26 junio 2018

DEAR DAVID V



Adam pasó la Navidad en Montana con su familia. Desde el momento en el que llegó, comenzó a sentirse mejor, por lo que pensó que Dear David estaba atado a la casa y no a él. Eso le hacía sentirse a salvo y relajado. Aprovechó esos días para buscar un piso al que poder mudarse en Nueva York.

Pero, al cabo de algunos días, Adam comenzó a sentirse raro de nuevo. Una noche se levantó para ir al baño y pudo sentir movimiento al otro lado de ventana, pero pensó que podía ser algún animal. Y lo mismo sucedió la noche siguiente.

Una mañana, se levantó y fue al baño para ducharse. Una vez allí, a través de la ventana, vio huellas en la nieve por detrás del garaje.
Salió a la calle y se quedó paralizado al ver que no se trataba de huellas de animales sino de un niño. 
Pero de repente esas huellas desaparecían en mitad de la nieve. Adam se sintió muy asustado y no quiso salir de su habitación el resto de días pensando que, si eran las huellas de Dear David, eso significaba que podía seguirle a cualquier lugar. Aquello le hizo perder toda esperanza de librarse de él.

Tras las vacaciones de Navidad, Adam volvió a Nueva York. Se sintió incomodo cuando llegó al apartamento. Y, esa noche, le costó dormir pues sentía que Dear David le observaba desde diferentes puntos de la habitación. Durante las siguientes noches decidió usar la aplicación del móvil como hizo anteriormente para intentar sacarle una foto , pero no tuvo éxito. No obstante, una noche fue peor que las anteriores. Se sentía enfermo y tuvo pesadillas toda la noche. Soñó que Dear David le observaba levitando sobre él, murmurando algo cada vez más rápido. De repente, el niño se abalanzó sobre él y, cuando el niño golpeó su pecho, Adam se despertó con un sobresalto sintiendo que le faltaba la respiración. Miró a su alrededor, pero no había nadie ni nada. Cogió el móvil y estuvo pasando las diferentes imágenes sin ver nada hasta que llegó a una que le impactó.

Adam dejó el móvil sintiéndose totalmente impotente, pues no sabía qué más podía hacer.

Durante varias semanas Adam dejó de tener pesadillas y dejó de sentirse incómodo en el apartamento. Pero aún así le ocurrían cosas extrañas.Comenzó a sentirse desorientado. Podía estar sentado con la mirada perdida en el sofá durante una hora sin percatarse del paso del tiempo; comenzaba a olvidar cosas que hacía a lo largo del día; le costaba prestar atención a lo que los demás le decían, o a veces creía que le estaban hablando cuando no era así. Además, comenzaba a sentirse cansado, como si a lo largo del día gastase más energía de la normal. A pesar de eso, se obligaba a seguir con su día y a día.

Adam quedó con una amiga para tomar algo y se estuvieron haciendo fotos. Todo transcurrió con normalidad. Pero en una de las fotos había algo que no era normal:

El joven no sabía cómo reaccionar ante aquello. Lo único que podía pensar era en las ganas que tenía de recuperar la normalidad.

Durante los días siguientes Adam dejó de publicar en su cuenta de twitter hasta el 28 de enero que lo único que subió fue un extraño vídeo de su gato maullando a la puerta de nuevo. Días más tarde, el ilustrador publicó que todo esta bien.

Durante casi un mes, Adam no publicó nada, hasta el 14 de febrero donde volvió a subir un vídeo de su gato maullando delante de la puerta y una publicación en la que indicaba que todo había vuelto a la normalidad.

Su última publicación relacionada sobre Dear David tuvo lugar el 12 de marzo en la que pedía a la gente que no se preocupase por él, pues se había mudado de piso, se encontraba bien y nada extraño había vuelto a suceder.

Desde entonces, no ha vuelto a publicar nada relacionado con el aterrador niño. ¿Es este el final de la historia o acaso Dear David está esperando a aparecer cuando Adam menos lo espere?

