
Tal es la importancia y majestuosidad de
dicho camposanto, que el 11 de febrero de 2015 formó a pasar parte del
Patrimonio Histórico Andaluz. Además, en 1952 se rodaron algunas escenas del
largometraje de Edgar Neville “Duende y misterio del flamenco”. De
igual forma, en la novela “Viaje al centro de la Tierra” de
Julio Verne, dicho cementerio es nombrado.

Pero este cementerio, más allá de su
importancia histórica y arquitectónica, ha cobrado fama por extraños sucesos
paranormales que se desarrollan entre sus muros. Diferentes testigos hablan de
apariciones fantasmales, voces en medio de la noche, interferencias en los
teléfonos al pasar cerca del cementerio, linternas que fallan, luces y golpes
de procedencia desconocida, y siniestras siluetas que vagan entre las tumbas y
mausoleos.
Entre uno de los sucesos inexplicables más
destacados se encuentra uno que ocurrió el 4 de mayo de 2005. Ese día, un grupo
de seguidores de la escritora estadounidense Jane Bowles, fallecida en Málaga
el 4 de mayo de 1973, se reunió enfrente de la tumba de la mujer para encender
velas y colocar flores.


Entonces, las personas que había allí
reunidas se percataron de que, entre ellos, se encontraba una mujer vestida de
luto que no formaba parte del grupo, mirando fijamente a la tumba. Al fijarse
en sus rasgos, la mujer se parecía al retrato que había de la escritora grabado
en su lápida. Cuando intentaron comunicarse con ella, para tratar de averiguar
de quién se trataba, la mujer se alejó de allí, desapareciendo entre unos
mausoleos. Según contaron algunos testigos, no era la primera vez que aquella
mujer, al parecer el espíritu de la escritora, aparece allí cuando se conmemora
el aniversario de su muerte.
No obstante, quizás, los testigos más
importantes son los guardias de seguridad del cementerio.
Uno de ellos relata que llegó a la garita
del cementerio esperando a que sus compañeros terminasen el turno para poder
comenzar el suyo. Al hacerlo, llamó a su esposa por teléfono, como siempre
hacía, para decirle que había llegado sin problema al trabajo. Entonces,
mientras el guardia hablaba con su esposa, pudo escuchar a través del teléfono
una voz masculina que decía palabras sin sentido. A continuación, la llamada se
cortó, dando lugar la característico sonido producido por las interferencias, y
escuchó aquella voz masculina diciendo “¡Dentro te espero!”. Finalmente, volvió
a escuchar ese sonido de interferencia y, después, la voz de su mujer diciendo
que se había cortado la llamada durante unos segundos. Aquello, le provocó una
gran carga psicológica, por lo que terminó solicitando el cambio de turno, pues
no se atrevía a vigilar el cementerio de noche tras el extraño suceso.
Otro de los vigilantes asegura que, tanto
él como su compañero de servicio, han escuchado durante muchas noches pasos en
medio de la oscuridad, así como murmullos, no siendo capaces de encontrar a
nadie en el cementerio.
Además, algunos testigos explican que en
varias ocasiones han podido escuchar cómo una losa caía al suelo rompiéndose,
sin ser capaces de encontrar ninguna losa rota en el cementerio.
Otro guardia explica que una anciana le contó en una ocasión cómo, mientras
rezaba en la capilla del cementerio, empezó a escuchar pasos cerca de ella,
a pesar de encontrarse sola, hasta que uno de los bancos más próximos al altar
se movió sol, como si alguien a quien ella no podía ver, lo hubiese movido.
Otro de los casos más conocidos en el
cementerio fue vivido por José Fernández, el encargado de la capilla. En
noviembre de 1985, el hombre pasó algunas noches en la capilla, pues su casa se
encontraba en reformas. Una madrugada, decidió salir al exterior para rezar.
Cuando se encontraba sumido en una de sus oraciones, pudo escuchar la voz de un
niño gritar “¡Mamá, mamá!”. Sorprendido, el hombre siguió el sonido de la voz
hasta llegar a un niño en el que se encontraba enterrado un niño que falleció a
causa de la leucemia. Cuando el hombre contó a sus conocidos lo ocurrido, poco
a poco el rumor se extendió entre los vecinos, quienes empezaron a dejar
caramelos en el nicho, como un presente para el niño que había allí enterrado.
Sorprendentemente, se llegaron a encontrar envoltorios de caramelo
completamente vacíos, o con el caramelo con la marca de unos pequeños dientes.
Además, algunos testigos aseguran haber visto la silueta de un niño correr
entre las tumbas del cementerio.
Por todos estos motivos, el cementerio de
San Miguel se ha convertido en un lugar que recibe una gran cantidad de visitas
de quienes aman la historia y la cultura, y de quienes sienten especial interés
por lo inexplicable.
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