16 junio 2018

DEAR DAVID II


Adam llevaba tiempo pensando en el viaje a Japón, por lo que decidió comprar una cámara para poder vigilar a distancia a sus dos gatos mientras él estaba fuera. Aquella cámara se activaba cada vez que había movimiento en la habitación donde se encontraba y mandaba la grabación al móvil del usuario. Adam la colocó en el salón y no podía esperar el momento para probarla.

Una noche, Adam salió con sus amigos y decidió aprovechar que iba a estar fuera durante unas horas para probar la cámara. La noche transcurrió con normalidad y de vez en cuando le llegaban vídeos en los que veía a sus gatos jugando como acostumbraban a hacer. Y esos vídeos crearon un ambiente muy agradable entre los amigos, que se reían viendo a los gatos del ilustrador.

Pero entonces llegó un video en el que Adam no vio nada, hasta que prestó con más atención y vio que la mecedora verde se mecía sin que hubiese nadie sentado. Aquello hizo que Adam se pusiese nervioso. Más tarde, recibió una segunda grabación en la que se veía una especie de sombra que pasaba por delante de la estantería tirando un adorno que había allí colocado. Tal fue el miedo que sintió que estuvo bastante tiempo sin atreverse a conectar la cámara.

El fin de semana siguiente, Adam lo pasó fuera, por lo que dejó la cámara conectada. Le llegaron varios videos, entre los que había dos que le pusieron los pelos de punta. En uno de ellos, se veía a sus gatos intentando atrapar algo en el aire y, de repente, un vaso encima de la mesa se desplazaba solo. En el segundo video, uno de los gatos estaba en el sofá siguiendo algo con la mirada, y poniéndose a dos patas para arañar el aire, como si hubiese algo que la cámara no captase.
Varias noches más tarde, se dispuso a acostarse cuando escuchó un ruido. Fue al salón y vio que un pequeño cactus se había caído de la estantería rompiéndose.

Al principio pensó que uno de sus gatos lo había tirado. Pero recordó que tenía la cámara activa y comprobó la grabación que le llegó al móvil, para ver que se había caído sólo, lo cual le resultó muy extraño.


Pero aquello no fue lo único malo, pues las pesadillas se habían vuelto cada vez más frecuentes para Adam. Llevaba tiempo soñando con sombras que le vigilaban a través de la ventana, lo cual era imposible pues su apartamento está en un segundo piso. No obstante, hubo una que le hizo despertarse totalmente asustado. En aquel sueño estaba tumbado en la cama y, al girarse, se topó cara a cara con una cabeza decapitada que conservaba la espina dorsal sobre un cojín. La cabeza le miró y comenzó a sonreír con crueldad. En ese momento, Adam se despertó gritando. Cuando despertó tras aquella pesadilla, decidió dar un paseo para despejar su mente, pues no podía dormir. Decidió ir a una tienda para comprar algo para comer. Al hacerlo, tuvo que pasar por delante de aquel almacén cerrado. Al principio no ocurrió nada pero, volviendo a su apartamento, escuchó un golpe en la persiana que procedía del interior. Adam se quedó quieto escuchando, pero no hubo ningún otro sonido. Entonces cogió el móvil y, tras hacer una foto, salió corriendo. Una vez en su apartamento miró la foto y vio que era la oficina de aquel almacén. Entonces vio en un lateral lo que parecía ser la silueta de un niño con la cabeza deformada en el lateral derecho.


Definitivamente, aquello no tenía ningún sentido.


Pero, afortunadamente, llegó septiembre y Adam se fue a Japón donde pasó la mejor semana de su vida. No le sucedió nada extraño y pudo olvidarse completamente de "Dear David". El último día que iba a pasar en Japón decidió dar un paseo por la ciudad de Sapporo dirigiéndose a un parque cercano. En aquel parque había muchas esculturas interesantes, hasta que se topó con una en forma cilíndrica que tenía talladas a personas y animales.
Entonces se fijó y vio que uno de los niños en la escultura parecía mirarle fijamente; un niño que mostraba una abolladura en el lado derecho de la cabeza, igual que David.

Aquello horrorizó a Adam, pero se obligó a pensar que era una casualidad y que no debía preocuparse. Estaba convencido de que, cuando regresase a su apartamento, todo habría vuelto a la normalidad.

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