23 junio 2018

DEAR DAVID IV



Pasaron varios días y Adam regresó a su apartamento tras haber celebrado “Acción de Gracias” con su familia. Había llegado tarde por lo que, cansado por el largo viaje, se fue a la cama. Se acababa de quedar dormido cuando un fuerte ruido le hizo dar un salto en la cama. Parecía como si alguien hubiese dejado caer una bola de jugar a los bolos. Entonces Adam comenzó a sentirse raro, como si la habitación se hubiese llenado de energía negativa. Al cabo de un minuto escuchó un nuevo golpe. Adam permaneció sentado en su cama sin saber qué hacer con el pulso acelerado escuchando ese golpe una y otra vez, llegando a contar hasta quince. A continuación, hubo un largo e incómodo silencio. Pero, entonces, Adam escuchó un sonido en el rellano, como unos pasos. Esperó en silencio durante unos minutos y, al no volver a escuchar nada más, se durmió.

A la mañana siguiente, salió de su apartamento y, al bajar las escaleras, notó algo que crujía bajo sus pies. Miró y vio que había suciedad justo debajo de la trampilla.

Adam observó la trampilla y se percató de algo pequeño que asomaba como si se hubiese quedado pillado al cerrarse la trampilla. 

El ilustrador regresó al apartamento, cogió un palo lo suficientemente largo y empujó la trampilla. Para su sorpresa, algo le cayó encima. Al principio se horrorizó pensando que era un animal muerto, aunque por otra parte le animaba que lo fuese, pues eso le daría una explicación a todos aquellos extraños sonidos. Pero cuando se fijó, vio que se trataba de un zapato de niño, viejo y totalmente desgastado, con la suela rota.

Adam miró extrañado aquel objeto preguntándose cómo podía haber llegado allí. En ese momento cogió el teléfono y llamó a su casero, le contó que había algo en el hueco entre el techo y el tejado y le pidió que echase un vistazo. El hombre aceptó y, al cabo de unas horas, se presentó en el apartamento con una escalera alta, lo que le permitía asomarse al interior de aquella buhardilla. El hombre subió, alzó la trampilla y, con una linterna, recorrió todos los rincones de aquel oscuro y sucio lugar. Adam temía que algo agarrase a aquel hombre y le arrastrase al interior de la trampilla, pero afortunadamente no ocurrió. Al principio, el casero no vio nada pero, cuando se disponía a bajar, vio algo que le llamó la atención, por lo que estiró el brazo y lo cogió. El hombre bajó de la escalera y le dio a Adam aquel objeto: una pequeña canica de color verde.

Los dos estaban totalmente confusos, pues no sabían cómo esa canica podía haber llegado allí, por lo que el casero le dijo a Adam que le llamase corriendo si volvía a oír algún ruido extraño.

Tras aquel inusual descubrimiento, Adam comenzó a sentirse mal. Durante los siguientes días le costaba conciliar el sueño y, cuando lo hacían, extrañas pesadillas le asaltaban. Como consecuencia, se encontraba cansado el resto del día sintiéndose en ocasiones mareado. Pero lo peor sucedió cuando una noche se despertó sobresaltado con una extraña sensación en el cuerpo, como si alguien le estuviese observando, por lo que encendió la luz, pero allí no había nadie. No obstante, incluso con el cuarto iluminado, podía sentir una extraña sensación que le parecía maldad. Automáticamente, relacionó aquella sensación con la aparición de Dear David. Siempre que el niño aparecía, dejaba un aura de maldad. No obstante, se encontraba tan cansado, que decidió apagar la luz y volver a dormir. Y lo mismo sucedió la noche siguiente. Por esa razón, decidió actuar y se descargó una aplicación del móvil que tomaba fotos cada 60 segundos y lo colocó en una estantería, de forma que la cámara podía captar toda la habitación. Así podría ver qué ocurría allí cada vez que se iba a dormir. Una vez que se percató de que la cámara actuaba como él quería, Adam se fue a dormir dejando la luz encendida. De nuevo, se despertó sobresaltado con esa extraña sensación invadiendo la habitación, por lo que rápidamente cogió el móvil. Había unas 300 fotos y en la mayoría de ellas aparecía él durmiendo pero, de repente vio unas fotos que le impactaron muchísimo.


