En la
ciudad de Tarrasa, en Barcelona, se construyó un hospital de nueve pisos
distribuido en dos alas, organizadas según la clase social del
paciente. Dicho hospital se inauguró en 1952 para acoger a los
numerosos pacientes con enfermedades respiratorias, tales como tuberculosis,
fibrosis o cáncer de pulmón, que había en Cataluña. El terreno elegido para tal
fin tenía las condiciones ideales para tales enfermos por el perfecto clima que
había en aquella zona, además de su buena comunicación con Barcelona.
Una
década después de su apertura, el sanatorio contaba con un millar de pacientes,
ya que la tuberculosis estuvo altamente activa en aquella zona, y el
tratamiento para curarla duraba alrededor de dieciocho meses. Pero la tragedia
rodeó el centro, pues contó durante muchos años con el índice de suicidios más
elevado del país, pues los enfermos se arrojaban desde la novena planta al
jardín interior.
Aparentemente, la larga estancia en los pacientes, que se
sentían solos y abandonados por sus familias, y los fuertes dolores que
padecían, provocaba una psicosis general que en muchos casos finalizaba con el
suicidio.
No
obstante, en 1970 comenzó a aceptar a enfermos con diferentes patologías
cardíacas. Pero el director general de sanidad recibió informes negativos sobre
el funcionamiento del sanatorio. Para comenzar, las monjas que cuidaban de los
enfermos abandonaron el hospital, por lo que la atención a los enfermeros, en
manos ahora de auxiliares contratadas sin acreditación, se deterioró
intensificándose así el descontrol. La organización era deficiente, pues no
había ningún control sobre los horarios establecidos, se vendían en su interior
diferentes productos como alcohol o tabaco, y con las sobras de la comida se
mantenía una granja de cerdos. No obstante, se consiguió devolver la normalidad
al lugar, aunque en 1997 fue cerrado pues cada vez menos pacientes ingresaban
en él.
De
esta forma, el enorme edificio quedó abandonado, aunque no en su totalidad,
pues el 28 de abril de 1991 se instaló en la primera y segunda planta del ala
izquierda del hospital la residencia para personas con disminuciones severas y
profundas “La Pineda”.
En el año 2004 el Ayuntamiento de Terrassa y la
Generalitat de Cataluña desarrollaron un proyecto con el que el antiguo
hospital se convertiría en un Parque Audiovisual. Esta situación causó que
entre los años 2009 y 2010 se trasladase esta residencia a un nuevo edificio,
dejando en el antiguo hospital diferentes materiales sanitarios que aún
permanecen allí.
Tal
fue la leyenda que surgió en torno al misterioso edificio, que durante el
periodo de abandono fueron muchos los curiosos que decidieron pasear por sus
lúgubres pasillos, siendo testigos de diferentes sucesos paranormales como
sentirse acompañados por una presencia que no eran capaces de ver, o que los
teléfonos móviles dejasen de funcionar. Hay quien asegura que en el jardín
donde tenían lugar los suicidios de los pacientes aún se escuchan gritos o
lamentos. En cuanto a la antigua capilla, se pueden presenciar los signos de
actividades satánicas, pues en el suelo se pueden encontrar velas y un
pentagrama pintado con un crucifijo invertido colocado en una de las puntas,
así como manchas de sangre en las paredes o el suelo.
Pero
no han sido sólo los curiosos testigos de tales sucesos. Algunos empleados de
la residencia “La Pineda” aseguran haber vivido situaciones inexplicables y
como ascensores que se activan aparentemente solos, o ver lo que podría ser
humo o extrañas neblinas que surgen del interior de algunas habitaciones que se
encuentran vacías, así como escuchar voces y ruidos procedentes de la parte
abandonada del edificio.
Del
mismo modo, cuando comenzó la reforma del edificio, una pequeña parte fue usada
en diversas ocasiones por la productora “Filmax” para el rodaje de algunas
películas. Han sido varias las películas que entre sus pasillos se han rodado,
como "The Machinist”, “La Monja”, “Ouija”, “Frágiles” o “Los sin nombres”.
De esta forma, diferentes fenómenos extraños han sido experimentados por
actores y miembros de la productora durante el rodaje de diferentes escenas.
Entre tales sucesos se encuentran la sensación de ser constantemente vigilados
por una entidad que no son capaces de ver y que carga el ambiente con una
incómoda sensación, descensos bruscos en la temperatura, aparición de sombras,
o el mal funcionamiento en algunas zonas de los aparatos de grabación y las
cámaras de fotos.
El
director de la película “The machinist”, Brad Anderson, que se dañó la espalda
durante el rodaje, por lo que tenía que trabajar tumbado, asegura que el
edificio es totalmente espeluznante.
En
cuanto al director Jaume Balagueró, decidió rodar en este hospital las
películas de terror “Los sin nombre” y “Frágiles”. Durante la grabación de la
primera, aseguró que los actores sentían tanto temor por el edificio y las
extrañas sensaciones que les trasmitía que acudían al baño en parejas.
Otro
testimonio es el de Luis de la Madrid quien, además de montador de
largometrajes como “Los sin nombre” o “The machinist”, rodó en este lugar
algunas escenas de la película “La monja”. Cuando el rodaje finalizo, confesó
que no tenía intención de volver a aquel lugar tras haber sido testigos de
sucesos inexplicables como ruidos, sombras, voces, y una extraña sensación en
el ambiente.
Por
otro lado, la actriz de la “Ouija”, Montse Mostaza, aseguró que el edificio le
transmitía una sensación de incomodidad que le obligaba a salir de allí durante
los descansos o las comidas. En cuanto al director de esta película, Juan Pedro
Ortega, en una entrevista contó cómo durante la grabación fueron testigos de
voces, susurros y ruidos que mantenían al equipo de rodaje constantemente en
tensión.
Pero
no todas las noticias que rodeaban al edificio estaban relacionadas con
espíritus o entes de otro plano. En mayo de 2003, la Guardia Civil detuvo a un
joven de 19 años que, adentrándose en la oscuridad del edificio, había
sustraído un feto conservado en formol. El suceso se produjo cuando un grupo de
vecinos descubrieron en un descampado un feto humano, envuelto en periódicos
que desprendía un fuerte olor a formol. Los servicios forenses verificaron que
se trataba de restos conservados en este compuesto y no de un aborto producido
recientemente. Tras investigar el caso, la Guardia Civil detuvo al autor del
robo, que declaró que fue con un grupo de amigos al antiguo hospital donde
sabían de la existencia de un almacén en el que se conservaban restos humanos.
El joven hurtó un bote que contenía el feto y, al no saber qué hacer con él, lo
metió entre unos periódicos y lo dejó abandonó. El rumor se extendió como la
pólvora y se comenzó a hablar del almacén de la quinta planta en el que se
conservaban restos humanos, rumor que se ha mantenido hasta la actualidad.
Actualmente,
el edificio continúa en reformas para poder albergar el Parque Audiovisual. En
el año 2007 se abrieron algunas oficinas y un par de platós de televisión en el
que se han realizado varias producciones. A pesar del evidente cambio del
edificio, no conseguirá eliminar la leyenda que ha surgido a su alrededor. A
pesar de que se otorgue un nuevo uso al antiguo hospital del Tórax, quizás los
fenómenos paranormales continúen acechando a quienes se atrevan a entrar a su
interior.







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