Pamplona es una ciudad de unos 209.000 habitantes, y capital de Navarra. Esta ciudad es famosa por los “Sanfermines”. Pero lo que muchos participantes de los “encierros” desconocen es lo que ocurre en un lugar frente al que pasan mientras tratan de huir de los toros, lo que sucede en el interior del Museo de Navarra, ubicado en el número 47 de la Cuesta de Santo Domingo.
Este museo, fundado en 1956, se encuentra en el antiguo hospital de Nuestra Señora de la Misericordia, función que cumplió hasta 1932.
No hay un registro del número de fallecidos que pudiese haber en el edificio cuando era un hospital, pero sí que existe un registro de sucesos extraños en este inmueble cuando ya era un museo y que se inició la noche del 25 de noviembre de 1990.
Esa noche, la alarma se activó en la cuarta planta del edificio, indicando que los sensores habían detectado una presencia, por lo que los guardias de seguridad que hacían el turno se dirigieron rápidamente hacia allá. Para su asombro, no es que no se encontrasen a nadie, sino que fueron testigos de cómo en medio del pasillo una cuchara, que previamente uno de ellos había usado para comerse un yogur, daba vueltas sobre sí misma antes de detenerse y caer al suelo resonando por toda la planta.
Este fue el primero de varios extraños sucesos que dejaron registrados como denuncias formales de algo que ocurría en los pasillos de ese lugar.
En otra ocasión, un guarda que hacía la ronda por una planta se encontró con un cuadro que estaba descolgado y apoyado en una puerta. Sorprendido, el guardia apoyó el cuadro en otro lado y buscó por la zona al responsable. Cuando regresó a dicha sala, vio que el cuadro estaba de nuevo colgado y pudo escuchar un silbido extraño que parecía burlarse de él, así como unos pasos que se alejaban en la oscuridad.
Como suele suceder, una vez que se desvelan estos extraños sucesos, son más quienes se animan a contar sus experiencias. Muchos testimonios coincidieron en que es habitual que las alarmas de los detectores de movimiento se activen en estancias aparentemente vacías, como si detectasen a alguien que el ojo humano no es capaz de percibir; también hablan de que el ascensor sube y baja sin que nadie lo esté usando; pisadas en las escaleras con pasos ascendentes y descendientes; estores de las ventanas de la cuarta planta que oscilan sin que exista ninguna corriente de aire… También se comenta que en alguna ocasión, al realizar alguna llamada telefónica se han producido extrañas interferencias o la llamada se ha cortado de forma repentina, especialmente si durante la conversación se hablaba de los extraños sucesos que allí ocurren, como si esa entidad misteriosa no quisiese que se hablase de su presencia.
Se desconoce quién puede ser esa presencia o por qué está en el edificio, pero los empleados del museo le bautizaron como Juantxo y parece ser que su principal zona de actuación es la cuarta planta del museo, aunque no está del todo claro por qué.
A día de hoy, los sucesos extraños en el museo son casi inexistentes, pero siempre resulta un plan interesante entrar en este edificio para ver las obras allí expuestas y, quizás, poder sentir la presencia de Juantxo.
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