viernes, 8 de febrero de 2019

EL PARADOR DE JAÉN


El Parador de Jaén está situado en el Cerro de Santa Catalina, un excelente balcón a la Sierra de Cazorla y la Sierra del Segura.
Se trata de uno de los tres edificios que forman el Castillo de Jaén.

Fue inicialmente construido por Anibal durante la época cartaginesa como fortaleza para proteger la ciudad. Posteriormente, los romanos mantuvieron y reforzaron dicha fortaleza. Tras la conquista musulmana, el edificio fue reconstruido, siendo ampliados sus espacios. Más tarde, tras la reconquista de Jaén en 1246 por Fernando III “el Santo”, se remodeló para formar un Alcázar cristiano, otorgándole el nombre de Santa Catalina por la capilla que se construyó en dicha fortaleza.

No obstante, durante la Guerra de Independencia, las tropas francesas eligieron este emblemático edificio para asentarse, modificando parte de la estructura de dicho Alcázar, construyendo un hospital para los heridos.

El edificio cayó en el olvido hasta que el Ayuntamiento de Jaén lo compró para restaurarlo, acondicionándose en 1965 como Parador.

Pero, es entonces cuando las leyendas y los rumores sobre figuras fantasmales empiezan a aparecer, testimonios ligados a una leyenda. Una leyenda cuyo protagonista es el condestable de Castilla durante el reinado de Enrique IV, Miguel Lucas de Iranzo.
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Según dicha leyenda, dicho condestable se enamoró de una mora con la que contrajo matrimonio. En una ocasión el hombre salió a combatir a las tropas musulmanes que aún estaban establecidos en Andalucía. Durante su ausencia, un grupo de ciudadanos de Jaén asaltaron el castillo, asesinando y quemando a la mujer, que estaba embarazada. Tal fue la frialdad de este asesinato que hizo que el espíritu de la joven quedase atado al torreón del Alcázar, lugar en el que fue asesinada.

Aunque no es la única leyenda que se cuenta, pues hay quien asegura que en el castillo murió un preso, cuya alma adopta la forma de los clientes del Parador para confundir y engañar a los empleados.
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Pero lo que realmente ha dado importancia a ambas leyendas han sido los testimonios de los empleados y huéspedes del Parador sobre las habitaciones 22 y 23 del torreón, pues son las habitaciones donde parece concentrarse toda la actividad paranormal.
Diferentes testimonios hablan de muebles que cambian de posición, cajones que se abren y se cierran, maletas que aparecen abierta, sombras en el pasillo, golpes en la puerta, sonidos indescriptibles, bruscos descensos de temperatura, fallos en la electricidad, llantos, o la silueta de una mujer con indumentaria árabe que vaga por el pasillo.

El actual responsable del Parador comenta que, aunque él no ha tenido ninguna experiencia paranormal en su lugar de trabajo, sí ha oído comentarios de muchos empleados y clientes.

Una empleada del Parador contó que vio una luz muy potente moverse por un pasillo portando un gran frío a su paso. Aquella puso a la mujer bastante nerviosa.

En una ocasión, un cliente alojado en la habitación 22 del torreón puso una reclamación porque alguien estuvo toda la noche dando golpes en la puerta a pesar de no haber nadie en el pasillo.

Pero no es la única reclamación de los huéspedes pues, en otra ocasión, unos huéspedes alojados en la misma habitación se quejaron porque el huésped de la habitación superior había estado toda la noche dando golpes, gritando y moviendo muebles. Para su sorpresa, justo encima de su habitación se encuentra el tejado, por lo que fue imposible que hubiese nadie arrastrando muebles encima de ellos.

Pero también ha producido anécdotas bastantes divertidas. En una ocasión se alojaron en la habitación 23 un grupo de personas atraídas por el mundo paranormal, colocando durante la noche en la escalera diferentes aparatos para capturar fantasmas. No obstante, en mitad de lo noche salieron del cuarto los huéspedes de la habitación 22, quienes no sabían nada de lo que se había preparado. En ese momento, todos los sensores de movimiento se activaron causando un gran caos en el torreón.

La situación se volvió tan conocida que Iker Jiménez lo analizó en su programa Cuarto Milenio. El periodista, además contó que en el Parador tuvo un sueño lúcido en el que aparecía una niña de unos cuatro años cerca de su cama. Lo asombroso del suceso es que un compañero suyo tuvo el mismo sueña aquella misma noche.

De esta forma el Parador de Jaén ha forjado su propia leyenda, invitando a multitud de curiosos a descubrir sus bellos rincones y, a los más atrevidos, a experimentar qué se siente al alojarse en las habitaciones 22 y 23.

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