Como toda ciudad española, Madrid tiene su propia Plaza Mayor: un lugar muy concurrido y que esconde años de historia entre sus muros.
Este lugar surgió en el siglo XVI como lugar en el que se celebraba el mercado principal de la villa. Durante esta época, se construyó la primera casa porticada para regular el comercio en la plaza.
Con el paso del tiempo, la plaza evolucionó y las distintas funciones que se desarrollaban en era también cambiaron. De hecho, durante el siglo XVII fue el de plaza de ejecuciones por parte de la Santa Inquisición. Durante esta época, el patíbulo de ejecución se situaba delante del portal de pañeros si la pena era por de garrote vil, enfrente de la panadería si la muerte era por horca, o delante de la carnicería si la condena era por hacha.
Todos estos
acontecimientos han dado lugar al temor y a la leyenda, ya que hay muchos
ciudadanos que aseguran que a altas horas de la noche se pueden escuchar los
gritos de quienes murieron en los incendios y que incluso se puede percibir el
olor del humo. Además, cuando se produjo el primer incendio, los ciudadanos
relacionaron el suceso con una maldición diabólica creada por quienes fueron
condenados a muerte en dicha plaza. Por tal motivo, llenaron el lugar de
imágenes religiosas como forma de crear una protección.
Otros creen que los gritos son producidos por el eco de la agonía y el sufrimiento de los condenados a muerte durante los Autos de Fe, ya que van acompañados con el sonido de unas cadenas. También hay quien dice que se puede percibir olor a carne putrefacta y a sangre. Además, es bien conocido el fantasma de un varón a quien han dado el nombre de Cirilo, quien se cree fue el primer ejecutado en la Plaza Mayor, espíritu que suele aparecerse a quienes pasan por la plaza de madrugada con aspecto de estar desorientado para dar un buen susto.




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