La
muerte, esa sombra de rostro desconocido, nos arrebata a nuestros seres
queridos, pero no nuestros sentimientos hacia las personas que una vez
estuvieron a nuestro lado, pero ya no están.
La
muerte va acompañada de historias curiosas, historias mágicas, historias en los
que la realidad y la leyenda se fusionan creando hermosos relatos. Esto nos
deja sepulturas realmente curiosas en los cementerios. Lápidas que nos cuentan
una historia.
Una de
esas tumbas se encuentra en el cementerio de Ciudad Real. Una lápida que,
aunque permanece en silencio, nos llama para captar su atención e introducirnos
en una historia en la que la tragedia queda eclipsada por el amor. Una losa en
la que se encuentra tallada la imagen de una hermosa joven que cubre su cuerpo
desnudo con un fino velo. Esta es la tumba de Apolonia.
Según
se cuenta, Apolonia era hija de un rico hacendado de Extremadura casada con un
alto funcionario de la Administración Publica, nacido en el seno de una familia
acomodada de Toledo. Él, un hombre de fuerte carácter que creía llevar siempre
la razón, contrajo matrimonio con la joven por conveniencia social, al tener ya
una avanzada edad y temer quedarse solo. El matrimonio se trasladó a Ciudad
Real por motivos laborales, donde fue muy respetado y envidiado por la bella
mujer que le acompañaba.
Tal
era la belleza de Apolonia, que el hombre encargó a un artista de la ciudad que
realizase un retrato de su esposa. De esta forma, el pintor iba cada día a la
casa del matrimonio, y cada día avanzaba el retrato. Sus facciones eran
perfectas, sus ojos eran hermosos, y siempre trataba al pintor con amabilidad y
cordialidad. De esta manera, el artista se enamoró perdidamente de la mujer a
la que retrataba, y puso todo su empeño en la obra, pues deseaba que tal
belleza quedase reflejada en aquel retrato.
Pero
el destino siempre ha sido caprichoso. Su marido viajó, como su trabajo le
obligaba a hacer ocasionalmente, a la capital para resolver ciertos asuntos
oficiales. Durante el trayecto, unos bandoleros, con intención de robar al
aristócrata, le dispararon arrebatándole la vida en el acto. Ante tal noticia,
Apolonia quedó destrozada y enfermó trágicamente
. Desgraciadamente, a los pocos
meses la vida de la hermosa mujer se consumió como una vela. El pintor, que
había finalizado el magnífico retrato, no pudo soportar la idea de que el
perfecto cuerpo de la mujer a la que en secreto amó se marchitase, y su belleza
cayese en el olvido. Por ese motivo, el hombre decidió esculpir un magnífico
sepulcro que mostrase a la ciudad la belleza de la joven que allí yacía.
El
tiempo pasó hasta que nadie quedó para acudir a aquella tumba y llorar a la
mujer allí sepultada, pero la leyenda de Apolonia siguió viva. La historia de
Apolonia así fue recordada, igual que tal belleza en una losa de piedra
reflejada.



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