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20 marzo 2026

LAS BRUJAS DE BARAHONA

En la provincia de Soria se encuentra Barahona, una localidad de apenas 17 habitantes.


Esta tranquilidad localidad fue anteriormente conocida por haber albergado entre sus vecinos a un importante número de brujas, un hecho que fue recogido por la Santa Inquisición a inicios del siglo XVI.

Al parecer, en este lugar al caer las noches de luna llena, algunas mujeres que fueron denunciadas por practicar brujería, se reunían en un prado del Campo de Barahona para encender fogatas y realizar aquelarres en los que invocaban al demonio y a otros demonios y espíritus malignos menores con los que bailaban, mantenían relaciones sexuales y cuya energía usaban para general el mal entre sus vecinos.

Según las denuncias que recogió el Santo Tribunal, hubo reportes de cosechas echadas a perder, de extrañas enfermedades en algunos vecinos, de desaparición o muerte de ganado o de mujeres fértiles que dejaron de estarlo, e incluso la desaparición y muerte de niños. Debido a estas denuncias, varias vecinas de Barahona fueron procesadas y juzgadas por practicar brujería.

Además, debido a que en estos aquelarres participaron brujas, no solo de la zona, sino también levantinas y aragonesas, se creía que estas brujas acudían a estas reuniones volando en sus escobas, lo que explicaría que pudiesen recorrer la distancia que las separaba en tan poco tiempo.

También es interesante la presencia de una roca con un agujero en cuya parte superior se encuentra una cruz grabada. Según se cuenta, las brujas introducían la cabeza en el agujero para confesar sus pecados.


Estos sucesos han sido recopilados en varios libros, haciendo que las brujas de Barahona no caigan en el olvido.

25 octubre 2025

LAS BRUJAS DE HONDARRIBIA

Hondarribia es una localidad costera situada en la provincia de Guipúzcoa con una población de casi 17000 habitantes y limítrofe con Francia. El significado del nombre de este lugar parece significar “el vado de la arena”.


Algo curioso de este municipio es que sus habitantes suelen recibir el apodo de “vikingos”, pues existe la teoría de son herederos de antiguos vikingos que llegaron a la zona. No obstante, durante años este apodo se usaba de forma algo despectiva, aunque actualmente parece estar ganando cierta popularidad entre la población más joven.

Un motivo por el que esta localidad es conocida desde el punto de vista esotérico se debe a la presencia de brujas que dio lugar a un importante proceso judicial en 1611.

Según quedó reflejado en documentos oficiales, varias mujeres (entre las que resaltan los nombres de María de Illarra, Inesa de Gaxen, María de Echagaray y María de Garro) fueron acusadas de brujería tras haber recibido las autoridades la denuncia por parte de distintas niñas de la localidad.


Según sus testimonios, varias mujeres (entre las que se encontraban mujeres vascas y francesas) se reunían en lugares apartados para practicar aquelarres en los que invocaban al demonio y embrujaban animales para enloquecerlos y que atacasen a las personas o que dejasen de producir leche o huevos para perjudicar así a sus vecinos y sembrar el caos en la localidad. Incluso se llegó a acusar a las brujas de contaminar el agua para que los pescadores no pudiesen obtener ninguna presa.

Dado que las testigos eran unas muchachas menores de edad, la población quedó incluso más conmocionada porque no podían existir falsas acusaciones por envidias, quedando por delante que la inocencia de las niñas las llevaba a decir toda la verdad. Incluso se empezó a comentar que estas niñas eran conocedoras de estas reuniones de brujas porque habían sido hechizadas para participar en oscuros rituales.

Una a una, las niñas comentaron lo que habían vivido. Aunque tuvieron lugar en lugares y momentos diferentes, todas sus historias coincidían en que en algún momento se habían topado con una de esas mujeres y que ellas les habían ofrecido algún presente. Tras aceptarlo, esa misma noche, las brujas habían entrado en las casas de las niñas, las habían raptado y las habían llevado a distintos importantes ermitas de la zona (Santa Bárbara, San Felipe o San Telmo). Enfrente de cada ermita, las brujas habían encendido una gran hoguera alrededor de la cual reían y bailaban. Las niñas aseguran que junto a la hoguera se encontraba Satanás con forma de macho cabrío y que obligó a las niñas a renunciar a su creencia en Jesucristo. Además, las menores aseguraron que las brujas se acercaban al demonio y mantenían relaciones sexuales con él.

