El convento de San Miguel de las Victorias, situado en Priego (Cuenca), es un edificio en cuyo interior son muchos quienes han tenido raras experiencias inexplicables.
El protagonista del siguiente
suceso, a quien daremos el nombre ficticio de Lucas para proteger su identidad,
cuenta que acudió a unas jornadas de convivencia con un grupo católico que tuvo
lugar en este convento. Según me explicó de viva voz, entrar al interior del convento
ya pone los pelos de punta, pero sobre todo lo hace asomarse a una habitación
donde, al parecer, se realizaron exorcismos. Prueba de ello está en los
arañazos en la puerta por dentro, o en el cerrojo que cierra la puerta por
fuera impidiendo salir a quien se encuentra dentro. Y es que, al parecer, allí
realizaron un poderoso exorcismo a un religioso que no acabó demasiado bien.
Desde entonces, cuentan que esa habitación está maldita. No obstante, la han
habilitado para que la gente se pueda alojar en ella.
En esta ocasión, Lucas y sus
amigos se alojaron en esa misma habitación, entre risas y ciertas burlas. Pero
las ganas de bromear se acabarían pronto pues no tardaron en aparecer los
problemas.
La primera noche, pudieron
escuchar sonidos extraños y se podía notar cierta tensión en el ambiente así
como descensos bruscos de temperatura que les hacía sentir incómodos, pero todo
aquello podía ser normal pues los muebles crujen con el cambio de temperatura,
y además estaban algo sugestionados por encontrarse en la habitación en la que
se encontraban.
Pero conforme pasaban los días,
la situación se hizo insoportable. Una noche escucharon unos extraños ruidos en
el techo como si alguien caminase con fuerza o arrastrase un objeto pesado por
el piso de arriba. El problema es que ellos estaban en la última planta y arriba
sólo se encontraba el tejado, al que no hay acceso. Pero todo no acaba ahí,
pues pudieron escuchar un fuerte grito gutural que les heló la sangre,
obligándoles a salir de allí. Se intentaron convencer de que aquello tenía
explicación, que quizás alguien intentaba asustarles, pero por más vueltas que
le daban, aquello no parecía tener ningún sentido.
En otra ocasión, se encontraban
sentados en un pasillo cuando el ambiente comenzó a enrarecerse y las bombillas
de la fila de luces que había sobre ellos empezaron a apagarse una a una desde
los extremos hasta llegar a la que había sobre ellos, dejándoles en la más
absoluta oscuridad. Al cabo de unos segundos, todas las luces se encendieron de
golpe. Según me explicó Lucas, si pulsabas los interruptores de aquella sala,
se apagaban todas las luces a la vez y no de una en una como lo acababan de
hacer.
Pero quizás, lo más terrorífico
tuvo lugar cuando regresaron a la habitación y encontraron un crucifijo boca
abajo con el Cristo arrancado y que todo apuntaba a que alguien lo había metido
por la ventana aun tratándose de un tercer piso. Además, ese mismo crucifijo
estaba previamente colocado en otra estancia del monasterio.
Tras aquel suceso, le explicaron
al sacerdote del monasterio lo ocurrido y el hombre se dirigió rápidamente a
aquella habitación a echar agua bendita y a rezar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario