lunes, 9 de mayo de 2022

EL CRIMEN DEL BARBERO DE CÓRDOBA

Durante muchos años Francisco Reyes había ejercido como barbero en el número 6 da calle San Pablo de Córdoba llevando una vida aparentemente tranquila y con bastantes clientes habituales que frecuentaban su local.


Pero todo dio un brusco giro cuando el 28 de enero de 1943 acudió a la barbería su amigo Enrique Gallego, quien era cobrador del Banco Español de Crédito. Se ignora qué ocurrió a las 13:00 del citado día para que el barbero rebanase el cuello de Enrique acabando con su vida en el acto.


Arrepentido y atemorizado, Francisco descuartizó el cuerpo y lo ocultó en unos barriles en la trastienda. Además, cuando por la tarde llegó su sobrino, que también era su ayudante, le prohibió volver a entrar en la trastienda. Desde ese día, cada noche Francisco rociaba grandes cantidades de perfume en la trastienda que tapasen el olor de la muerte, envolvía un trozo del cadáver en papel de periódico y, de camino a su casa, lo arrojaba a las aguas del río Guadalquivir.

La mujer de Enrique, Trinidad Gámez, denunció la desaparición de su marido y, tras realizar distintas investigaciones, contactaron con el ayudante del barbero, quien les dijo que su tío se mostraba de muy mal humor, que le había prohibido la entrada a la trastienda y que de ahí salía un fuerte olor a perfume. Finalmente, la policía entró en la barbería y accedieron a la trastienda donde encontraron el único resto que el barbero no había arrojado al río: la cabeza. Francisco confesó el crimen y cómo se había deshecho del cadáver, explicando que no había sido capaz de deshacerse de la cabeza pues los ojos muertos de quien fuese su amigo le paralizaban. Al ser preguntado por el motivo del crimen, el barbero respondió que se llevaría el secreto a la tumba.

El barbero de la calle San Pablo fue ejecutado por un pelotón de fusilamiento en el Cementerio de San Rafael.

Sorprendentemente, la historia no termina aquí pues según parece, uno de los guardias que participó en el fusilamiento le quitó a Francisco unos gemelos de oro que llevaba. Ese mismo día, mientras ese soldado limpiaba su arma, esta se disparó matándole en el acto, por lo que se comenzó a hablar de la maldición del barbero.

Respecto al lugar donde se ubicó la barbería, distintas personas han intentado montar diferentes negocios a lo largo de los años sin éxito pues todos fracasan tras unos pocos meses en funcionamiento. Se desconoce si es pura casualidad, si se trata de una maldición que pesa sobre el local o si los distintos comerciantes han vivido alguna extraña experiencia allí que no han querido compartir con el mundo.

Pero lo más sorprendente es lo que le sucedió a María, una vecina de la localidad de Córdoba. Esta mujer pidió ayuda a distintos entendidos en el mundo de la parapsicología pues decía que en su casa habitaba una sombra que recorría la casa. Tras realizar varias investigaciones, el equipo de Cuarto Milenio descubrió que en esa casa había vivido el barbero, por lo que sospechaban que él era la sombra que allí moraba. La médium Paloma Navarrete pudo interactuar con la presencia y descubrió que en realidad se trataba de Enrique, la víctima. Se desconoce por qué su alma quedó encadenada a la casa en lugar de a la antigua barbería, pero en palabras de Paloma, el ente pronunció una única palabra “Trinidad”, que fue su esposa.


Tras este contacto por parte de la médium, los sucesos paranormales pararon en el domicilio, aunque se ignora qué pasó con aquellos gemelos o si la maldición del local de la barbería sigue llevando al fracaso a quien decide abrir allí un negocio.

Tal ha sido el impacto que este crimen y los posteriores sucesos produjeron en Córdoba que Antonio Muñoz Centella lo reflejó en una novela.


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