En julio de 1985, Elena, una enfermera del
hospital de Granada, se encontraba en recepción atendiendo al público.
Esa tarde, un señor con expresión
preocupada se acercó a la ventanilla para preguntar sobre el estado de su
esposa, que acababa de ser operada de un tumor. Cuando Elena se disponía a
contestarle, una muchacha totalmente pálida y rígida se acercó a la ventanilla
y con casi un susurro le preguntó por su madre que, casualmente, era la misma
mujer por la que había preguntado el hombre. Aunque la situación le resultó
extraña, Elena dijo en voz alta el número de la habitación y añadió que podían
subir a verla. El hombre, muy extrañado, dijo: “¿cómo que pueden?”, reacción
que Elena no comprendió. Finalmente, el hombre se dirigió a la habitación
seguido de la chica.
Al cabo de un rato, la joven regresó a la
ventanilla y pidió hablar con el médico que atendía a su madre. Elena contactó
con Alicia, la médico, que acudió a atender a la joven subiendo juntas hacia la
planta donde se encontraba la madre.
Apenas habían pasado quince minutos cuando
la joven volvió a aparecer una vez más repitiendo que quería hablar con el
médico que atendía a su madre. Extrañada, Elena volvió a llamar a Alicia y la
médico le dijo que la joven estaba con ella. Por ello, Elena dijo que era
imposible, que la joven estaba delante de ella y la describió, descripción que
encajaba con la joven que había junto a Alicia.
Tras ese inexplicable suceso, Alicia dejó
a la joven en la sala de espera y cerró la puerta con llave y Elena le dijo a
la joven que había con ella que subiese las escaleras, que la médico la
esperaba. Los minutos pasaron y Alicia llamó a Elena explicándole que había
estado esperando y que allí no había llegado nadie pero, lo absolutamente
inexplicable, es que la joven que había en la sala de espera había desaparecido
a pesar de encontrarse la puerta cerrada con llave.
Pasaron los días y la enfermera y la
médico entraron en la habitación de la mujer que había sido operada del tumor.
Dentro, se encontraban su marido y su hijo. Además, en la mesita de noche había
una fotografía de una muchacha a la que reconocieron como la joven misteriosa.
Alicia preguntó con tono amistoso que quién era aquella joven y la mujer le
contesto que era su hija y que había fallecido en un accidente dos años antes.
Tal fue el impacto de aquella noticia que entraron en shock y Alicia se vio
obligada a darse temporalmente de baja.
Días más tarde la mujer abandonó el
hospital con su marido y su hijo, y no se volvió a ver a aquella joven que,
desde el más allá, había ido a visitar a su madre.
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