En la primera foto aparecía Dear David sentado en una butaca mirándolo fijamente. En la siguiente foto, el niño parecía estar mirando fijamente el techo para, posteriormente, derrumbarse sobre la butaca como si estuviese muerto.

Adam continuó pasando fotos, pero Dear David había desaparecido, o eso pensaba, pues el niño volvió a aparecer..



Dear David se encontraba de pie junto a la cama mirando a Adam para, posteriormente, subirse a ella mirando frívolamente al ilustrador. A continuación, el niño miraba a la cámara, como si se acabase de dar cuenta de su presencia en la habitación. Adam siguió pasando fotos y, de nuevo, Dear David había desaparecido. Volvía a estar él solo en la habitación hasta que llegó a la última imagen, que le puso los pelos de punta.
Adam no podía evitar mirar constantemente aquella butaca pensando que David aparecería en cualquier momento. Y, a aquel miedo se sumaba el agotamiento que había estado arrastrando durante aquellos días. Simplemente no sabía qué hacer.

Por suerte, se acercaban las vacaciones de Navidad, y Adam viajaría a Montana para estar con su familia unos días. Podría olvidarse de todo aquel asunto.

19 junio 2018

DEAR DAVID III



Adam regresó de Japón y pasó varios días en el piso sin que nada fuera de lo normal sucediese, por lo que se sintió a salvo. Pero parecía que aquello que le atormentaba esperaba a que el joven bajase la guardia pues, entonces, comenzaron a pasar cosas extrañas en el apartamento. La electricidad fallaba, algunas bombillas se fundían, a pesar de cambiarlas. Pero lo más extraño ocurrió con su televisor. Adam había instalado unas luces LED en la parte trasera del televisor, conectadas al aparato por puerto USB. Ese tipo de luz sólo se enciende cuando la televisión está encendida, pero una noche se encendía y apagaba sólo. Adam contempló aquella luz intermitente hasta que se apagó completamente. Adam encendió la televisión, pero las luces LED no se encendían; simplemente se habían estropeado.

Adam estaba asustado y no conseguía dormirse, por lo que se fue a dar una vuelta a pesar de ser las cuatro de la madrugada y no regresó al apartamento hasta que comenzó a amanecer. Una vez de vuelta se duchó y, al salir del aseo, escuchó un ruido rasguño al otro lado de la puerta principal. Asustado, cogió el móvil y, como hiciese anteriormente, hizo una foto a través de la mirilla.
Lo que vio hizo que se le resbalase el móvil de la mano, pues al otro lado vio lo que parecía ser un ojo como si alguien estuviese mirando por la mirilla hacia el interior del apartamento. Adam no se atrevía a abrir la puerta, pero sabía que tenía que actuar. Afortunadamente, todo volvió a la normalidad: los gatos ya no maullaban delante de la puerta, las pesadillas no habían vuelto a aparecer y nada extraño había vuelto a sucederle. Adam se sentía por fin en paz.

Pero una mañana, camino del trabajo, pasó por delante del almacén abandonado como de costumbre y vio que la persiana estaba abierta. Se asomó y vio que estaba vacío salvo por una cosa que le inquietó.

El almacén había estado dos meses cerrado, pero en ese momento se encontraba abierto y en su interior un coche fúnebre. Intentó quitarle importancia y el día transcurrió con normalidad. Pero una noche, alrededor de las 11, vio a sus gatos mirando por la ventana, y pensó que había un ratón o algo en la cornisa, por lo que miró, pero no vio nada salvo el tejado del edificio de oficinas de al lado. Se dirigió a la cocina para coger un vaso de agua y miró por la ventana, pues desde aquella ventana se veía también ese tejado. Entonces vio una silueta en aquel edifico mirándole. Adam apagó la luz, se escondió, cogió el móvil e hizo una foto.
Aunque no se veía con total nitidez, en la foto podía ver a una persona de baja estatura mirándole fijamente. No obstante, decidió intentar hacer una foto más nítida.
Pero en aquella foto no aparecía nada. Simplemente, la figura había desaparecido. Adam bajó todas las persianas y, tras comprobar que la puerta estaba bien cerrada, se tomó varias cervezas hasta que pudo perder el miedo e irse a dormir.

