lunes, 30 de julio de 2018

SATANÁS Y LA CUEVA DE SALAMANCA

En uno de los escasos restos conservados de la antigua muralla de Salamanca se esconde una de las principales leyendas de la ciudad. Un lugar que, en la actualidad, atrae a miles de curiosos por los sucesos que allí acontecieron.
Este lugar es la Cueva de Salamanca, una antigua cripta subterránea que se encontraba detrás de la sacristía de la iglesia de San Cebrián, un templo románico que se construyó con motivo de la repoblación de la ciudad en el siglo XII.

Esta cueva era la entrada a un laberinto subterráneo que recorría la ciudad y donde, según se cuenta, brujas y seguidores del mal realizaban rituales satánicos y practicaban magia negra.

Pero la principal leyenda cuenta que en esa cueva impartía clases el párroco de la iglesia, Clemente Potosí. Debido a que los alumnos nunca revelaban qué aprendían en aquellas clases o qué actividades realizaban, los ciudadanos comenzaron a creer que quien daba las clases era Satanás haciéndose pasar por un sacristán. De esa forma, Satanás impartía ciencias ocultas como magia, adivinación o astrología. Para ello, Satanás elegía a siete alumnos a los que impartía clases durante siete años. Al terminar este periodo de tiempo uno de ellos debía pagar por las clases que los siete alumnos habían recibido. Para elegir a dicho alumno se realizaba un sorteo. Cuando uno de los siete aprendices era elegido, debía pagar el coste de las clases, pero si no podía hacerlo debía permanecer encerrado en la cueva de por vida.

Muchos fueron los alumnos que Satanás tuvo en esta cueva, pero el más importante fue Enrique de Aragón, marqués de Villena.
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Y fue el propio Enrique quien salió elegido en el sorteo y, al no poder pagar las clases de los demás, fue obligado a permanecer en aquella cripta. No obstante, el joven ideó un plan para escapar. Se escondió en el interior de una tinaja. Cuando Satanás regresó a la cueva y se la encontró vacía, se marchó rápidamente a buscarle pensando que había escapado, dejando la puerta abierta, ocasión que aprovechó el marqués de Villena para escapar. Desgraciadamente, durante su huida perdió su sombra, lo que le marcó para el resto de su vida como “seguidor de Satanás”.

La mala fama de Enrique de Aragón aumentó cuando decidió escribir numerosas obras sobre las diversas disciplinas que cultivó como medicina o astronomía.
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Por ello fue acusado de nigromancia y de hechicero y sus libros y manuscritos fueron quemados por orden del obispo de Cuenca.

Esta leyenda cruzó el océano Atlántico extendiéndose entre los habitantes de América del Sur, quienes comenzaron a llamar “salamancas” a las cuevas, lugares oscuros y ocultos en los que se desarrollan prácticas de quiromancia, nigromancia, o adivinación.

Dicha leyenda también ha sido reflejada en diferentes obras literarias de grandes escritores como Miguel de Cervantes o Pedro Calderón de la Barca.

La iglesia donde se ubicaba la cueva fue derribada en 1580 quedando solo una parte de la cueva.
A día de hoy, para los salmantinos este sigue siendo el lugar en el que Satanás impartió clases, por lo que se ha convertido en uno lo de los lugares turísticos más atrayentes e intrigantes de España.

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