En el año 2024, una joven pareja se fue a vivir al que sería su nuevo hogar ubicado en la sevillana calle Regina. Pero, lo que parecía que iba a ser un hogar de ensueño, poco a poco se fue convirtiendo en una pesadilla.
Al inicio, la pareja comenzó a escuchar de forma puntual pequeños pasos que recorrían el pasillo por las noches, como si un niño corriese por él. No obstante, lo relacionaban con el eco que pudiese provenir del piso de algún vecino que tuviesen niños pequeños o incluso mascotas. Pero, poco a poco, estos pasos ganaron intensidad y ocurrían con mayor frecuencia, haciéndoles entender que no los producía ningún vecino.
Conforme estos eventos
fueron cobrando fuerza, comenzaron a notar cómo unas manos pequeñas tiraban suavemente
de la sábana, como si alguien tratase de desarropar a la pareja durante la
noche mientras dormían, y una sensación que sentían y compartían ambos.
Durante una noche de
septiembre, la pareja fue testigo de algo que les aterró bastante, pues se
encontraban viendo la tele en el salón cuando escucharon cómo la manilla de la
puerta se movía despacio para, a continuación, ver que la puerta se abría por
completo. Asustados, decidieron cerrar la puerta mientras pensaban que quizás
no se había quedado bien cerrada y que alguna corriente la había abierto. Pero
aquello no quedó ahí, pues la puerta se volvió a abrir nuevamente y, además,
pudieron ver durante unos instantes el rostro de un niño asomándose al interior
del salón, antes de desaparecer en la oscuridad del pasillo.
Este suceso supuso un punto
de inflexión para la pareja, que decidió contactar con un grupo de
investigadores paranormales que les ayudase a poner fin a esa situación.
Tras realizar las
pertinentes pruebas para su investigación, pudieron registrar cambios de
temperatura, especialmente en el pasillo. Además, una de las psicofonías
grabadas reveló una voz infantil que decía “mamá”, “conmigo” o “ven aquí”.
También fueron testigos de algunos fallos eléctricos como algunas bombillas que
parpadeaban o que ciertos aparatos electrónicos puntualmente se activaban y
desactivaban solos.
La investigación concretó
que la entidad que moraba en la vivienda se trataba de un niño que falleció de
forma ciertamente repentina, quizás debido a alguna enfermedad, y que aún busca
el consuelo, aferrándose a las dos figuras adultas que comenzaron a vivir en
ese lugar.
Tras conocer el resultado de
la investigación, la pareja decidió mudarse a otro lugar en el que puedan estar
tranquilos y no tener que lidiar con la presencia de una entidad infantil que
aún no ha logrado encontrar el camino al otro lado.