Aunque cada niña había sido raptada en momentos diferentes y llevadas a lugares distintos, sus historias coincidían, así como las mujeres a las que pudieron identificar y acusar de brujería pues, fuesen o no las responsables de sus raptos, sí que participaban en esas oscuras reuniones.

Tras el juicio, las niñas recibieron unas reliquias para que las protegieran de las fuerzas del mal y las acusadas fueron detenidas y llevadas al castillo de San Telmo.


Tras un largo proceso, las mujeres finalmente cedieron a la presión y al agotamiento y confesaron ser brujas frente al arcipreste Gabriel de Avendaño. Además, se descubrió que aquellas mujeres de origen francés, llegaron a la localidad huyendo del país vecino por haber sido también acusadas de brujería. Como castigo por realizar prácticas prohibidas, todos los bienes de estas mujeres fueron confiscados y ellas fueron desterradas de Hondarribia para evitar que volviesen a causar el mal entre sus vecinos.

Debido a la importancia que tuvo este suceso, hoy día se han llegado a realizar actuaciones y representaciones sobre lo ocurrido en las que los vecinos participan decorando las calles y disfrazándose. Pero nunca se sabe si entre las máscaras y disfraces se puede encontrar alguna bruja de verdad, aprovechando la multitud para pasar desapercibida y poder actuar sin levantar sospechas.

13 agosto 2025

LAS BRUJAS DE MONTILLA

Montilla es una localidad cordobesa de 22859 habitantes. Este lugar pasó  a ser conocido debido a que Miguel de Cervantes reflejó en su obra “El coloquio de los perros” los sucesos que vivieron un grupo de mujeres que allí vivieron apodadas “Las Camachas”, acusadas de practicar brujería y hechicería. El motivo de este apodo es que su abuelo era propietario de un mesón llamado “El Camacho”.

Según se comentaba, las brujas conocían distintos hechizos con los que podían ayudar o perjudicar a los vecinos. Al parecer, lo más común es que usasen sus oraciones para volver estériles a las mujeres e impotentes a los hombres, lo que hizo que muchos se volviesen en su contra y terminasen denunciándolas a un tribunal de la Inquisición.

Entre las “Camachas”, destacaba Leonor Rodríguez, a la que consideraban la más poderosa de todas las brujas de Montilla. Su castigo ante el Tribunal de la Inquisición fue recibir cien azotes en Córdoba y otros tantos en Montillo, así como quedar desterrada durante una década de su ciudad natal.

Pero esto, en lugar de servir como un castigo ejemplar, atrajo a más brujas a la localidad, convirtiendo Montilla en una especie de lugar de encuentro para las brujerías. Muchas de estas mujeres también fueron acusadas por la Inquisición por distintos motivos: volar, llenar el ayuntamiento de demonios, poseer familiares, invocación de seres malignos, adivinación, realizar conjuros para practicar la curandería o dar falsos bálsamos que en verdad eran veneno.

Tal era la frecuencia con que aparecían brujas en Montilla, que se llegaron a encausar a 45 mujeres por practicar brujería entre 1500 y 1800 y, aunque el número no pueda ser elevado para la cantidad de años, sí es una cifra importante teniendo en cuenta que se produjeron en una misma pequeña localidad.

Actualmente es posible visitar en la calle padre Miguel Molina la casa en la que vivieron las “Camachas”, las primeras brujas que habitaron en Montilla y que lo iniciaron todo. Es por ello que esta antigua vivienda del siglo XVI se ha vuelto una atracción turística para todos los interesados en historias y leyendas de brujerías.


Además, esta casa se utilizó en 2007 para rodar algunas escenas de la película “Brujas” de Pilar Távora.


30 noviembre 2022

LAS BRUJAS DE DAIMIEL

En la provincia de Ciudad Real se encuentra Daimiel, una localidad de unos 17770 habitantes bien conocida por el humedal del parque nacional de las Tablas de Daimiel. Pero también es conocido como “el pueblo de las brujas”.



Al parecer, quizás por su ubicación cerca de las Tablas de Daimiel, o encontrarse en la zona volcánica del Campo de Calatrava, Daimiel ha sido un pueblo en el que han vivido una gran cantidad de mujeres consideradas brujas que han pasado sus conocimientos de generación en generación. Mujeres que utilizaban amuletos y talismanes tales como ramas de romero para mantener alejados a los malos espíritus y que buscaban más el beneficio de sus vecinos que sembrar el infortunio entre ellos, aunque siempre de forma incomprendida para los ojos más temerosos.

