En la provincia de Huesca se encuentra el Refugio Militar de Cerler, un lugar en el que distintos grupos de militares han pasado destinados para prestar servicio.
Cuando a los militares les llamaban para darles como destino el centro militar de Cerler, para muchos era un jarro de agua fría por su ubicación lejana ubicación (en la zona sur de los Pirineos) y por la dureza de su clima. Pero, con el tiempo, el motivo por el que aceptaban de mala gana ser destinados allí era otro.
En marzo de
1991, un grupo de militares que formaban parte de la Compañía de Esquiadores de
Barbastro, se encontraban realizando prácticas de movimiento en el pico Tuca Blanca
de Paderna cuando fueron sorprendidos por un alud. Debido a este accidente, 9
de aquellas personas fallecieron.
Los cuerpos
fueron llevados al refugio militar de Cerler, donde previamente habían pasado la
noche antes de encaminarse hacia aquel fatal destino, y depositados junto a sus
pertenencias en la tercera planta antes de ser trasladados a sus respectivos
hogares para darles sepultura.
Aquello fue una
tragedia que dio lugar a algo más pues, un año más tarde, en septiembre de
1992, comenzaron a reportarse extraños sucesos en el refugio militar.
La mayoría de
los sucesos tenían lugar, precisamente, en la tercera planta, aunque también los
testigos hablan de más fenómenos extraños en distintos rincones del complejo.
La mayoría de los soldados que se atrevieron a contar lo sucedido coinciden en
que las taquillas se abrían solas y se cerraban dando un fuerte portazo, así
como extraños sonidos o sombras que no parecían proceder de ninguna persona
allí presente, pasos en pasillos vacíos o la sensación de sentirse vigilados.
Esto producía un ambiente tenso que dificultaba aún más las guardias y la
estancia en aquel remoto lugar.
Estos sucesos comenzaron
de forma leve, con pequeños golpecitos en las ventanas que bien podrían estar
producidos por el viento o por cualquier pequeño animal de la zona. Pero los
golpecitos se convirtieron en susurros y, más tarde en voces. Las luces
comenzaron a encenderse y apagarse solas y algunos objetos, como papeleras, que
cambiaban de lugar. Algunas puertas se abrían solas a pesar de haber estado
previamente cerradas con llave. Incluso algunos militares aseguran que, al
hacer guardia en el exterior del edificio, podían ver que los postigos de las
ventanas se cerraban solas. Incluso algunos grupos de militares aseguran haber
escuchado el mismo sonido de pisadas en una zona completamente vacía, lo que
aumentaba aún más el miedo. Algunos también aseguran que en algunas camas de la
tercera planta han podido ver sombras, como si hubiese alguien allí tumbado,
para posteriormente desaparecer sin dejar rastro.
Pero hasta los militares
más escépticos, y que aseguran no haber sido testigos de ningún suceso anómalo,
afirman que el ambiente en el interior es raro, como si hubiese una extraña
energía negativa que les produce la necesidad de marcharse de allí.
Distintos
equipos de investigación paranormal han acudido a este complejo militar para
analizar lo que allí ocurre. Algunos de ellos han experimentado estos sucesos y
han podido captar sonidos, pisadas o golpes en psicofonías, pero otros no
fueron capaces de probar nada, dividiendo aún más a los creyentes del mundo
paranormal de los escépticos.
Como es
evidente, el Gobierno Militar de Huesca desmintió todos aquellos sucesos,
aunque muchos opinan que necesitaban ocultar aquello para evitar el miedo
colectivo y que aquel destino cogiese mala fama y ocasionase problemas entre
los militares. A fin de cuentas, no necesitan que un destino que ya por sí no
es muy querido coja otro motivo para que los militares destinados rechacen ir
allí.
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