Durante
el siglo XV, en el barrio judío de Ciudad Real vivía un judío rico llamado
Efraín, que era un importante comerciante, con su hija Sarah, una joven de gran
belleza con unos hermosos ojos. En aquella época, la Santa Inquisición había
iniciado un proceso de detención de judíos, por lo que el número de conversos
aumentó notablemente. Por ese motivo, Efraín fue detenido y juzgado por hereje,
por lo que fue detenido y encarcelado en un calabozo donde murió siendo
torturado.
A
pesar de la tristeza, Sarah se obligó a continuar su vida. Un día, regresando a
su casa se cruzó con un joven cristiano llamado Francisco Poblete, hijo de
familia noble y que era Capitán de los “Cuadrilleros de la Santa Hermandad”. Al
verla, el joven se enamoró inmediatamente de ella.
Los
días pasaron y, tras varios intentos, el joven consiguió entablar conversación
con Sarah, creciendo entre ellos un poderoso amor. Por ese motivo, todas las
noches, él iba a visitar a su amada, aunque debía hacerlo de forma clandestina
por el riesgo que corrían los dos si su relación era descubierta. Durante largo
tiempo él le insistió a ella para que se convirtiese al Cristianismo, pues así
podrían sobrevivir y formalizar su relación, pero ella se negaba a dejar a un
lado las creencias que sus padres le habían inculcado por amor.
A
escasos metros de la casa de Sarah, donde se ubicase la sinagoga, se había
alzado un Convento de monjes Dominicos, que poseían la talla de Nuestro Padre
Jesús Nazareno y sacaban en procesión la madrugada del Viernes Santo, imagen
que veneraba Francisco. El joven le pidió a la imagen de Jesús Nazareno que le
ayudase para que Sarah se hiciese cristiana. Pero ella seguía negándose, aunque
aquello no afectó al amor que sentía el uno por el otro.
Pero
la felicidad de los jóvenes enamorados no duró mucho pues la Santa Hermandad
fue llamada por el Rey para que sus cuadrilleros acudiesen al a frontera con
Andalucía para luchar contra los musulmanes. Cuando Francisco se despidió de
Sarah, dejándola totalmente destrozada, le prometió que nunca se olvidará de
ella y le regaló una estampa con la efigie de Nuestro Padre Jesús Nazareno para
así protegerla.
Pasaron
los meses sin que Sarah tuviese noticias de su amado, y la pena no dejaba de
crecer en su corazón. Cada día que pasaba, ella pensaba que él la había
olvidado y que nunca más volvería a verle.
En la
madrugada del Viernes Santo, la procesión de Jesús Nazareno salió del Convento
de los Dominicos.
Cuando la procesión pasaba a la altura de la ventana enrejada
de la habitación de Sarah, la imagen de Jesús Nazareno se detuvo delante de
ella. En ese momento, la joven se puso de rodillas y rezó pidiéndole a aquella
imagen que se convertía al Cristianismo pero que quería volver a ver a su
amado. En ese momento, la joven murió y la imagen de Jesús Nazareno comenzó a
alejarse.
Poco
después de aquel suceso, en un combate contra el ejército musulmán, Francisco
Poblete murió. De esta forma, los dos jóvenes volvieron a encontrarse en el más
allá para no separarse nunca más.
La Agrupación Musical "Virgen de los Reyes" de Sevilla incluyó en su repertorio la marcha, compuesta por Miguel Angel Font, "La conversión de Sarah", haciendo alusión a dicha historia.



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