En el conjunto declarado Parque Nacional que forma las Tablas de Daimiel se encuentra la dehesa de Zacatena. Justo en ese lugar, el río Guadiana forma un arroyo llamado “el Cachón de la Leona” y que va a parar a las famosas Tablas.
Aunque hoy día el terreno está bastante afectado por la sequía y la sobreexplotación del terreno y los niveles de agua desgraciadamente son bajos, en otra época era zona caudalosa y en época de lluvias las balsas de agua podían llegar a ser bastante profundas.
En la primavera de 1890,
quizás debido a esta abundante lluvia, apareció una plaga de langostas que
afectó a muchas cosechas, especialmente de cereal. Es por ello que se empezó a
trabajar para mitigar el problema y varios grupos de trabajadores acudían al
lugar para eliminar esa perjudicial plaga.
Durante la tarde del 6 de
mayo de 1890, una comitiva de eliminación de la plaga se dirigió a la orilla
norte del Guadiana para examinar la zona. Para ahorrar tiempo desplazándose por
tierra, pues tenían que dar bastante rodeo, decidieron cruzar usando una barca
de pescadores. Debido al exceso de peso de las cuatro personas que se montaron
en la barca, esta volcó y los cuatro trabajadores se ahogaron en el acto, no
pudiendo ser rescatados todos los cadáveres hasta la tarde del día siguiente.
Según empezó a comentarse por Daimiel, de donde eran los fallecidos, los cuerpos mostraban cara de horror y se especulaba que no había sido el peso de los viajeros sino una extraña y desconocida fuerza lo que hizo volcar la barca. Con ello también justificaban que se hubiesen ahogado tan rápido pues esa misma fuerza maligna les arrastró rápidamente hacia el fondo del Guadiana y quién sabe qué vieron para reflejar esa expresión de horror en sus caras. De esta forma comenzó a crecer la leyenda de que había un ente malvado en el Cachón de la Leona y muchos temieron acercarse al lugar por miedo a ser arrastrados a sus profundas aguas.
El suceso fue una tragedia
en la localidad y, para que el recuerdo de los cuatro fallecidos no cayese en
el olvido, se puso una cruz con sus nombres inscritos en la orilla del río
donde el suceso se produjo. Pero una crecida del río hizo que la cruz también
acabase arrastrada hasta el fondo del Cachón de la Leona eliminando así ese
homenaje y alimentando aún más las habladurías y los miedos.
En 1957 una fuerte sequía
hizo que el nivel del agua bajase considerablemente mostrando, entre otros
tesoros que el río había arrastrado, la famosa cruz. Tras ser recuperada, fue
colocada de nuevo en la orilla, aunque estaba vez con mayor precisión para
evitar que el río vuelva a llevársela cosa que, a día de hoy, por suerte aún no
ha pasado.
Pero, aparte de las habladurías sobre la maldición que existe en ese lugar, también hay quien asegura haber visto unas siluetas fantasmagóricas deambulando por la zona y que podría tratarse de las cuatro víctimas que, debido a la trágica muerte que sufrieron, se han quedado en el lugar donde se encontraron sus cuerpos.
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