18 octubre 2026

EL PALACIO DE JUSTICIA DE ALICANTE

Alicante es una ciudad marítima de 366.221 habitantes, muy visitada por turistas durante la época estival.

Pero lo que los visitantes desconocen es lo que ocurre en el Palacio de Justicia alicantino, ubicado en el barrio de Benalúa.


Este edificio fue construido entre finales del siglo XIX e inicios del XX como la Prisión Provincial de Alicante, buscando reemplazar los antiguos calabozos de la ciudad, y que fue inaugurada como Reformatorio de Adultos.


En su interior se produjeron confinamientos forzosos, ejecuciones durante la posguerra, hacinamiento de presos… Durante la Guerra Civil y la postguerra, en esta cárcel estuvieron recluidos muchos artistas, entre ellos el poeta de la Generación del 27, Miguel Hernández, que falleció allí el 28 de marzo de 1942. Por este motivo, se le dio el apodo de “Prisión de los intelectuales”.


Debido a la construcción de nuevas instalaciones en otras localidades y a las precarias condiciones en las que se encontraba el edificio, la cárcel cerró sus puertas en los años 80. Posteriormente, el edifico fue remodelado para abrir las puertas a los juzgados provinciales.

Desde que comenzó el nuevo uso del edificio, muchos miembros del personal de limpieza, de seguridad o los propios funcionarios han comentado que allí se producen extraños fenómenos.

El testimonio más habitual es la aparición de la silueta de un hombre con la ropa desgastada, que recorre las estancias superiores, perdiéndose al llegar a la zona donde antiguamente se ubicaban las celdas de aislamientos.

Además, los distintos testigos coinciden en que es posible escuchar pisadas  en pasillos vacíos, susurros, objetos que se arrastran e incluso lo que parece ser el sonido de un cerrojo de hierro cerrándose. A esto se suman los  descensos de temperatura en algunas zonas específicas del edificio, especialmente en la zona donde se encontraban las antiguas celdas provisionales.

Sin duda, debido al sufrimiento y padecimiento que los presos tuvieron en este lugar, el edifico ha conservado esa carga de energías que hoy día sigue dejando constancia de lo que en un pasado no tan lejano ocurrió entre sus muros.

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