia allí sin poder aclarar qué había originado aquel estruendo.

Intentando tranquilizarse, los dos policías se fijaron en la mesa donde se encontraba el teléfono, pues pudieron apreciar una extraña mancha marrón que identificaron como babas, aunque desconocían quién o qué las había producido.

El inspector entró al baño, pues la familia afirmaba que era uno de los lugares donde más sucesos ocurrían, y pudo sentir un frío como nunca antes había sentido, un frío que le incomodaba como si hubiese alguien allí a quien él no pudiese ver.

Dichos sucesos fueron reflejados en el informe policial.
Tal fue la importancia del caso Vallecas por lo extraños que resultaban tales sucesos que apareció en diferentes medios de comunicación, algo que sigue sucediendo actualmente.


Los días pasaron y la familia, desesperada por no saber qué hacer, vendió la casa y se trasladó a un nuevo hogar. En ese nuevo hogar siguieron ocurriendo algunos fenómenos paranormales. El equipo del programa “Cuarto Milenio” entrevistó al matrimonio en su nuevo hogar. Cuando revisaron la grabación, pudieron escuchar unas extrañas voces que lanzaban amenazas. Afortunadamente, dichos fenómenos fueron perdiendo intensidad de forma progresiva hasta desaparecer. En cuanto a los nuevos inquilinos del antiguo hogar de Estefanía, no han sido testigos de extraños sucesos.

El Caso Vallecas se cerró sin que nadie pudiese explicar qué había desatado aquellos fenómenos o por qué se detuvieron, pero se convirtió en uno de los sucesos que ha atraído a más investigadores del mundo paranormal y que sigue siendo comentado por aquellas personas interesadas en el hechos sobrenaturales. Tal fue la repercusión mediática, que en el año 2017 se realizó una película basada en este caso llamada "Verónica".
Afortunadamente, el ente que produjese todos aquellos sucesos parece haber abandonado nuestro mundo para, con suerte, no volver.