lunes, 5 de febrero de 2018

LA ATALAYA DE CIUDAD REAL

Muchos son los lugares en los que la tragedia hace mella creando leyendas y rumores. Uno de esos lugares es el Parque Forestal de La Atalaya, en Ciudad Real.


En aquel lugar se ubicaba un imponente sanatorio. Este sanatorio se construyó inicialmente para tratar a enfermos de tuberculosis. El lugar era idóneo pues, aparte de encontrarse apartado de la ciudad, la naturaleza envolvía dicho edificio. Finalmente, la enfermedad fue erradicada, por lo que no tenía sentido continuar dándole el uso para el que originalmente fue construido. Por ello, se decidió que este edificio pasase a ser un psiquiátrico infantil. El problema era que, dado el tamaño del edificio, no se ocupaban todas las habitaciones, por lo que se decidió que se admitirían también adultos con diferentes trastornos mentales, aunque tampoco se consiguió cubrir la capacidad máxima del edificio.


Es en este momento en el que la leyenda comienza a cobrar vida. Los testimonios de los vecinos afirman que, cuando decidían pasear por las diferentes senderas que este Parque Forestal ofrece a los ciudadrealeños, se podían escuchar los gritos de los enfermos, gritos que parecían de dolor y agonía. Según los rumores que recorrían la ciudad, los empleados a cargo de aquellos pacientes realizaban prácticas en absoluto profesionales tales como vejaciones, maltrato y abusos de todo tipo. Así mismo, algunos pacientes conseguían escapar del edificio, deambulando sin rumbo, lo que hizo que los ciudadanos se preguntasen si simplemente se fugaban o si, por el contrario, trataban de huir de algo o de alguien. Los rumores fueron creciendo y la mala fama se adueñó del edificio, por lo que cada vez ingresaban en él menos pacientes y, finalmente, cerró sus puertas para siempre en los años 80.

Pero esas puestas, en principio cerradas para las personas, no lo estuvieron para toda clase de ente paranormal. A pesar de estar completamente vacío, en su interior se seguían oyendo gritos. Hay quien asegura que el lamento de los pacientes quedó atrapado entre sus muros, y quien afirma que se trata de las almas atormentadas de los pacientes que no fueron capaces de sobrevivir a los maltratos sufridos durante su agónica estancia en el sanatorio. Es por ello que muchos se aventuraron a ser engullidos por la espesa oscuridad de sus pasillos y habitaciones. El edificio fue deteriorándose, adoptando así un aspecto mucho más lúgubre del que ya poseía. Son variados los testimonios de quienes se aventuraron a entrar al edificio. En el mismo momento en el que alguien entra, esa persona siente un aura que le pone el vello de punta, un aura que le indica que debería irse de allí. Pero, si se decide a ignorar esa advertencia y adentrarse en el edificio, encontrará pintadas en las paredes advirtiendo a todo aquel que ose entrar que no podrá volver a salir. Las ratas y las palomas se han adueñado del lugar, pero quizás no sea lo único que merodea por esos angostos corredores pues, a lo largo del recorrido, en el que es fácil perderse, se pueden oír golpes, sonidos y crujidos indescriptibles. Sonidos que pueden jugar con la mente del más valiente, sonidos que pueden volver loco al más crédulo. Y, a través de los distintos pasillos y habitaciones, en los que se pueden percibir presencias que hacen saber al visitante que no se encuentra solo, se llega a la zona que peor sensación trasmite por su espectral aspecto y por su ambiente cargado de algo inhumano y cruel: la antigua capilla. Debido a la intensidad de la agonía que aquí se siente, ha sido lugar de sesiones de espiritismos y extraños rituales como empalar palomas en el altar.
Pero no es el interior lo único que abruma, pues desde el exterior se pueden ver figuras vistiendo lo que parece ser una bata blanca, pasando por delante de las ventanas, como si estuviesen vagando sin rumbo. Presencias que, atrapadas allí en vida, ahora también lo hacen en muerte. Presencias de las que se ignora su naturaleza benigna o maligna.
La leyenda del sanatorio de La Atalaya se extendió, captando la atención no sólo de curiosos, sino también del periodista Iker Jiménez, quien dedicó a este lugar un espacio en su programa “Cuarto Milenio”. 





No obstante, la cada vez más frecuente invasión del edificio por curiosos, en su mayoría jóvenes en busca de un entretenimiento fuerte, hizo mella en su interior acelerando su deterioro. Eso, y la frecuente práctica de actividades relacionadas con el espiritismo hicieron que a principios del año 2007 el edificio fuese derruido. De esta forma, el mítico sanatorio desapareció, aunque no lo hizo la leyenda pues, este simbólico edificio no ha sido el único foco de extraños sucesos en el Parque Forestal.





 No es necesario alejarse demasiado de la antigua ubicación del edificio para encontrarse con una figura fantasmal, pues son varios los testigos que afirman haber visto una silueta blanca semitransparente con aspecto de niña vistiendo un camisón en la curva de la carretera que, subiendo hacia la entrada del Parque Forestal, se sitúa justo delante de la puerta de hierro que daba acceso al recinto. Se ignora quién puede ser esa niña, pero hay quien dice que fue un paciente del antiguo psiquiátrico infantil que se suicidó tirándose por la ventana, y hay quien dice que fue una niña secuestrada a la que violaron y mataron en aquel mismo lugar.


Y, si continuamos nuestro trayecto hacia La Atalaya, los rumores y las leyendas siguen pues se cuenta que, durante la guerra civil, una misteriosa mujer vestida de blanco, paseaba por aquel lugar irradiando una potente luz. Al parecer, fueron varios los testigos que la vieron durante diferentes noches. Y, según cuentan, cuando la guerra terminó, nadie volvió a ver a aquella mujer.

Pero el suceso más trágico ocurrió en lo alto de La Atalaya la madrugada del 20 de abril de 1987. Según recogen diferentes diarios, como el “Diario Lanza”, una pareja fue hallada muerta. Un chico de veinticuatro años y una chica de veinte, aparecieron en el interior de un coche rojo sin vida con heridas de bala. A pocos metros del lugar, en el interior de un coche azul, se encontraba un policía, que en esos momentos no se encontraba de servicio, con una herida de bala en la sien causada por su propia arma reglamentaria. El motivo que llevo al policía, casado y padre de dos hijos, a cometer tal crimen se desconoce, aunque la hipótesis del crimen pasional es el que tiene más peso. Hay quien dice que el policía estaba enamorado de la chica y, llevado por los celos, asesinó a la pareja para después quitarse la vida. Por otro lado, ya que no parecía existir algún tipo de relación conocida entre las víctimas y el policía, se planteó que el hombre matase a la pareja confundiéndola por otra y, al darse cuenta de su error, decidió quitarse la vida. Sea cual fuese el motivo que llevo a este hombre a cometer tal crimen, aquella noche La Atalaya estuvo manchada con sangre inocente. Y, desde aquel día, en el lugar del suceso se alza un pequeño monolito en homenaje a la joven pareja cuya vida fue injustamente arrebatada.


La Atalaya es un Parque Forestal que, vigilando constantemente la ciudad, ha sabido crear su propia historia y su propia leyenda. Un lugar que, sin duda alguna, atrapa a quien entre sus árboles pasea.

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