viernes, 19 de abril de 2019

EL MISTERIO DE LA MUSSARA


La Mussara es una antigua aldea situada en Tarragona que desde 1959 se muestra completamente deshabitada.
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Actualmente, de la que antiguamente fuese una rica y señorial aldea, sólo quedan edificios en ruinas cubiertos por la vegetación de la zona. No obstante, para quien decide visitar tales ruinas es posible encontrar restos de edificios del gótico, especialmente la iglesia de Sant Salvador.
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Aunque no se sabe el verdadero motivo por el que este pueblo sufrió tan repentino abandono, se cree que se debió a una grave epidemia de filoxera, una enfermedad que afecta a la raíz de las plantas y que destruyó cosechas rompiendo la perfecta economía de aquella aldea. Aunque hay quien opina que el verdadero motivo fue la falta de agua para regar los cultivos.

No obstante, a pesar de haber sido abandonado, La Mussara se ha convertido en un lugar bastante visitado por los hermosos paisajes que se pueden disfrutar practicando senderismo, ciclismo o escalada.
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Pero el bello entorno no es lo único que atrae a las personas, pues en La Mussara hay un inquietante misterio que aún no se ha resuelto.

En primer lugar, es una zona en la que las nieblas son frecuentes, fenómeno meteorológico que hace huir a algunos por miedo, pero que atrae a otros por los extraños sonidos y figuras que surgen de dicha niebla.
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Pero la mayoría de los fenómenos extraños se producen en los restos de la iglesia de Sant Salvador donde hay quien asegura que sólo cuando aparece la niebla es posible escuchar el sonido de las campanas. Además, quienes se atreven a entrar a dicha iglesia pueden observar diferentes símbolos satánicos que muestran que se han realizado sesiones satánicas en dicho lugar. Hay incluso quien asegura haber captado extrañas psicofonías en el interior de la iglesia.

Algunos senderistas aseguran haber escuchado el sonido de caballos galopando velozmente hacia ellos, a pesar de no haber ningún equino en las inmediaciones de la aldea.

Pero lo que sin duda resulta más inexplicable es una extraña piedra en la zona que, según los testimonios, trasporta a otra dimensión a todo el que la pise.
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Quizás el origen mágico de la piedra reside en una forma de tratar de justificar las habituales y extrañas desapariciones que tienen lugar en La Mussara.

En una ocasión, un alférez de un campamento cercano fue hasta La Mussara volviendo al cabo de un par de horas. Al regresar, todos sus compañeros le estaban buscando pues habían pasado realmente doce horas. El alférez no comprendía lo sucedido pero, en efecto, habían pasado doce horas y no dos como a él le habían parecido.

En el año 1995, un ingeniero alemán que trabajaba en la zona desapareció durante tres horas. Cuando lo encontraron no parecía saber cómo había llegado a aquel lugar ni lo que había sucedido mientras estaba allí.

Pero el caso más llamativo tuvo lugar el 16 de octubre de 1991 cuando un grupo de amigos se dirigió a La Mussara para coger setas, zona bastante frecuentada por ellos. En un momento dado, se percataron de que uno de los amigos, Enrique Martínez Ortiz, no estaba entre ellos, por lo que le buscaron en las inmediaciones y, al no encontrarlo, llamaron a la Guardia Civil, que acudió al lugar de inmediato con perros de búsqueda, pero lo único que encontraron fue la cesta del hombre con una única seta en una zona completamente lisa junto a la piedra mágica. Resultaba improbable que se hubiese marchado porque su coche se encontraba aparcado con varios enseres personales en su interior. También se descartó el ataque de algún animal a no encontrarse ningún resto. Tal fue el impacto que aquella desaparición causó que diferentes periódicos trataron la noticia.
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Al cabo del tiempo, al no haberse encontrado ninguna pista sobre el posible paradero de Enrique, el juez decretó cerrar el caso. No obstante, los amigos del desaparecido acudieron al lugar para buscarle una última vez. Fueron ampliando el perímetro hasta que se hizo de noche, por lo que se dirigieron a la aldea. En ese momento, escucharon el ruido de los cascos de unos caballos cerca de la iglesia de Sant Salvador, por lo que decidieron mirar quién paseaba a caballo a aquellas horas. En ese momento, los tres fueron testigos de unas siete figuras semitransparentes con hábitos de monje montados a caballo que deambularon durante unos instantes por el interior de la iglesia hasta desaparecer por completo. No obstante, cuando contaron a las autoridades lo sucedido, nadie les creyó y el caso siguió cerrado no habiéndose descubierto a día de hoy qué sucedió con Enrique.

La Mussara sigue atrayendo a multitud de curiosos deseosos de disfrutar de las maravillas de la naturaleza como de ser testigo de alguno de los fenómenos paranormales que allí se producen, aunque muchos con temor de desaparecer sin dejar rastro.

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