
Una balma es una palabra celta que hace referencia a
cuevas naturales poco profundas. Estas cuevas eran a menudo asociadas con
lugares espirituales, por lo que a menudo se han realizado rituales y
ceremonias de brujería o espiritismo.

Esta balma, en concreto, está relacionada con una
leyenda cristiana, según la cual, a un pastor que se encontraba en la zona, se
le apareció la Virgen María, quien le pidió que se construyese un templo en su
honor a cambio de otorgar su protección a los habitantes de Zorita del
Maestrazgo. Además, como prueba de tal aparición, la Virgen le curó al pastor
un brazo que tenía inutilizado. En dicho lugar, además, el pastor encontró una
talla que representaba a la Virgen María. Sin pensárselo, el pastor acudió al
pueblo y le contó al cura de la localidad lo sucedido. El sacerdota fue a la
balma, cogió la talla y se la llevó a la iglesia de Zorita del Maestrazgo. No
obstante, la talla desapareció volviendo a aparecer en la balma. Tras este
suceso, se construyó el santuario que allí se encuentra y que, desde 1979, está
declarado Monumento Histórico Artístico.

Pero, otra historia dio fama al santuario de la Virgen
de Balma, y es que se convirtió en un lugar de peregrinaje para personas que
buscan sacar al demonio que se había apoderado del cuerpo de sus familiares.
Poco a poco, la balma se llenó de personas supuestamente endemoniadas y de
personas seducidas por la magia negra y las fuerzas del mal.

El periodista Alardo Prats y Beltrán relató en el libro
“Tres días con los endemoniados. La España desconocida y tenebrosa” lo que presenció en el santuario tras pasar tres días allí.

El periodista fue testigo de cómo los endemoniados
eran introducidos al a fuerza en la cueva mientras se retorcían para poder
escapar. Una vez dentro, les ataban lazos en los dedos de los pies y las manos
para que el demonio saliese del cuerpo usando esos lazos como guía, ya que
temían que si lo hacía por los ojos, oídos o boca, el endemoniado quedarse
ciego, sordo o mudo. Mientras el poseído se retorcía y gritaba intentando
escapar, la balma se llenaba de salmos, cánticos y oraciones, hasta que uno de
los lazos se soltaba, pues eso significaba que el demonio en su interior había
salido.
Con el paso de los años, debido a la gran afluencia de
gente que hubo en la balma, y lo peligrosos que esto podía ser, se prohibió que
acudiesen las personas para realizar tales exorcismos y, poco a poco, esa
tradición cayó en el olvido.

Actualmente, el Santuario de la Balma ha recuperado la
tranquilidad, convirtiéndose en un lugar interesante para visitar por el bonito
entorno en el que se encuentra.
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