31 julio 2025

EL EXORCISMO DE DAIMIEL

La localidad ciudadrealeña de Daimiel siempre ha sido conocida por haber sido un pueblo en el que habitaban las brujas, un pueblo en el que siempre ha existido cierto halo de misterio que ha dado pie a una gran cantidad de historias y sucesos.

Uno de esos sucesos, y que apareció publicado en el diario “Las Tablas de Daimiel”, tuvo lugar en los años 40 en la vivienda de un matrimonio y su hijo, de 14 años. En esta época, la actitud del joven cambió drásticamente, algo que la familia achacó a los evidentes cambios de la adolescencia.

No obstante, los cambios del joven fueron más allá, pues comenzó a desarrollar neurosis obsesiva, reacciones fuertes de ansiedad y una profunda depresión, acompañada de ciertos brotes psicóticos. La familia, preocupada, llevó al muchacho al médico para que le realizasen las pertinentes pruebas y así buscar una solución a este problema, si mucho éxito.

Una noche, el matrimonio se despertó con un sobresalto y acudió corriendo al dormitorio de su hijo, pues éste había comenzado a gritar aterrado. Cuando entraron en la habitación, se lo encontraron mirando a un punto fijo, y les explicó que frente a él había un cordero y una onza de chocolate y que él estaba tratando de alcanzarlos para comérselos. Tras esto, el joven se cayó al suelo sin conocimiento. El matrimonio decidió trasladar al muchacho a su propio dormitorio, atarlo a la cama con una correa y dejar que durmiese entre sus progenitores. De repente, llegada la madrugada, unas manos invisibles desataron la correa y el joven comenzó a levitar y a hablar y a insultar en una lengua extraña ante sus sorprendidos y asustados padres.

Tras este suceso, acudieron al párroco de la parroquia de San Pedro de la localidad para solicitar ayuda. Y, tras analizar el caso y realizar los trámites necesarios ante un posible caso de posesión demoniaca (primero en el obispado de Ciudad Real y luego en el Vaticano), el párroco, Don Tiburcio, y el sacristán, Fernando, se dirigieron a la vivienda para realizar un exorcismo. Llegando al domicilio, se encontraron en la calle al joven, reptando por el suelo, que salió a su encuentro y les acompañó hasta la casa.

El exorcismo llegó a durar 3 días y, cuando éste finalizó al colocarle el crucifijo en el pecho al chico, el joven pegó un grito brutal, convulsionó bruscamente, levitó hasta chocar contra el techo y después cayó con fuerza contra el suelo, indicando así que el demonio que lo poseía había salido de su cuerpo.

No obstante, el chico no llegó a recuperarse de aquella posesión y necesitó estar medicado para poder superar distintos cuadros de depresión producidos por el suceso, desarrollando un importante complejo de inferioridad. Tristemente, tampoco ayudaba que en el pueblo todo el mundo le señalase y le llamasen “el endemoniado”, aumentando así la carga por lo sucedido. Lamentablemente, 5 años después de lo ocurrido, el joven falleció tras sufrir un ataque al corazón.



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