Tras algunos días sin incidentes, Adam volvió a soñar con David. En esa ocasión, el niño estaba sentado en otra silla, pues la mecedora ya no estaba en la habitación, mirándole fijamente. Adam volvía a estar paralizado, pero pudo moverse lo suficiente como para tomar algunas fotos. En ese momento, David se incorporó y avanzó despacio hacia la cama, como si le costase caminar. Se puso delante de Adam, mirándole fijamente y comenzó a murmurar algo mientras los ojos se le ponían en blanco. Adam no pudo entender lo que decía, pero se sentía totalmente desprotegido. En ese momento se despertó gritando. Miró a su alrededor y no había rastro de David. El ilustrador se levantó, se duchó y se fue al trabajo dando un paseo. El día transcurrió sin problemas hasta que regresó a su apartamento. Entonces miró el móvil y, al abrir la galería de imágenes, vio una serie de fotos en las que aparecía su habitación a oscuras. Pensaba que había soñado que hacía las fotos, pero las había hecho realmente, y lo que vio le puso de los nervios.



Al cabo de un rato consiguió serenarse y se obligó a alejar todo lo relacionado con "Dear David" de su cabeza. Pero, de repente, escuchó un ruido fuerte en el techo de su apartamento. Aquello le resultó muy confuso, pues el edificio donde vivía sólo tenía dos pisos: el apartamento donde vivía antes, y el apartamento en el que residía en la actualidad, así que no podía haber nadie justo encima, aunque decidió no darle importancia pensando que había sido un golpe aislado.

Pero los días pasaron y los golpes sonaban cada vez con más frecuencia. A veces eran arañazos, otras veces golpes, otras veces el sonido de una canica…
Una mañana, cansado de aquella situación, Adam salió al rellano y miró detenidamente una trampilla en el techo.

Sabía que estaba ahí, pero nunca le había prestado atención. Pero se le ocurrió en aquel momento que aquella trampilla pudiese conectar con el tejado. Aún así era imposible llegar con una escalera normal, pues se encontraba a bastante altura. Además, habías bastante espacio entre la trampilla y el tejado.
Aquello le intrigó muchísimo y los sonidos no paraban. Por ello decidió que tenía que averiguar qué había allí dentro. Sabía que, si encontraba la forma de acceder a su interior, descubriría algo relacionado con David, aunque pasaría algunos días fuera del apartamento, pues viajaría a su casa para celebrar con su familia "Acción de Gracias".

16 junio 2018

DEAR DAVID II


Adam llevaba tiempo pensando en el viaje a Japón, por lo que decidió comprar una cámara para poder vigilar a distancia a sus dos gatos mientras él estaba fuera. Aquella cámara se activaba cada vez que había movimiento en la habitación donde se encontraba y mandaba la grabación al móvil del usuario. Adam la colocó en el salón y no podía esperar el momento para probarla.

Una noche, Adam salió con sus amigos y decidió aprovechar que iba a estar fuera durante unas horas para probar la cámara. La noche transcurrió con normalidad y de vez en cuando le llegaban vídeos en los que veía a sus gatos jugando como acostumbraban a hacer. Y esos vídeos crearon un ambiente muy agradable entre los amigos, que se reían viendo a los gatos del ilustrador.

Pero entonces llegó un video en el que Adam no vio nada, hasta que prestó con más atención y vio que la mecedora verde se mecía sin que hubiese nadie sentado. Aquello hizo que Adam se pusiese nervioso. Más tarde, recibió una segunda grabación en la que se veía una especie de sombra que pasaba por delante de la estantería tirando un adorno que había allí colocado. Tal fue el miedo que sintió que estuvo bastante tiempo sin atreverse a conectar la cámara.

