Entre
el paseo de Recoletos y la calle Alcalá de Madrid se encuentra el Palacio de
Linares.

Su
origen se remonta al año 1872 cuando José de Murga y Raimunda de Osorio,
marqueses de Linares, compraron el solar para mandar construir un palacio. Los
marqueses se mudaron al edificio en 1884, aunque las obras realmente
finalizaron en 1900.


Cuando
la construcción hubo terminado, el matrimonio pudo disfrutar de un edificio de
cuatro pisos además de un subsótano extendido a lo largo y ancho de las
caballerizas y del jardín, formado por diferentes galerías, actualmente
cegadas, que en otra época comunicaban con los edificios cercanos.

Tras la muerte de los marqueses
de Linares, el palacio fue heredado por la condesa de Villapadierna, quien era
ahijada del matrimonio.
Con el
paso de los años, el edificio pasó de unas manos a otras. No obstante,
permaneció en desuso, además de sufrir grandes desperfectos durante de la
Guerra Civil, por lo que el palacio estuvo a punto de ser derruido.
Afortunadamente, en 1976 fue declarado Monumento Histórico Artístico, por lo
que el edificio fue rehabilitado siendo posible contemplar la decoración
original.
En el
año 1992, al celebrarse los actos del V Centenario del Descubrimiento de
América, el Palacio de Linares se reabrió como un centro cultural llamado “Casa
de América”.
Pero
el Palacio acoge en su interior una serie de oscuros acontecimientos
relacionados con los marqueses de Linares pues, según cuentan, sus espíritus
vagan por el Palacio. Pero no son los únicos, pues les acompaña el espíritu de
su hija. Los marqueses son, además, protagonistas de una leyenda, pues cuando
José de Murga le confesó a su padre que se había enamorado de Raimunda Osorio,
una muchacha humilde, éste mandó a su hijo a estudiar a Londres para que éste
se olvidase de aquel amor. No obstante, el hombre falleció y José regresó a
Madrid, donde se casó con Raimunda. Tiempo después, el joven encontró una carta
de su padre en la que le explicaba que aquella joven de la que se había
enamorado era su medio-hermana, pues había nacido a raíz de una relación
extramatrimonial. El matrimonio al ser consciente del incesto que habían
cometido, contactaron con el papa Pío IX, quien les otorgó una bula papal
denominada “Casti convivere”, por la que podían vivir en el mismo hogar pero en
castidad. Desgraciadamente para ellos, Raimunda se había quedado embarazada
previamente, dando a luz a una niña a la que ahogaron para evitar el escándalo
que habría supuesto que los demás descubriesen que aquella niña era fruto del
incesto. Tras el asesinato, la niña fue emparedada en el palacio.
Pero
esta leyenda cobró realmente importancia durante las obras de restauración del
inmueble, cuando los obreros y guardias de seguridad afirmaron haber sido
testigos de temperaturas gélidas en algunas estancias, como el sonido de un
órgano que resuena por los pasillos, o incluso unos pasos corriendo por el salón
de baile.

Como
respuesta a tales declaraciones, diferentes expertos en psicofonías entraron en
el edificio intentando captar alguna voz reveleadora. Entre las diferentes
psicofonías captadas, la más destacadas fueron las de la doctora Carmen Sánchez
de Castro, quien captó diferentes voces. La primera voz ordenaba a las personas
que se encontraban allí que se marchasen. Otra voz, la de una niña, decía
“Mamá…yo no tengo mamá”. Pero la más reveladora era la de una mujer que decía
“Mi hija… nunca oyó decir mamá”. Además, esta mujer tomó fotografías de
distintas estancias, pudiendo apreciarse en algunas de ellas pequeños orbes.
Además, al entrar en una habitación, pudo sentir una especie de energía que la
empujaba hacia atrás.
No obstantes, hubo quien afirmó
que las pruebas presentadas por la doctora eran falsas.
Actualmente
no se ha podido confirmar la veracidad de tales pruebas. Lo que sí está claro
es que el Palacio de Linares ha captado la atención de muchos curiosos que lo
visitan, no sólo por su contenido cultural, sino con la esperanza de poder
encontrar el fantasma de la hija de los marqueses de Linares.
No hay comentarios:
Publicar un comentario