En
Cáceres se encuentra Arroyo de la Luz, un tranquilo municipio que fue testigo
de un suceso totalmente inusual en la vivienda de uno de sus vecinos.
El
número 28 de la calle Gabriel y Galán era la residencia de la familia Castaño.
En la madrugada del día 10 de agosto, el padre de familia se levantó y al pisar
descalzo el suelo de una habitación pudo notar una sustancia pegajosa, por lo
que encendió la luz y vio que acababa de pisar una extraña mancha rojiza.
Además, pudo observar como de una de las paredes brotaba un líquido rojo
brillante, suceso para el cual no tenía una explicación razonable. Ese líquido,
una vez en el suelo, recorría la habitación extendiéndose por el resto de la
casa. Entonces el hombre se dio cuenta de lo que sucedía: la casa estaba
sangrando.
Por
tal motivo, el hombre decidió llamar aterrado al cuartel de la Guardia Civil.
Cuando los guardias se presentaron en la casa, el extraño líquido había dejado
de brotar de la pared, pero las paredes y el suelo estaban manchados de aquella
sustancia rojiza. Por tal motivo, se contactó con el médico del pueblo para que
pudiese atender a la familia, que estaba en auténtico estado de shock. Pero
aquella no fue la única labor del médico en la casa, pues su testimonio fue
fundamental para confirmar que la sustancia que había brotado de la pared era
sangre. Buscando establecer cuál era su origen, se tomó una muestra que fue
analizada posteriormente. Sorprendentemente, el resultado reveló que se trataba
de sangre humana.
Evidentemente,
el caso se extendió rápidamente entre las calles de Arroyo de Luz, apodándose
el lugar como “La Casa Sangrante”. Este inexplicable suceso dio lugar a
diversas teorías.
En una
de ellas se acusaba a una de las hijas del matrimonio de haber abortado para,
posteriormente, haber emparedado el feto y así ocultar el embarazo a los
vecinos. Sin embargo, esta macabra teoría fue absolutamente desmentida por la
familia Castaño.
Otra
explicación que se creó indicaba que la sangre podía haber llegado a la casa a
través de las tuberías, pues ésta se ubicaba cerca de un antiguo matadero de
cerdos. No obstante, el matadero había cerrado tres años antes de aquel suceso.
Además, no parecía posible que existiese ningún tipo de filtración. Otro
aspecto que desbarataba esta teoría era que la sangre encontrada se había
confirmado como humana y no animal.
Otra
de las teorías decía que, antes de iniciarse la Guerra Civil, una madre había
matado a su hija en el inmueble, ocultando posteriormente su cadáver en una
pared. Por tal motivo, el fenómeno se trataría de teleplastia, por lo que la
aparición de sangre en las paredes se habría desarrollado por un ente como
forma de comunicarse con los actuales dueños de la casa y hacerles saber lo que
sucedió décadas atrás en esa misma casa.
Afortunadamente,
aquel suceso no se volvió a repetir, aunque fue lo suficientemente llamativo
como para aparecer en los titulares de diferentes periódicos de la región.

La causa de la aparición de aquel rastro de sangre no fue
descubierto, los rumores poco a poco se fueron apagando y no se ha vuelto a
repetir un suceso así. Pero, quizás, “La Casa Sangrante” espera en silencio una
nueva oportunidad para manifestarse y contar algún trágico suceso que tuvo
lugar entre aquellas paredes.
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