En la provincia de Tarragona, ubicado entre la sierra de Montalt y la muela de Genessies, se encuentra Fatxes, un pueblo que nació durante la Baja Edad Media por la necesidad de los habitantes del a zona de estar junto a los cultivos y explotaciones forestales y ganaderas, pero que hoy día está completamente deshabitado.
Este lugar, quizás por ubicarse en un emplazamiento de complicado acceso, nunca tuvo un gran número de habitantes, alcanzando a inicios del siglo XX los 77 habitantes, siendo esta la mayor cantidad de personas que allí han habitado. Y, tras alcanzar este máximo, el número fue disminuyendo hasta su total abandono alrededor de 1950.
Curiosamente, en 2001 una
constructora japonesa se interesó en restaurar el pueblo, aunque este proyecto
no salió adelante pues, tras el terremoto de Fukushima en 2011, todas las
partidas presupuestarias destinadas a este tipo de proyecto fueron canceladas.
Y, aunque muchos argumentan
que el motivo de abandonar esta localidad fue por su mala ubicación y las
escasas posibilidades de progreso de sus habitantes, hay quienes comentan que
realmente la gente se marchó aterrada por unos extraños crímenes que ocurrieron
y que estuvieron acompañadas de historias de brujería. Según cuentan, una
extraña locura se apoderó de algunos habitantes de Fatxes que cometieron
crímenes atroces, entre los que tuvieron más importancia la muerte de un hombre
a manos de su hijo, y que terminó suicidándose en una cueva, o el asesinato de
un hombre a su mujer mientras trabajaban en la era. Los rumores hablaban de que
sobre el pueblo pesaba una extraña maldición que había provocado una bruja tras
haber sido de allí desterrada, y que hacía que la gente enloqueciese y perdiese
la razón.
Son muchos los que se han
interesado en visitar este lugar y varios hablan de fantasmales procesiones que
cruzan el pueblo hasta desaparecer sin dejar rastro o de extrañas neblinas que
surgen de la nada y que erizan el vello a cualquiera que lo presencie. Y,
atraídos por estas historias, varios investigadores han realizado psicofonías
en las que se ha podido recoger voces de ultratumba hablando de asesinatos y
apuñalamientos. Además, mientras los investigadores recorrían Fatxes, pudieron
sentirse en varias ocasiones observados por ojos invisibles, así como sufrir
bruscos cambios de temperatura o una extraña presión en el cuerpo que les hacía
saber que no eran bienvenidos allí.
Todos esos sucesos fueron
recogidos por el antropólogo José Reche en su libro “La soledad inquietante”.
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