19 abril 2026

LA CASA DE LAS MUERTES DE SALAMANCA

Salamanca es una importante ciudad de Castila y León, que cuenta con más de 146.100 habitantes.


Su casco histórico es un lugar espectacular que invita tanto a sus vecinos como a quien lo visita por primera vez a perderse entre sus calles contemplando cada monumento y edificio histórico.

Entre estos importantes edificios se encuentra la “Casa de las Muertes”. Este edificio de estilo plateresco, diseñado por el arquitecto Juan de Álava a inicios del siglo XVI,  se encuentra en el número 6 de la calle Bordadores.


Durante mucho tiempo esta casa ya estuvo envuelta en rumores y habladurías debido a que bajo las ventanas superiores había talladas cuatro calaveras, lo que inquietaba a los vecinos, alguno de los cuales sospechaba que aquellas calaveras podían ser reales y ser una amenaza más que una simple decoración. El motivo se debe a que, cuando comenzó a construirse la casa, aparecieron cuatro cuerpos, al parecer resultado de una trifulca entre dos familias enemigas tiempo atrás. Es por eso que hay quien cree que se usaron las calaveras de esos cuatro cuerpos para decorar la fachada de la casa.


Pero este no fue el único suceso que hizo que esta casa recibiese el apodo de “Casa de las Muertes”.

Uno de sus posteriores propietarios, don Diego, era un caballero soldado, además de poeta que se enamoró de una joven recién salida de un convento, llamada Mencía. Los dos jóvenes se casaron. El problema vino cuando Mencía comenzó a verse a escondidas con otros hombres aprovechando que su marido no estaba. Don Diego terminó enterándose de este suceso, y tendió una trampa a los amantes de su mujer, matando a dos de ellos delante de su casa, la Casa de las Muertes, aunque quedando gravemente herido durante el duelo contra el tercer hombre. No obstante, antes de fallecer, don Diego consiguió llegar hasta su mujer y estrangularla.

Este suceso no hizo sino aumentar el miedo y la superstición sobre este lugar, algo que aumentó con el paso del tiempo pues fueron varios los propietarios que murieron en su interior en extrañas circunstancias: los cuatro miembros de una familia que fueron asesinados en la casa; una mujer que apareció asesinada junto al pozo de la casa; la familia de un sacerdote… Y así una amplia lista de la maldición que parecía existir en torno a este lugar.

Además, hay quien asegura que por la noche es posible escuchar extraños sonidos parecidos a cadenas arrastrándose, acompañados de gemidos, procedentes del interior, e incluso se habla de orbes o de figuras fantasmagóricas que pasan fugazmente por delante de las ventanas.


Pero también existe una leyenda que trataría de explicar que la Casa de las Muertes es un lugar maldito.

Al parecer, bajo la casa es posible acceder a un laberinto de cuevas que recorre la ciudad de Salamanca. Según se cuenta, en dichas cuevas habitaba el Diablo, que cada año exigía que una mujer fuese sacrificada a cambio de no daña al resto de salamantinos. Mediante un sorteo se elegía a la joven, víctima de tal petición, que era abandonada en la cueva para no volver a ser vista nunca más. Al encontrarse bajo la Casa de las Muertes la entrada a estas galerías subterráneas, los espíritus de las pobres muchachas habrían maldecido el inmueble, castigándolo con el peso de la muerte para todo aquel que se atreva a vivir en él.

Actualmente, la casa está deshabitada y se encentra en venta, mientras los vecinos se preguntan con cierto temor quién tendrá el valor suficiente para comprar la casa, no sólo por su alto precio, sino por el riesgo de ser una nueva víctima de dicha maldición y perder en su interior la vida.

01 abril 2026

LA LEYENDA DE LA VIRGEN DE LA SOLEDAD DE ÚBEDA

Úbeda, al igual que otras tantas ciudades, es conocida por su Semana Santa.

Una de las cofradías más importantes y conocidas es la de La Soledad, que procesiona durante el Viernes Santo desde la iglesia de San Millán.


Sin embargo, hay otro extraño motivo que ha llamado la atención de muchos con respecto a esta procesión y se debe a los rumores sobre un penitente fantasma que recorre sus filas.

En el siglo XIX vivía un hombre al que todos conocían como Tadeo “el cojo”, tratándose de un albañil que, tras caerse de un tejado, quedó cojo de una pierna. Este hombre siempre había sentido gran devoción por la Virgen de la Soledad, pero nunca había podido participar en la procesión al no poder costearse una túnica.

Siendo ya mayor, consiguió comprar una tela y le pidió a un sastre que con ella le hiciese una túnica pero, cuando se aproximaba la Semana Santa, notó que le faltaba energía y le pidió a su mujer que si fallecía, le enterasen con la túnica puesta.

A los pocos días, Tadeo falleció pero su mujer no pudo cumplir su promesa debido a una cadena de infortunios. Una noche, Tadeo se apareció a su mujer en sueños y le preguntó por la túnica. A la mañana siguiente, la mujer se dirigió al cementerio con la túnica y pidió que la abriesen para poder ponerle la túnica. Para sorpresa de todos, el cuerpo de Tadeo ya vestía una túnica de la Hermandad de la Soledad, causando asombro, admiración y temor entre los presentes.

Aquel mismo año, durante la noche del Viernes Santo, cuando la Virgen de la Soledad llegó a lo alto de la Cuesta de La Merced, muchos vieron a un extraño penitente que, cojeando, acompañaba a la Virgen, desapareciendo sin dejar rastro.
Desde ese momento todos los años hay quien asegura que es posible ver durante unos instantes en ese mismo lugar a un penitente cojo que, tras asegurarse de que la Virgen de la Soledad ha subido sin problema la conocida cuesta, se desvanece entre el público.