El fin de semana siguiente, Adam lo pasó fuera, por lo que dejó la cámara conectada. Le llegaron varios videos, entre los que había dos que le pusieron los pelos de punta. En uno de ellos, se veía a sus gatos intentando atrapar algo en el aire y, de repente, un vaso encima de la mesa se desplazaba solo. En el segundo video, uno de los gatos estaba en el sofá siguiendo algo con la mirada, y poniéndose a dos patas para arañar el aire, como si hubiese algo que la cámara no captase.
Varias noches más tarde, se dispuso a acostarse cuando escuchó un ruido. Fue al salón y vio que un pequeño cactus se había caído de la estantería rompiéndose.

Al principio pensó que uno de sus gatos lo había tirado. Pero recordó que tenía la cámara activa y comprobó la grabación que le llegó al móvil, para ver que se había caído sólo, lo cual le resultó muy extraño.


Pero aquello no fue lo único malo, pues las pesadillas se habían vuelto cada vez más frecuentes para Adam. Llevaba tiempo soñando con sombras que le vigilaban a través de la ventana, lo cual era imposible pues su apartamento está en un segundo piso. No obstante, hubo una que le hizo despertarse totalmente asustado. En aquel sueño estaba tumbado en la cama y, al girarse, se topó cara a cara con una cabeza decapitada que conservaba la espina dorsal sobre un cojín. La cabeza le miró y comenzó a sonreír con crueldad. En ese momento, Adam se despertó gritando. Cuando despertó tras aquella pesadilla, decidió dar un paseo para despejar su mente, pues no podía dormir. Decidió ir a una tienda para comprar algo para comer. Al hacerlo, tuvo que pasar por delante de aquel almacén cerrado. Al principio no ocurrió nada pero, volviendo a su apartamento, escuchó un golpe en la persiana que procedía del interior. Adam se quedó quieto escuchando, pero no hubo ningún otro sonido. Entonces cogió el móvil y, tras hacer una foto, salió corriendo. Una vez en su apartamento miró la foto y vio que era la oficina de aquel almacén. Entonces vio en un lateral lo que parecía ser la silueta de un niño con la cabeza deformada en el lateral derecho.


Definitivamente, aquello no tenía ningún sentido.


Pero, afortunadamente, llegó septiembre y Adam se fue a Japón donde pasó la mejor semana de su vida. No le sucedió nada extraño y pudo olvidarse completamente de "Dear David". El último día que iba a pasar en Japón decidió dar un paseo por la ciudad de Sapporo dirigiéndose a un parque cercano. En aquel parque había muchas esculturas interesantes, hasta que se topó con una en forma cilíndrica que tenía talladas a personas y animales.
Entonces se fijó y vio que uno de los niños en la escultura parecía mirarle fijamente; un niño que mostraba una abolladura en el lado derecho de la cabeza, igual que David.

Aquello horrorizó a Adam, pero se obligó a pensar que era una casualidad y que no debía preocuparse. Estaba convencido de que, cuando regresase a su apartamento, todo habría vuelto a la normalidad.

15 junio 2018

DEAR DAVID I


El 7 de agosto de 2017 el ilustrador Adam Ellis, residente en Nueva York, publicó en su cuenta de twitter (https://twitter.com/moby_dickhead) que en su apartamento estaban ocurriendo cosas extrañas.

La historia comenzó en junio cuando el joven se encontraba durmiendo. Según explica, son frecuentes los episodios en los que sufre parálisis del sueño. Aquella noche volvió a sufrirlo y pudo ver, sentado en una mecedora verde que hay junto a su cama, a un niño con la cabeza deforme y abollada en el lateral derecho. Al principio, aquel niño sólo le miraba; pero entonces se levantó y se acercó a la cama. Justo cuando estaba a escasos centímetros de Adam, el joven se despertó gritando. Tal fue el impacto que le causó, que realizó un dibujo de aquel niño.

Al cabo de algunas noches, Adam soñó que entraba en una biblioteca. Allí, una chica se le acercaba y le dijo:-Has conocido a “Dear David”, ¿no?- Al ver la cara de extrañeza de Adam, la joven dijo:-"Dear David". Le viste. Está muerto. Sólo aparece a medianoche y le puedes hacer dos preguntas si dices “Dear David” primero. Pero nunca trates de hacer una tercera pregunta o te matará.

