lunes, 19 de febrero de 2018

LOS FANTASMAS DE BELCHITE

Belchite es un municipio de la provincia de Zaragoza que ha sido golpeado en numerosas ocasiones por los conflictos bélicos.
Para empezar, fue escenario de combate durante las Guerras Púnicas entre romanos y cartagineses.

En el siglo XIX, fueron dos los conflictos que invadieron sus calles: El primero, la batalla de Belchite de 1809, durante la guerra de Independencia. En esta batalla los españoles fueron derrotados por el ejército francés. Esta victoria fue reflejada en el Arco del Triunfo de París, pues Napoleón hizo inscribir allí el nombre de Belchite. El segundo se desarrolló sólo tres décadas después, pues en 1838 las Guerras Carlistas se extendieron hasta esta localidad, siendo tomada por los carlistas, quienes se enfrentaron a los liberales intentando ocupar Zaragoza.

No obstante, lo peor estaba por llegar. Durante el verano de 1937, concretamente el 24 de agosto, Belchite se convirtió en escenario de la Guerra Civil. De esta forma comenzó la denominada batalla de Belchite, que finalizó el 6 de septiembre de ese mismo año. El municipio, que se encontraba bajo el control del denominado Bando Nacional, fue atacado por el Bando Republicano, que se propuso tomar Zaragoza para apoyar a los dos frentes que intentaban evitar la caída de Bilbao y Santander.

Tal fue la dureza de los ataques, que durante quince días murieron alrededor de seis mil personas, contando tanto soldados como civiles. Los cadáveres se amontonaban y pudrían en las calles. El pueblo fue totalmente destruido, dejando sólo un escaso número de ruinosos edificios en pie.
Al finalizar la guerra, con la victoria del Bando Nacional, Franco decidió crear un pueblo nuevo, usando presos republicanos, en lugar de reconstruir aquel. De esa forma, utilizó las ruinas como símbolo de su victoria y como propaganda política para hacer ver a los ciudadanos la masacre que habían realizado los republicanos. El conjunto de ruinas pasó a denominarse “el pueblo viejo”. En contraposición, el nuevo pueblo pasó a denominarse “el nuevo Belchite”.


La guerra había terminado, pero “el pueblo viejo”, ahora un lugar de aspecto totalmente fantasmal, no pudo encontrar la paz, pues  los gritos, el dolor, el sufrimiento y las continuas explosiones que azotaron Belchite nunca quedaron en silencio. Son muchos los testimonios de personas que, al pasear entre aquellas ruinas, aseguran haber oído gritos, llantos y haber visto siluetas que recorren las silenciosas calles.

Por ese motivo, el periodista e investigador del mundo paranormal Carlos Bogdanich, decidió desplazarse allí con su equipo de Radio Heraldo para grabar psicofonías.


Por ello, colocaron micrófonos de máxima tecnología en los restos de la iglesia de San Martín y comenzaron a grabar.
Cada dos horas acudían a la iglesia para cambiar las cintas. Estuvieron durante seis horas escuchando las cintas sin poder percibir nada hasta que, de repente, escucharon un fuerte estruendo. Aquel constante sonido parecía un bombardeo. A este le siguió el de un avión de combate. Bogdanich se puso en contacto con militares e historiadores, quien confirmaron  que aquel sonido era el de un bombardeo, y aquel avión sonaba como los usados por el Bando Republicano para efectuar el ataque.

De esta forma, la leyenda cogió fuerza y despertó la intriga entre los más curiosos y el número de visitantes aumentó. Hay quien asegura haber visto misteriosas sombras que recorren las calles, desaparecieron entre los muros de las ruinosas casas, niños que corren, voces que hielan la sangre, llantos de bebés entre las ruinas,  el sonido de campanas que, en realidad, no suenan, y fotografías en las que aparecen extrañas siluetas. Hay quien asegura haber visto a una pareja de mujeres  cogidas del brazo que, según testimonios, se trata de dos hermanas que murieron en su casa durante los bombardeos, pero que actualmente siguen recorriendo esas calles como lo hiciesen en vida. Otro de los extraños fenómenos ocurre en las ruinas de la iglesia de San Martín y el convento de San Rafael, lugares en los que muchos habitantes de Belchite se refugiaron pensando que se trataba de un lugar seguro para, finalmente, morir atrapados entre las llamas. Los turistas que entran en esta iglesia son testigos de cómo en ese lugar los móviles, las cámaras y las linternas dejan de funcionar, y sólo vuelven a hacerlo al alejarse de las ruinas de ese edificio.

De esta forma, los fantasmas de Belchite recorren las calles del que fue escenario de duros conflictos bélicos, incapaces de abandonar el mundo de los vivos pues, fue tal la barbarie que sufrieron, que sus almas quedaron allí atrapadas. Los fantasmas de Belchite vagan por las calles de un lugar que ha sido manchado en diferentes ocasiones con sangre, mostrando así el sufrimiento, la agonía y las atrocidades que padecieron. Este es, por ello, un pueblo fantasma que se ha propuesto no ser olvidado.

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