Para empezar, fue escenario de
combate durante las Guerras Púnicas entre romanos y cartagineses.
En el
siglo XIX, fueron dos los conflictos que invadieron sus calles: El primero, la
batalla de Belchite de 1809, durante la guerra de Independencia. En esta
batalla los españoles fueron derrotados por el ejército francés. Esta victoria
fue reflejada en el Arco del Triunfo de París, pues Napoleón hizo inscribir
allí el nombre de Belchite. El segundo se desarrolló sólo tres décadas después,
pues en 1838 las Guerras Carlistas se extendieron hasta esta localidad, siendo
tomada por los carlistas, quienes se enfrentaron a los liberales intentando
ocupar Zaragoza.
No
obstante, lo peor estaba por llegar. Durante el verano de 1937, concretamente
el 24 de agosto, Belchite se convirtió en escenario de la Guerra Civil. De esta
forma comenzó la denominada batalla de Belchite, que finalizó el 6 de
septiembre de ese mismo año. El municipio, que se encontraba bajo el control
del denominado Bando Nacional, fue atacado por el Bando Republicano, que se
propuso tomar Zaragoza para apoyar a los dos frentes que intentaban evitar la
caída de Bilbao y Santander.
Tal
fue la dureza de los ataques, que durante quince días murieron alrededor de
seis mil personas, contando tanto soldados como civiles. Los cadáveres se
amontonaban y pudrían en las calles. El pueblo fue totalmente destruido,
dejando sólo un escaso número de ruinosos edificios en pie.
Al
finalizar la guerra, con la victoria del Bando Nacional, Franco decidió crear
un pueblo nuevo, usando presos republicanos, en lugar de reconstruir aquel. De
esa forma, utilizó las ruinas como símbolo de su victoria y como propaganda
política para hacer ver a los ciudadanos la masacre que habían realizado los
republicanos. El conjunto de ruinas pasó a denominarse “el pueblo viejo”. En
contraposición, el nuevo pueblo pasó a denominarse “el nuevo Belchite”.
La
guerra había terminado, pero “el pueblo viejo”, ahora un lugar de aspecto
totalmente fantasmal, no pudo encontrar la paz, pues los gritos, el
dolor, el sufrimiento y las continuas explosiones que azotaron Belchite nunca quedaron en silencio. Son muchos los testimonios de personas que, al
pasear entre aquellas ruinas, aseguran haber oído gritos, llantos y haber visto
siluetas que recorren las silenciosas calles.
Por
ese motivo, el periodista e investigador del mundo paranormal Carlos Bogdanich,
decidió desplazarse allí con su equipo de Radio Heraldo para grabar
psicofonías.
Por ello, colocaron micrófonos de máxima tecnología en los restos
de la iglesia de San Martín y comenzaron a grabar.
Cada
dos horas acudían a la iglesia para cambiar las cintas. Estuvieron durante seis
horas escuchando las cintas sin poder percibir nada hasta que, de repente,
escucharon un fuerte estruendo. Aquel constante sonido parecía un bombardeo. A
este le siguió el de un avión de combate. Bogdanich se puso en contacto con
militares e historiadores, quien confirmaron que aquel sonido era el de
un bombardeo, y aquel avión sonaba como los usados por el Bando Republicano
para efectuar el ataque.
De
esta forma, la leyenda cogió fuerza y despertó la intriga entre los más
curiosos y el número de visitantes aumentó. Hay quien asegura haber visto
misteriosas sombras que recorren las calles, desaparecieron entre los muros de
las ruinosas casas, niños que corren, voces que hielan la sangre, llantos de
bebés entre las ruinas, el sonido de campanas que, en realidad, no
suenan, y fotografías en las que aparecen extrañas siluetas. Hay quien asegura
haber visto a una pareja de mujeres cogidas del brazo que, según
testimonios, se trata de dos hermanas que murieron en su casa durante los
bombardeos, pero que actualmente siguen recorriendo esas calles como lo
hiciesen en vida. Otro de los extraños fenómenos ocurre en las ruinas de la
iglesia de San Martín y el convento de San Rafael, lugares en los que muchos
habitantes de Belchite se refugiaron pensando que se trataba de un lugar seguro
para, finalmente, morir atrapados entre las llamas. Los turistas que entran en
esta iglesia son testigos de cómo en ese lugar los móviles, las cámaras y las
linternas dejan de funcionar, y sólo vuelven a hacerlo al alejarse de las
ruinas de ese edificio.
De
esta forma, los fantasmas de Belchite recorren las calles del que fue escenario
de duros conflictos bélicos, incapaces de abandonar el mundo de los vivos pues,
fue tal la barbarie que sufrieron, que sus almas quedaron allí atrapadas. Los
fantasmas de Belchite vagan por las calles de un lugar que ha sido manchado en
diferentes ocasiones con sangre, mostrando así el sufrimiento, la agonía y las
atrocidades que padecieron. Este es, por ello, un pueblo fantasma que se ha
propuesto no ser olvidado.






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