viernes, 23 de marzo de 2018

LA LEYENDA DE TOMASÍN


En el barrio de San Marcos de Sevilla vivía un niño llamado Tomasín que, cuando apenas tenía ocho años, quedó huérfano de madre. Su padre trabajaba en la terminal de San Jerónimo y su jornada laboral duraba casi todo el día, por lo que el hombre no podía hacerse cargo de su hijo. Por ese motivo, decidió dejarlo bajo el cuidado de las monjas del convento de Santa Isabel.
Tomasín era un niño obediente y alegre, por lo que se ganó el cariño incondicional de aquellas monjas. Además, a aquel niño le entusiasmaba la Semana Santa, siendo su mayor deseo ser nazareno de la cofradía de Los Gitanos.
Por ese motivo, las monjas le confeccionaron una túnica y una pequeña vara para que así el niño pudiese cumplir su sueño de procesionar entre las filas de nazarenos de esta Hermandad.
El niño estaba realmente entusiasmado con el hecho de cumplir su sueño, y no dejaba de contar los días para que llegase el tan esperado día. Desgraciadamente, cayó enfermo unos meses antes de Semana Santa y, tras pasar varios días en cama, falleció.

La triste noticia recorrió el barrio de San Marcos y el entierro estuvo repleto de vecinos que querían despedir al niño, que había sido amortajado con esa túnica de nazareno que ansiaba estrenar aquel año.

Llegó la madrugada del Jueves Santo al Viernes Santo y cuatro hermanos de la Hermandad de los Gitanos atravesaron la plaza de Santa Isabel para dirigirse a la iglesia de San Román, donde la Hermandad comenzaría su estación de penitencia. En ese momento, escucharon el sonido de una puerta de madera abriéndose y, asombrados, vieron a un niño vestido con la túnica de la Hermandad y pequeña vara en la mano. Petrificados, estos cuatro hermanos vieron como aquel niño se alejaba y decidieron seguirle, pero no le volvieron a ver. Lo único que encontraron fue la pequeña vara en el suelo, la cual recogieron. Al día siguiente, una vez finalizada la procesión, decidieron entregar dicha vara a las monjas del convento de Santa Isabel. La Hermana superiora no salía de su asombro pues, según aseguraba, no era posible que aquella vara hubiese salido de aquel lugar pues estaba bien guardada en sus aposentos como recuerdo del niño al que habían cuidado.

Actualmente, hay quien asegura que en la madrugada del Viernes Santo se puede ver a un pequeño nazareno salir del convento y perdiéndose por las calles. Se trata de Tomasín, que se dirige un año más a la procesión de la Hermandad de los Gitanos.

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