Torrevieja es una conocida localidad costera de Alicante que durante la época estival alberga a una gran cantidad de turistas que buscan unos días de playa.
En esa ciudad existe una leyenda
sobre un pirata y contrabandista, de nombre Pedro que vivía en la Plaza de
Oriente y al que todos sus vecinos daban la espalda por su mala vida. Esto
repercutía aún más en su personalidad pues, al sentirse despreciado, se volvió egoísta
y huraño.
Un día, apareció en la zona
un perro huyendo de unos jóvenes que lo estaban maltratando, intentado
encontrar un refugio. Los vecinos, al ver la situación, se limitaban a echar al
perro de sus puertas hasta que el animal terminó frente a la choza de Pedro el
Pirata. El hombre, al ver al perro asustado y apaleado, lo acogió en su casa y
lo cuido hasta que, años después, el perro murió y Pedro lo enterró en el
patio.
Algunos días más tarde, la
hija de una vecina falleció de tuberculosis y el pirata, que con el tiempo
había dejado de ser tan solitario, acudió al velatorio. La madre comentó que su
hija quería ser enterrada con el ataúd lleno de flores, pero en esa zona
costera estas no crecían. Pero, para sorpresa de todos, Pedro apareció con un
gran número de flores. Y es que, justo donde había enterrado a su fiel mascota,
las flores habían crecido fuertes y hermosas.
Tiempo después, otro vecino
de Pedro falleció, y los vecinos acudieron a él para descubrir que, una vez
más, sobra la tumba del perro, volvían a crecer numerosas flores. Y, en múltiples ocasiones, este suceso se repitió de forma mágica. Todo parecía indicar que aquel perro quería devolverle el favor a la única persona que le ayudó para que pudiese conseguir el aprecio de los demás.
Desde entonces, la gente de Torrevieja dejó de darle la espalda a Pedro el Pirata y le acogieron como a un antiguo contrabandista dispuesto a ayudar a los demás.
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