jueves, 8 de febrero de 2018

LA LEYENDA DE APOLONIA


La muerte, esa sombra de rostro desconocido, nos arrebata a nuestros seres queridos, pero no nuestros sentimientos hacia las personas que una vez estuvieron a nuestro lado, pero ya no están.

La muerte va acompañada de historias curiosas, historias mágicas, historias en los que la realidad y la leyenda se fusionan creando hermosos relatos. Esto nos deja sepulturas realmente curiosas en los cementerios. Lápidas que nos cuentan una historia.

Una de esas tumbas se encuentra en el cementerio de Ciudad Real. Una lápida que, aunque permanece en silencio, nos llama para captar su atención e introducirnos en una historia en la que la tragedia queda eclipsada por el amor. Una losa en la que se encuentra tallada la imagen de una hermosa joven que cubre su cuerpo desnudo con un fino velo. Esta es la tumba de Apolonia.

Según se cuenta, Apolonia era hija de un rico hacendado de Extremadura casada con un alto funcionario de la Administración Publica, nacido en el seno de una familia acomodada de Toledo. Él, un hombre de fuerte carácter que creía llevar siempre la razón, contrajo matrimonio con la joven por conveniencia social, al tener ya una avanzada edad y temer quedarse solo. El matrimonio se trasladó a Ciudad Real por motivos laborales, donde fue muy respetado y envidiado por la bella mujer que le acompañaba.

Tal era la belleza de Apolonia, que el hombre encargó a un artista de la ciudad que realizase un retrato de su esposa. De esta forma, el pintor iba cada día a la casa del matrimonio, y cada día avanzaba el retrato. Sus facciones eran perfectas, sus ojos eran hermosos, y siempre trataba al pintor con amabilidad y cordialidad. De esta manera, el artista se enamoró perdidamente de la mujer a la que retrataba, y puso todo su empeño en la obra, pues deseaba que tal belleza quedase reflejada en aquel retrato.

Pero el destino siempre ha sido caprichoso. Su marido viajó, como su trabajo le obligaba a hacer ocasionalmente, a la capital para resolver ciertos asuntos oficiales. Durante el trayecto, unos bandoleros, con intención de robar al aristócrata, le dispararon arrebatándole la vida en el acto. Ante tal noticia, Apolonia quedó destrozada y enfermó trágicamente
. Desgraciadamente, a los pocos meses la vida de la hermosa mujer se consumió como una vela. El pintor, que había finalizado el magnífico retrato, no pudo soportar la idea de que el perfecto cuerpo de la mujer a la que en secreto amó se marchitase, y su belleza cayese en el olvido. Por ese motivo, el hombre decidió esculpir un magnífico sepulcro que mostrase a la ciudad la belleza de la joven que allí yacía.


El tiempo pasó hasta que nadie quedó para acudir a aquella tumba y llorar a la mujer allí sepultada, pero la leyenda de Apolonia siguió viva. La historia de Apolonia así fue recordada, igual que tal belleza en una losa de piedra reflejada.

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