La protagonista de este suceso, a quien llamaremos Laura, explica que hace unos años se encontraba en la biblioteca de la universidad de Toledo estudiando para los exámenes finales de su último año en la carrera. Ella siempre tenía su pequeño ritual para estudiar: llegaba a la biblioteca, buscaba la zona más tranquila (intentaba sentarse siempre en la misma mesa), preparaba su material de estudio de forma meticulosa y cuando sentía que su mente estaba preparada, empezaba a estudiar.
Dado que iba con frecuencia
a la biblioteca, conocía a bastantes estudiantes de verse casi a diario y se
saludaban o despedían como si fuesen conocidos de toda la vida. Incluso, con
cierta gracia, vio que cada uno tenía su propio ritual previo al estudio.
Lo cierto es que siempre le resultaba agradable el ambiente que se formaba en
la biblioteca, pero hubo un par de sucesos que lo cambiaron todo.
El primer suceso tuvo lugar una noche de inicios de junio, pues en época de
exámenes el horario de la biblioteca era más amplio y abría hasta bien entrada
la madrugada. Aquel día, Laura había dedicado más horas que de costumbre al estudio,
por lo que prácticamente todos los estudiantes se habían marchado, a excepción
de una persona que hacía ruido con el “click”
de un bolígrafo y que pasaba las páginas de algún libro o cuaderno en otra sala
de la biblioteca. Cansada de estudiar, y debido a lo tarde que era, Laura se
levantó, recogió sus cosas y se dirigió a la salida. Pero antes quiso
despedirse del otro estudiante que quedaba allí y que no dejaba de jugar con el
bolígrafo y de pasar páginas. Cuando Laura llegó a la sala contigua, el sonido
cesó y lo único que vio en una mesa fue un cuaderno abierto y un bolígrafo,
pero no había ni rastro de ningún estudiante. En ese momento, Laura sintió un
escalofrío, por lo que se marchó de allí todo lo deprisa que pudo. Mientras se
marchaba, pudo escuchar de nuevo ese sonido de páginas pasando y ese sonido de
alguien jugando con el “click” de un
bolígrafo.
El segundo suceso tuvo lugar poco después. Laura estuvo repitiendo su ritual de
estudio, tratando de ignorar aquel extraño suceso y asociándolo con el
cansancio. Aquella tarde, un hombre al que no había visto con anterioridad se
sentó en la mesa donde ella estudiaba, a pesar de haber otras mesas vacías en
la sala, y eligiendo la silla que estaba justo delante de la silla. Laura le
saludó y siguió a lo suyo. Entonces, comenzó a notarse muy agotada de repente,
como si alguien le estuviese absorbiendo la energía, por lo que recogió sus
cosas y, sintiéndose enferma, se levantó topándose con la mirada del hombre
fija en ella. También pudo notar que varias personas en la sala les observaban,
como si hubiese algo raro que no pudiesen explicar. Laura se marchó de la
biblioteca y se dirigió a su casa, donde se tumbó en la cama y durmió durante
bastantes horas. Tras despertarse y recordar lo ocurrido, decidió llamar a su
abuela y contarle lo ocurrido. La mujer le explicó que tuviese cuidado con
aquel hombre y que le evitase si se lo volvía a encontrar, porque había
intentado hipnotizarla por algún motivo.
Días más tarde, Laura habló
con algunos de sus amigos de la biblioteca que estuvieron presentes aquella
tarde y le comentaron que pudieron sentir una extraña sensación, como si algo
en el ambiente cambiase y todos sabían que el origen era aquel hombre que a todos
les resultó tan extraño.
Si hay relación entre un
suceso y otro es algo que Laura desconoce, pues después de aquello terminó la
carrera y no volvió a necesitar ir a la biblioteca a estudiar, por lo que no ha
vuelto a ser testigo de ningún suceso inusual que pueda contar.

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