La Mussara es una antigua aldea situada en
Tarragona que desde 1959 se muestra completamente deshabitada.

Actualmente, de la que antiguamente fuese
una rica y señorial aldea, sólo quedan edificios en ruinas cubiertos por la
vegetación de la zona. No obstante, para quien decide visitar tales ruinas es
posible encontrar restos de edificios del gótico, especialmente la iglesia de
Sant Salvador.
Aunque no se sabe el verdadero motivo por
el que este pueblo sufrió tan repentino abandono, se cree que se debió a una
grave epidemia de filoxera, una enfermedad que afecta a la raíz de las plantas
y que destruyó cosechas rompiendo la perfecta economía de aquella aldea. Aunque
hay quien opina que el verdadero motivo fue la falta de agua para regar los
cultivos.
No obstante, a pesar de haber sido
abandonado, La Mussara se ha convertido en un lugar bastante visitado por los
hermosos paisajes que se pueden disfrutar practicando senderismo, ciclismo o
escalada.
Pero el bello entorno no es lo único que
atrae a las personas, pues en La Mussara hay un inquietante misterio que aún no
se ha resuelto.
En primer lugar, es una zona en la que las
nieblas son frecuentes, fenómeno meteorológico que hace huir a algunos por
miedo, pero que atrae a otros por los extraños sonidos y figuras que surgen de
dicha niebla.

Pero la mayoría de los fenómenos extraños
se producen en los restos de la iglesia de Sant Salvador donde hay quien
asegura que sólo cuando aparece la niebla es posible escuchar el sonido de las
campanas. Además, quienes se atreven a entrar a dicha iglesia pueden observar
diferentes símbolos satánicos que muestran que se han realizado sesiones
satánicas en dicho lugar. Hay incluso quien asegura haber captado extrañas
psicofonías en el interior de la iglesia.
Algunos senderistas aseguran haber
escuchado el sonido de caballos galopando velozmente hacia ellos, a pesar de no
haber ningún equino en las inmediaciones de la aldea.
Pero lo que sin duda resulta más inexplicable es una extraña piedra en la
zona que, según los testimonios, trasporta a otra dimensión a todo el que la
pise.

Quizás el origen mágico de la piedra reside en una forma de tratar de
justificar las habituales y extrañas desapariciones que tienen lugar en La
Mussara.
En una ocasión, un alférez de un campamento
cercano fue hasta La Mussara volviendo al cabo de un par de horas. Al regresar,
todos sus compañeros le estaban buscando pues habían pasado realmente doce
horas. El alférez no comprendía lo sucedido pero, en efecto, habían pasado doce
horas y no dos como a él le habían parecido.
En el año 1995, un ingeniero alemán que
trabajaba en la zona desapareció durante tres horas. Cuando lo encontraron no
parecía saber cómo había llegado a aquel lugar ni lo que había sucedido
mientras estaba allí.
Pero el caso más llamativo tuvo lugar el
16 de octubre de 1991 cuando un grupo de amigos se dirigió a La Mussara para
coger setas, zona bastante frecuentada por ellos. En un momento dado, se
percataron de que uno de los amigos, Enrique Martínez Ortiz, no estaba entre ellos,
por lo que le buscaron en las inmediaciones y, al no encontrarlo, llamaron a la
Guardia Civil, que acudió al lugar de inmediato con perros de búsqueda, pero lo
único que encontraron fue la cesta del hombre con una única seta en una zona
completamente lisa junto a la piedra mágica. Resultaba improbable que se
hubiese marchado porque su coche se encontraba aparcado con varios enseres
personales en su interior. También se descartó el ataque de algún animal a no
encontrarse ningún resto. Tal fue el impacto que aquella desaparición causó que
diferentes periódicos trataron la noticia.

Al cabo del tiempo, al no haberse
encontrado ninguna pista sobre el posible paradero de Enrique, el juez decretó
cerrar el caso. No obstante, los amigos del desaparecido acudieron al lugar
para buscarle una última vez. Fueron ampliando el perímetro hasta que se hizo
de noche, por lo que se dirigieron a la aldea. En ese momento, escucharon el
ruido de los cascos de unos caballos cerca de la iglesia de Sant Salvador, por
lo que decidieron mirar quién paseaba a caballo a aquellas horas. En ese
momento, los tres fueron testigos de unas siete figuras semitransparentes con
hábitos de monje montados a caballo que deambularon durante unos instantes por
el interior de la iglesia hasta desaparecer por completo. No obstante, cuando
contaron a las autoridades lo sucedido, nadie les creyó y el caso siguió
cerrado no habiéndose descubierto a día de hoy qué sucedió con Enrique.
La Mussara sigue atrayendo a multitud de
curiosos deseosos de disfrutar de las maravillas de la naturaleza como de ser
testigo de alguno de los fenómenos paranormales que allí se producen, aunque
muchos con temor de desaparecer sin dejar rastro.
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