Y es que, aunque en Daimiel no hubo ningún condenado a la hoguera por herejía, la Inquisición llegó a colgar 37 sambenitos. Además, la aparición de estas brujas está reflejado en el catálogo de procesos del Tribunal de Toledo sobre hechicería, aunque en este caso sólo registrado seis procesos sobre las brujas daimieleñas, aunque esto no quiere decir que no se realizasen otros juicios y acusaciones de los que no se conservó el registro.

Varias son las brujas que, por sus actos, han alcanzado la fama y cuyos nombres han llegado hasta nuestros días, tal y como se recoge en el libro “Daimiel, pueblo de brujas”, escrito por Belén Garzás y Javier González Gallego.


Entre las distintas brujas que se nombran, podemos destacar a las siguientes:

-Juana Ruiz: Fue una anciana que durante la primera mitad del siglo XVI a la que todos los vecinos evitaban pues tenía muy mala fama. Al parecer, distintos testigos la vieron acudir desnuda o poco vestida al cementerio donde robaba huesos de los difuntos para realizar sus hechizos. También era divisada acudiendo en su escoba a participar en diversos aquelarres. Además, había quien pensaba que esta mujer era la culpable de la muerte de varios vecinos de la localidad, especialmente niños pequeños y mujeres que acababan de dar a luz. También tenía como afición enfrentar a unos vecinos con otros por diversión.

-Isabel de la Higuera: Vivió en el siglo XVI y fue acusada de herejía y embaucadora. De ella se decía que tenía el poder de la divinación pues hacía trato con demonios para que le revelasen secretos e información. Se cuenta que cuando invocaba a los demonios les echaba almendras y, mientras las criaturas comían, ella les hacía preguntas que ellos encantados respondían. Pero, a diferencia de lo que podían hacer otras brujas, esta mujer buscaba eliminar los maleficios tales como amarres o males de ojo usando sus habilidades de hechicera.

-María de Lao: Se trataba de una joven sirvienta del siglo XVII residente en Malagón que había acudido a Daimiel para aprender brujerías. Esta joven fardaba de ser capaz de invocar al demonio para conseguir favores como, por ejemplo, que los hombres se enamorasen de ella. En una ocasión, al parecer llegó a envenenar a un hombre apiadándose de su sufrimiento. Pero esta no fue su única víctima pues fue acusada de matar a varias personas.

-Ana Díaz: Esta mujer, natural de Villarrubia de los Ojos, se trasladó a Daimiel aproximadamente en el año 1625 donde se unió a un grupo de brujas que re reunían para realizar conjuros y aquelarres. Esta mujer era buen conocida por conseguir que los amantes regresasen al lado de las mujeres a las que habían abandonado. Pero también se dedicaba a realizar curaciones, tal y como declararon algunas testigos ante el tribunal de la Inquisición.

Aunque estas parecen ser algunas de las brujas más importantes que han residido en Daimiel, distintas generaciones de brujas han recorrido sus calles y habitado en sus casas de estilo manchego hasta llegar a nuestros días pues Daimiel sigue siendo pueblo de brujas y son muchos los que se desplazan hasta esta localidad para solicitar sus servicios tales como eliminar el mal de ojo o pedir algún tipo de amuleto para eliminar la mala suerte.

Debido a la importancia que las brujas han obtenido en esta localidad, es posible ver algunas referencias a estas hechiceras como monumentos. Además, desde hace unos años el ayuntamiento de Daimiel organiza las jornadas de las  brujas donde rememora toda la leyenda entorno a las brujas de Daimiel.



30 octubre 2021

LAS BRUJAS DE ZUGARRAMURDI

Zugarramurdi es un municipio de la Comunidad Foral de Navarra conocido particularmente por el juicio, torturas y posterior ejecución de un grupo de mujeres acusadas de ser brujas en el año 1610.

Lo cierto es que esta localidad siempre mantuvo muy arraigadas sus tradiciones y siempre estuvo ligada a la brujería ya que en ella se encuentra la Cueva de los Aquelarres o de las Brujas.


En ellas durante la Edad Media se reunieron brujas para realizar sus Akelarres. El origen de la palabra “Akelarre” parece proceder de un prado situado junto a una de estas cuevas pues en él pastaba un gran macho cabrío negro. La palabra akelarre significaría “prado del macho cabrío”. Según los rumores y leyendas, dicho macho cabrío era el mismísimo diablo que se transformaba en persona durante la reunión de las brujas. Tal era la frecuencia con la que las brujas se reunían y la intensidad de sus reuniones, cantando y bailando a menudo en torno a una hoguera y adorando al diablo, que la localidad de Zugarramurdi recibió el sobrenombre de la Catedral del Diablo. En estas reuniones se realizaba un rito de iniciación a las nuevas brujas durante el cual la maestra acompañaba a la novicia hasta l reunión, donde debía renegar de Dios, del bautismo y de su fe para que así el demonio la aceptase, marcando a la nueva bruja con la uña.


