sábado, 25 de octubre de 2025

LAS BRUJAS DE HONDARRIBIA

Hondarribia es una localidad costera situada en la provincia de Guipúzcoa con una población de casi 17000 habitantes y limítrofe con Francia. El significado del nombre de este lugar parece significar “el vado de la arena”.


Algo curioso de este municipio es que sus habitantes suelen recibir el apodo de “vikingos”, pues existe la teoría de son herederos de antiguos vikingos que llegaron a la zona. No obstante, durante años este apodo se usaba de forma algo despectiva, aunque actualmente parece estar ganando cierta popularidad entre la población más joven.

Un motivo por el que esta localidad es conocida desde el punto de vista esotérico se debe a la presencia de brujas que dio lugar a un importante proceso judicial en 1611.

Según quedó reflejado en documentos oficiales, varias mujeres (entre las que resaltan los nombres de María de Illarra, Inesa de Gaxen, María de Echagaray y María de Garro) fueron acusadas de brujería tras haber recibido las autoridades la denuncia por parte de distintas niñas de la localidad.


Según sus testimonios, varias mujeres (entre las que se encontraban mujeres vascas y francesas) se reunían en lugares apartados para practicar aquelarres en los que invocaban al demonio y embrujaban animales para enloquecerlos y que atacasen a las personas o que dejasen de producir leche o huevos para perjudicar así a sus vecinos y sembrar el caos en la localidad. Incluso se llegó a acusar a las brujas de contaminar el agua para que los pescadores no pudiesen obtener ninguna presa.

Dado que las testigos eran unas muchachas menores de edad, la población quedó incluso más conmocionada porque no podían existir falsas acusaciones por envidias, quedando por delante que la inocencia de las niñas las llevaba a decir toda la verdad. Incluso se empezó a comentar que estas niñas eran conocedoras de estas reuniones de brujas porque habían sido hechizadas para participar en oscuros rituales.

Una a una, las niñas comentaron lo que habían vivido. Aunque tuvieron lugar en lugares y momentos diferentes, todas sus historias coincidían en que en algún momento se habían topado con una de esas mujeres y que ellas les habían ofrecido algún presente. Tras aceptarlo, esa misma noche, las brujas habían entrado en las casas de las niñas, las habían raptado y las habían llevado a distintos importantes ermitas de la zona (Santa Bárbara, San Felipe o San Telmo). Enfrente de cada ermita, las brujas habían encendido una gran hoguera alrededor de la cual reían y bailaban. Las niñas aseguran que junto a la hoguera se encontraba Satanás con forma de macho cabrío y que obligó a las niñas a renunciar a su creencia en Jesucristo. Además, las menores aseguraron que las brujas se acercaban al demonio y mantenían relaciones sexuales con él.

Aunque cada niña había sido raptada en momentos diferentes y llevadas a lugares distintos, sus historias coincidían, así como las mujeres a las que pudieron identificar y acusar de brujería pues, fuesen o no las responsables de sus raptos, sí que participaban en esas oscuras reuniones.

Tras el juicio, las niñas recibieron unas reliquias para que las protegieran de las fuerzas del mal y las acusadas fueron detenidas y llevadas al castillo de San Telmo.


Tras un largo proceso, las mujeres finalmente cedieron a la presión y al agotamiento y confesaron ser brujas frente al arcipreste Gabriel de Avendaño. Además, se descubrió que aquellas mujeres de origen francés, llegaron a la localidad huyendo del país vecino por haber sido también acusadas de brujería. Como castigo por realizar prácticas prohibidas, todos los bienes de estas mujeres fueron confiscados y ellas fueron desterradas de Hondarribia para evitar que volviesen a causar el mal entre sus vecinos.

Debido a la importancia que tuvo este suceso, hoy día se han llegado a realizar actuaciones y representaciones sobre lo ocurrido en las que los vecinos participan decorando las calles y disfrazándose. Pero nunca se sabe si entre las máscaras y disfraces se puede encontrar alguna bruja de verdad, aprovechando la multitud para pasar desapercibida y poder actuar sin levantar sospechas.

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