martes, 15 de octubre de 2019

CEMENTERIO DE SAN MIGUEL

En Málaga se encuentra el Cementerio de San Miguel, considerado uno de los principales cementerios histórico-monumentales de España. Se construyó a principios del siglo XIX y, enseguida, una gran cantidad de aristócratas de la época comenzaron a construir panteones monumentales de acuerdo con el estilo arquitectónico que se desarrolló durante el romanticismo.
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Tal es la importancia y majestuosidad de dicho camposanto, que el 11 de febrero de 2015 formó a pasar parte del Patrimonio Histórico Andaluz. Además, en 1952 se rodaron algunas escenas del largometraje de Edgar Neville “Duende y misterio del flamenco”. De igual forma, en la novela “Viaje al centro de la Tierra” de Julio Verne, dicho cementerio es nombrado.
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Pero este cementerio, más allá de su importancia histórica y arquitectónica, ha cobrado fama por extraños sucesos paranormales que se desarrollan entre sus muros. Diferentes testigos hablan de apariciones fantasmales, voces en medio de la noche, interferencias en los teléfonos al pasar cerca del cementerio, linternas que fallan, luces y golpes de procedencia desconocida, y siniestras siluetas que vagan entre las tumbas y mausoleos.
Entre uno de los sucesos inexplicables más destacados se encuentra uno que ocurrió el 4 de mayo de 2005. Ese día, un grupo de seguidores de la escritora estadounidense Jane Bowles, fallecida en Málaga el 4 de mayo de 1973, se reunió enfrente de la tumba de la mujer para encender velas y colocar flores.
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Entonces, las personas que había allí reunidas se percataron de que, entre ellos, se encontraba una mujer vestida de luto que no formaba parte del grupo, mirando fijamente a la tumba. Al fijarse en sus rasgos, la mujer se parecía al retrato que había de la escritora grabado en su lápida. Cuando intentaron comunicarse con ella, para tratar de averiguar de quién se trataba, la mujer se alejó de allí, desapareciendo entre unos mausoleos. Según contaron algunos testigos, no era la primera vez que aquella mujer, al parecer el espíritu de la escritora, aparece allí cuando se conmemora el aniversario de su muerte.

No obstante, quizás, los testigos más importantes son los guardias de seguridad del cementerio.

Uno de ellos relata que llegó a la garita del cementerio esperando a que sus compañeros terminasen el turno para poder comenzar el suyo. Al hacerlo, llamó a su esposa por teléfono, como siempre hacía, para decirle que había llegado sin problema al trabajo. Entonces, mientras el guardia hablaba con su esposa, pudo escuchar a través del teléfono una voz masculina que decía palabras sin sentido. A continuación, la llamada se cortó, dando lugar la característico sonido producido por las interferencias, y escuchó aquella voz masculina diciendo “¡Dentro te espero!”. Finalmente, volvió a escuchar ese sonido de interferencia y, después, la voz de su mujer diciendo que se había cortado la llamada durante unos segundos. Aquello, le provocó una gran carga psicológica, por lo que terminó solicitando el cambio de turno, pues no se atrevía a vigilar el cementerio de noche tras el extraño suceso.

Otro de los vigilantes asegura que, tanto él como su compañero de servicio, han escuchado durante muchas noches pasos en medio de la oscuridad, así como murmullos, no siendo capaces de encontrar a nadie en el cementerio.

Además, algunos testigos explican que en varias ocasiones han podido escuchar cómo una losa caía al suelo rompiéndose, sin ser capaces de encontrar ninguna losa rota en el cementerio.

Otro guardia explica que una anciana le contó en una ocasión cómo, mientras rezaba en la capilla del cementerio, empezó a escuchar pasos cerca de ella, a pesar de encontrarse sola, hasta que uno de los bancos más próximos al altar se movió sol, como si alguien a quien ella no podía ver, lo hubiese movido.

Otro de los casos más conocidos en el cementerio fue vivido por José Fernández, el encargado de la capilla. En noviembre de 1985, el hombre pasó algunas noches en la capilla, pues su casa se encontraba en reformas. Una madrugada, decidió salir al exterior para rezar. Cuando se encontraba sumido en una de sus oraciones, pudo escuchar la voz de un niño gritar “¡Mamá, mamá!”. Sorprendido, el hombre siguió el sonido de la voz hasta llegar a un niño en el que se encontraba enterrado un niño que falleció a causa de la leucemia. Cuando el hombre contó a sus conocidos lo ocurrido, poco a poco el rumor se extendió entre los vecinos, quienes empezaron a dejar caramelos en el nicho, como un presente para el niño que había allí enterrado. Sorprendentemente, se llegaron a encontrar envoltorios de caramelo completamente vacíos, o con el caramelo con la marca de unos pequeños dientes. Además, algunos testigos aseguran haber visto la silueta de un niño correr entre las tumbas del cementerio.

Por todos estos motivos, el cementerio de San Miguel se ha convertido en un lugar que recibe una gran cantidad de visitas de quienes aman la historia y la cultura, y de quienes sienten especial interés por lo inexplicable.
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