En el número 5 de la calle Real de Bélmez de la Moraleda (Jaén) tuvo lugar
un fenómeno que atrajo la atención de la prensa y de la sociedad española en
los años 70.
En noviembre de 1971 un diario de la
localidad hacía pública una noticia en la que se explicaba que en la cocina de
una casa habían aparecido extrañas manchas que parecían rostros humanos. Tras
la aparición de dicha noticia, más y más medios quisieron hacerse eco de dicho
suceso, entrevistando a la dueña de la casa, María Gómez Cámara.
La mujer explicó que el fenómeno dio
comienzo el 23 de agosto de ese año cuando vio que en el suelo de cemento de su
cocina había aparecido una mancha que parecía una cara, por lo que se lo
comentó a sus vecinas, que acudieron al lugar llenas de curiosidad, siendo
testigos de la curiosa mancha que había aparecido. No obstante, el hijo de
María, mandó raspar aquella extraña machar y tapar el hueco con yeso. No
obstante, días más tarde apareció una nueva cara que parecía un varón con
bigote y los ojos y la boca abiertos. Poco a poco, nuevos rostros fueron
aparecieron y desapareciendo por el suelo de la cocina, extendiéndose al
pasillo de la vivienda.

Rápidamente, algunos medios de
comunicación publicaron la noticia aceptando que se trataba de un fenómeno
paranormal, mientras que otros trataban el suceso como un fraude, provocando
así una fuerte controversia entre quienes los creyentes y los escépticos del
caso. Por tal motivo, muchos investigadores trataron de averiguar cómo se
habían formado las caras, sin llegar a ninguna conclusión clara que pudiese
mostrar la veracidad o falsedad del suceso.
Como parte de las diferentes
investigaciones se realizaron algunas psicofonías. En una de ellas, realizada
por el parapsicólogo Germán de Argumosa, se pudo escuchar una voz que decía
“Germán, pica patio. Levanta cemento”. Atraídos por el curioso mensaje que
había quedado grabado, el 18 de febrero de 1972, se levantó el suelo de la
casa, encontrándose un centenar de huesos de más de cien años de antigüedad.
Tras realizar varias investigaciones se descubrió que la casa estaba levantada
sobre el antiguo cementerio de la iglesia del pueblo. Además, en el siglo XIII,
allí se había alzado una mezquita funeraria árabe.
Los años pasaron y el suceso fue cayendo
poco a poco en el olvido hasta que alrededor del año 2000 una médium acudió a
la casa y, tras tomar las manos de María, entró en trance. Durante el tiempo
que estuvo en trance, la médium asegura que pudo ver derrumbarse unas paredes
sobre mujeres y niños, mientras que dos niñas conseguían escapar con la ayuda
de un sacerdote. Tras hablar con María, la mujer confesó que durante la guerra
su familia se refugió en el Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza, en
Andújar. Estando allí refugiados, algunos familiares fallecieron tras ingerir
cicuta por accidente, muriendo tras sufrir vómitos de sangre. Por ello, se
comenzó a relacionar las diferentes caras de Bélmez con los familiares
fallecidos de María. Uno de ellos, el que recibió en nombre de “La Pava”,
mostraba a un hombre con bigote que parecía el tío de María. Con el tiempo, en
la boca de “La Pava” apareció una mancha negra que fue interpretada como el
vómito de sangre tras el envenenamiento.
En febrero de 2004, María falleció. Tras
su muerte, el presidente de la Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas,
Pedro Amorós, investigó si habían aparecido nuevas caras, que él consideraba
teleplastias. Efectivamente, en la casa aparecieron nuevas caras. Aunque con
rasgos más vagos.
Además, el grupo de investigación
paranormal Hepta, firmó un certificado de haber clausurado la habitación
para evitar el acceso a la misma, demostrando que las caras siguieron
apareciendo sin haber intervenido ningún agente humano en el proceso.

Nunca se ha llegado a saber si las caras
de Bélmez han sido un hecho real o una farsa. No obstante, la vivienda es
actualmente un museo en el que los visitantes pueden ver las famosas caras y
sacar sus propias conclusiones.
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