Madrid, como toda capital, cuenta con una gran red de metro formada por trece líneas que a diario es recorrida por miles y miles de personas a todas horas como medio de transporte.
En esta ocasión, recorriendo la línea 1, vamos a
detenernos en la céntrica parada de la plaza Tirso de Molina, inaugurada el 26
de diciembre de 1921, pues en el lugar donde se encontraba inicialmente el
Convento de la Merced que en 1834 fue abandonado y derruido tras la desamortización
de Mendizábal.
Este convento, datado en 1564, fue fundado por Fray Gaspar de Torres para alojar a los monjes de la Orden de la Merced Calzada de la zona. Durante un par de siglos, el convento y la Orden gozaron de prosperidad hasta que durante la invasión napoleónica, el convento fue saqueado y despojado de gran parte de sus riquezas artísticas. Finalmente, en 1840 fue abandonado y, posteriormente destruido, como consecuencia de la desamortización de Mendizábal.
En el solar que quedó donde se encontraba este convento de monjes, se construyó una plaza que recibió el nombre de “Plaza del Progreso” para, posteriormente, rebautizarse con el actual nombre, pues el conocido dramaturgo Tirso de Molina, cuyo nombre real era Gabriel Téllez, fue uno de los frailes que vivió en dicho convento.
Cuando en 1921 comenzaron las obras para construir el tramo de metro que pasba por esta zona, los obreros se toparon varios esqueletos de personas, que se trataban de los restos de los frailes que fueron enterrados bajo el desaparecido convento. Como las autoridades no sabían qué hacer con aquellos restos, decidieron dejarlos donde se encontraron, emparedarlos y cubrir la zona con azulejos pensando que de esa forma aquel secreto o fortuito encuentro quedaría olvidado.
Pero esto no ocurrió, ya que con el tiempo comenzaron a correr extraños rumores en aquella parada de la Línea 1 del metro de Madrid. Muchos viajeros aseguran que es posible escuchar extraños sonidos o pisadas en las horas de menor tránsito del metro y que no se correspondería con ninguno de los ruidos habituales que es posible escuchar allí. Y, en ocasiones, los rumores van más allá pues hay quien asegura haber visto espíritus que vagan por el andén o incluso se montan en el metro antes de desaparecer. Incluso corre el rumor de que un médium salvó a una estudiante del ataque del fantasma de una mujer.
Lo sorprendente es que estos
extraños sucesos no se limitan únicamente a la parada de metro, sino que en la
plaza y en algunos comercios de la zona también se han vivido: objetos que se
mueven solos, pisadas, descensos de temperatura, la sensación de ser observado
o perseguido, sombras e incluso lamentos son algunos de los episodios que estos
testigos cuentan.
A pesar de estos fenómenos,
que quizás se desataron cuando los restos de aquellos monjes fueron removidos,
las personas siguen pasando por esta plaza y por esta parada de metro con total
normalidad. Algunos sin temor a lo desconocido y otros ajenos a que quizás unos
ojos invisibles les observan desde los oscuros rincones de la parada de Tirso
de Molina.
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