Los Akelarres se siguieron produciendo durante siglos hasta llegar al trágico suceso que tuvo lugar en 1610 cuando una vecina de la localidad, de nombre María de Ximidegui, apoyada por otras vecinas denunció haber contactado con brujas, haber bailado con ellas y haberse untado en el cuerpo una extraña pócima. Tras aquellas acusaciones, en su mayoría basadas en supersticiones o envidias el tribunal de la Santa Inquisición realizó un auto de fe en el que cuarenta mujeres fueron procesadas, acusadas de ser brujas y de realizar artes oscuras y venerar al mismísimo Satanás. Este juicio tuvo lugar entre los días 7 y 8 de noviembre del citado año. De todas las mujeres acusadas e investigadas por posesión demoniaca, celebrar misas negras, provocar tempestades en el mar Cantábrico, causar maleficios a los campos y animales, y realizar prácticas de vampirismo y necrofagia, 18 fueron perdonadas por confesar sus culpas y apelar a la misericordia del tribunal. Pero el resto de las culpables no corrieron la misma suerte pues varias murieron al no poder soportar la intensidad de las torturas, y otras murieron quemadas en la hoguera acusadas de brujería.


Actualmente, la cueva se puede visitar y durante el solsticio de verano se celebra una fiesta de culto al fuego, haciendo ver que las viejas tradiciones siguen vigentes y que, con toda probabilidad, Zurragamurdi sigue siendo un hogar para las brujas. Así mismo, situado en el antiguo hospital, cerca de las cuevas, se inauguró en el año 2007 el “Museo de las brujas”, donde es posible conocer la historia de las brujas de Zurragamurdi, así como algunos utensilios utilizados por las mismas u otros empleados durante los Autos de Fe.



Tal ha sido siempre la importancia de este suceso que el artista español Francisco de Goya realizó en 1798 un cuadro titulado “Aquelarre” en el que se puede ver a un grupo de brujas junto al macho cabrío.


Así mismo, basada en estos sucesos y en las leyendas a su alrededor, en 1984 se realizó la película “Akelarre” y en 2013 la película “Las brujas de Zugarramurdi”. (Curiosamente, esta última consiguió varios "Premios Goya").



Afortunadamente, hoy día ya no se realizan Autos de Fe y la caza y quema de brujas desapareció completamente. Lo que es incierto es si, actualmente, Zugarramurdi sigue siendo hogar de las brujas.

14 febrero 2018

LA MALDICIÓN DE TRASMOZ

En la provincia de Zaragoza, ubicado a pies del Moncayo, y a escasos kilómetros del Monasterio de Veruela, se encuentra el municipio de Trasmoz. Un pueblo rodeado de halo y misterio. Esta localidad ha dado lugar a leyendas sobre brujas y ritos paganos.

Son muchas las leyendas que han surgido en torno al pueblo y su castillo, que se dice fue construido por el mago Mutamín en tan solo una noche tras haber realizado un pacto con el diablo. Además, durante años se dijo que el pueblo estaba encantado, que las brujas del lugar lanzaban hechizos y males de ojo, además de celebrar aquelarres y fiestas paganas.


La realidad es que, durante el siglo XIII, sus habitantes forjaban monedas falsas. Para evitar que se investigara todo ese martilleo, difundieron el rumor de que las brujas y los hechiceros hacían sonar cadenas y movían calderos para hervir pociones mágicas por la noche. De esta forma, se comenzó a asociar esta localidad con la brujería y el castillo fue visto como un lugar tenebroso en el que las brujas se reunían para celebrar sus aquelarres y perversos rituales.


Pero este no era el único problema ya que, mientras la comarca se encontraba bajo la influencia del Monasterio de Veruela, esta pequeña localidad se encontraba bajo el poder de la Corona, lo que dio lugar a constantes enfrentamientos entre el Monastario y el pueblo de Trasmoz, que siempre se resistió a que el monasterio impusiese su control sobre el territorio. Tales eran los enfrentamientos, que ambas partes se enfrentaron por los recursos naturales de la zona.
Pero en el año 1255 los rumores sobre las prácticas paganas en dicha localidad se extendieron más allá de los límites de la aldea, oportunidad que el abad Andrés de Tudela, del Monasterio de Veruela, decidió aprovechar para castigar a los habitantes de Trasmoz. El castigo, cuyo permiso había sido previamente solicitado al arzobispo de Tarazona, no fue otro que excomulgar a todo el pueblo.