Aquel sueño extrañó a Adam, pero decidió no darle importancia pues pensaba que su subconsciente jugaba con él y había decidido juntar aquel sueño con la aparición de aquel extraño niño.

Pasaron las semanas sin ningún tipo de incidente, pero entonces volvió a soñar con "Dear David", que volvía estar sentado en la misma mecedora verde, mirándole fijamente. Adam se armó de valor y le pregunto:-Dear David, ¿cómo moriste?-A lo que el niño murmuró:-Un accidente en una tienda.-Adam preguntó:-Dear David, ¿qué ocurrió en esa tienda?-A lo que el niño respondió:-Alguien tiró una estantería sobre mi cabeza.-Adam le miró y gritó escandalizado:-¿Quién lo hizo?-Pero aquella vez David no dijo nada. En ese momento, Adam se percató de que había hecho tres preguntas y se despertó totalmente aterrado.
A la mañana siguiente, Adam buscó en internet accidentes en tiendas, pero no pudo encontrar nada relacionado con un niño llamado David. Incluso probó con diferentes nombres que fuesen parecidos, pero no hubo resultados. Aun así, Adam no le dio importancia pensando que todo era un sueño y que nada malo le podía pasar.

Varias semanas después, el apartamento de arriba del dúplex donde Adam vivía se quedó vacío. El joven decidió mudarse, pues aquel apartamento era más grande que el suyo. Una vez allí, pasaron un par de meses y Adam llegó a olvidarse de David. Quizás le había perdido la pista.

Y así, Adam comenzó el mes de agosto, sin preocupaciones. Pero la tranquilidad no tardaría en desaparecer, pues comenzaron a suceder cosas extrañas y sin sentido en el nuevo apartamento. Durante varias noches seguidas, concretamente a medianoche, sus dos gatos comenzaron a maullar y a olisquear delante de la puerta principal, como si hubiese algo al otro lado.
Adam no sabía si darle importancia o no, aunque aquella actitud le inquietaba.

Una noche tuvo un extraño presentimiento y decidió mirar por la mirilla. Al hacerlo pudo ver movimiento al otro lado. Adam abrió la puerta y encendió la luz, no había nadie allí, pero sus gatos se parecían nerviosos, con el lomo erizado.
Durante varias noches, los gatos siguieron con aquella extraña conducta, hasta que una noche Adam escuchó un ruido al otro lado de la puerta, por lo que cogió el móvil e, incapaz de abrir la puerta por miedo a lo que pudiese encontrar, hizo una foto a través de la mirilla. Miró la foto y vio una sombra extraña en el borde la escalera. Adam pensó que era un efecto de la mirilla, por lo que hizo una segunda foto y, al mirarla, observó que esa sombra no aparecía esa vez. Comparó las dos fotos, comprobando que la luz y las manchas en las fotos eran las mismas, pero en una aparecía aquella inexplicable sombra que en la otra foto no aparecía.

Adam intentó no pensar en aquello, pues todo debía tener una explicación, y se fue a dormir mientras sus gatos continuaban maullando delante de la puerta.

Los días pasaron y sus gatos seguían con aquella actitud a medianoche, lo que se había convertido en casi una rutina. Además, no se sentía seguro y decidió probar una aplicación del móvil que graba cualquier sonido producido durante la noche, simplemente por curiosidad. A la mañana siguiente vio que la aplicación había grabado 33 audios. Los escuchó todos sin encontrar nada significativo, salvo en tres de ellos. A diferencia del resto, en aquellos tres se escuchaba un zumbido eléctrico. En la primera grabación, se oía un chasquido como de una puerta abriéndose y aquel zumbido. En la segunda, se escuchaba lo que parecían pasos lentos, como si caminase alguien con cierta dificultad para hacerlo. En la tercera, se escuchaba un extraño sonido, Adam murmurando en sueños como si algo le perturbase, y aquel chasquido que parecía una puerta abriéndose.

Afortunadamente, Adam dejó de soñar con "Dear David" y casi llegó a olvidarse del tema. Además, se fue de viaje durante un fin de semana con unos amigos. Durante el viaje, se compró una cámara Polaroid.
Tomó varias fotos de su piso sin ningún problema. