La Navidad es una época de unión, de reencuentros con familias y amigos; una época marcada de buenos sentimientos como la solidaridad o el deseo de compartir y regalar. Una época que, aunque tiene un gran significado para la religión cristiana, actualmente está, quizás, marcada por tradiciones algo menos religiosas y más consumistas.
Pero la Navidad también ha tenido su origen
con anteriores civilizaciones y creencias y, por ende, con un folklore bastante
rico y diverso. Como parte de ese folklore, en la tradición islandesa tiene
relevancia Grýla.
Se trata de una mujer gigante con rasgos de ogro, piel gruesa y rugosa, cabello oscuro, largo y enmarañado con pezuñas en lugar de pies y con varias colas. Habitualmente viste con harapos o con pieles de animales y suele portar un gran saco. Además, esta bruja invernal se casó tres veces y tuvo varios hijos gigantes. Además, también tiene una mascota: el gato navideño Jólaköttinn.
El motivo por el que Grýla es temida es porque cuando se acerca la Navidad sale de su guarida en las frías montañas buscando a aquellos niños que se han portado mal, y a los que localiza gracias a su increíblemente fino oído, para que reciban un cruel castigo. Una vez atrapa a los niños desobedientes, los mete en el saco y los lleva a su cueva donde los usa para preparar un estofado, siendo este su plato favorito, y así tratar de calmar su insaciable apetito.
De esta forma, los adultos usaban la historia
de la bruja Grýla para asustar a los niños y así asegurar un buen
comportamiento. No obstante, en 1746 se publicó un decreto que prohibía el uso
de este personaje para atemorizar a los niños, aunque esta ley no ha conseguido
que la leyenda de Grýla desaparezca y, con ella, las historias que mantienen a
los niños en vilo durante las fiestas navideñas por si la malvada bruja aparece
para comérselos.