No obstante, el castigo no se detuvo ahí. Siglos más tarde, en 1511, los conflictos por los recursos naturales volvieron a surgir. Según se relata, el agua que llegaba al pueblo atravesaba el Monasterio de Veruela. Pero el curso del agua fue desviado y este necesario recurso dejó de llegar al pueblo. En ese momento, el monarca Fernando II intervino y concedió la razón al señor de Trasmoz. Tal fue la rabia de la iglesia que, con el permiso del Papa Julio II, lanzó una maldición al pueblo. Esta maldición se realizó cubriendo una cruz con un velo negro, mientras que todos los monjes del Monasterio realizaban la lectura del Salmo 108, cuyo contenido mostraba una maldición de Dios contra los enemigos. Así mismo, con cada frase que se recitaba, se daba un toque de campana para dar constancia de ello. En ese momento, la aldea se convirtió en el único pueblo excomulgado y maldito.


Los siglos pasaron y las malas prácticas continuaron desarrollándose en esta localidad. La aparición de brujas era constante. Prueba de ello fue la existencia de la Tía Casca, quien se convirtió en la bruja más célebre de la localidad. Se trataba de una curandera, como todas las mujeres a las que llamaban “brujas” en aquella época. Desgraciadamente, sus actividades coincidieron con una época de plagas en la que los niños enfermaban, los animales morían, y los cultivos se estropeaban. Los habitantes del pueblo, pensando que era ella quien provocaba todos aquellos males, decidieron tomarse la justicia por su mano. En el año 1850, la arrojaron desde el monte sobre el que se alzaba el imponente castillo. Pero, pensando que aquello pondría fin a todos los problemas, obtuvieron todo lo contrario, pues aquella mujer lanzó una maldición. Desde ese día, vaga por el barranco desde el que fue arrojada, despeñando a todo aquel que tenga el valor de acercarse a ese lugar.

La fortuna quiso que, poco después de tan trágico suceso, llegase al Monasterio de Veruela el poeta Gustavo Adolfo Bécquer, para tratar de recuperarse de la tuberculosis que padecía.
Debido a la cercanía del Monasterio con el pueblo, el autor pudo recoger en su obra de 1864 “Cartas desde mi celda” los diferentes sucesos que en la aldea sucedían. Así mismo, describió a la Tía Casca de la siguiente manera: "Me bastó distinguir sus greñas blancuzcas que se enredaban alrededor de su frente como culebras, sus formas extravagantes, su cuerpo encorvado y sus brazos disformes, que se destacaban angulosos y oscuros". Además, fue él quien dio a conocer que el alma de la bruja erraba en pena al añadir a sus líneas "y no era querida ni por Dios ni por el Diablo".

Pero aquella no fue la única bruja famosa en la aldea. Otra importante bruja fue Dorotea quien, sobrina de un párroco que intentó exorcizar el lugar, fue víctima del encantamiento de otras brujas que allí vivían. Por otro lado, se hace mención a la Tía Galga y su hija, quienes realizaban lecturas del destino y potajes milagrosos que solucionaban problemas al usar plantas recogidas del Moncayo.

Los años siguieron pasando, y las antiguas tradiciones no se perdieron. Durante el día de las ánimas, los habitantes de Trasmoz realizaban en el cementerio una procesión en la que las mujeres vestían de negro y los niños de blanco. Durante este acto, debían encender una vela por cada uno de sus difuntos e introducirlas dentro de calabazas que se situaban en el camino de la procesión de las ánimas. La persona que no lo hiciese así, corría el riesgo de ser perseguida por el espíritu del familiar hasta que su vela estuviese colocada.


Actualmente, el pueblo continúa excomulgado y maldito. Pasear por sus calles implica encontrarse con escobas en los balcones, muérdago en las ventanas y gatos negros por las calles. En este lugar, para mantener viva la tradición, cada año durante el mes de julio tiene lugar un popular encuentro en el que se elige a la Bruja del Año. Así mismo, se celebra la feria de la brujería. Es en estos momentos cuando el pueblo vuelve a su pasado, recreándose una caza de brujas y un aquelarre.
Pero la tradición no se queda aquí pues, el último sábado de octubre, noche en la que se celebra “La Luz de las Ánimas”, el pueblo queda iluminado únicamente con la luz de las velas de las calabazas que sus habitantes colocan por las calles. Es por ello que Trasmoz se ha convertido en un lugar atractivo para todo tipo de turista.