En la provincia de Albacete se encuentra Chinchilla de Montearagón, una localidad de unos 4614 habitantes. En el cerro de San Blas de dicha localidad se alza un importante castillo, declarado Bien de Interés Cultural.
La historia de este castillo es amplia, pues ha visto distintas culturas pasar, destruir y reconstruir: romanos, godos, árabes, cristianos… Su última remodelación se produjo durante el siglo XV por orden de Juan Pacheco, I marqués de Villena.
Durante mucho tiempo, el castillo fue usado como prisión, llegando a albergar a importantes presos como a César Borja, hijo del Papa Alejandro VI. Y en su interior se tramaron algunas intrigas, tretas y traiciones.
Aparte de ser usado como prisión, esta fortaleza también cumplió el papel de cuartel durante la Guerra de Sucesión y durante la Guerra de Independencia por parte de las tropas de Napoleón.
Pero, sin duda, su parte más cruda como prisión se produjo a finales del siglo XIX, cuando en el interior de las murallas se construyó un edificio penal.
En esta época, los presos convivían en condiciones inhumanas (palizas, falta de agua, suciedad...) Esto hizo que la prisión se cerrase en 1925 para volver a abrirse 5 años más tarde. Durante la Guerra Civil, se utilizó como prisión de presos franquistas. Acabada la guerra, sirvió como prisión para presos republicanos. En ambos casos, las condiciones en las que se trataba a los presos eran brutales llegando a morir muchos de ellos en su interior.
En 1946, los presos provocaron un incendio por el que los presos fueron trasladados a otro lugar y esta prisión cerró, siendo el edificio demolido en 1973 para recuperar su aspecto original de castillo.
Debido a su amplia historia y, especialmente a su última época como cárcel, este castillo ha llamado la atención de muchos curiosos dispuestos a hacer una investigación paranormal, aunque las actividades extrañas en su interior no son relevantes. Tras recorrer distintas estancias realizando grabaciones, se captaron varias psicofonías en las que se podían escuchar extraños lamentos, voces de alguien sufriendo e incluso gritos.
Además, estos investigadores comentan que en algunas zonas pudieron notar cierto descenso de la temperatura o la sensación de que alguien hostil les vigilaba. Incluso en algún momento puntual se pudo captar alguna especie de orbe al tomar alguna fotografía.
De esta forma, aunque de forma tenue, el castillo de Chinchilla de Montearagón ha tomado también importancia en el ámbito de lo misterioso, como si la sólida piedra de sus muros hubiese conseguido atrapar y retener el sufrimiento de los presos que allí hubo para que en el presente no olvidemos lo que en su interior se padeció.
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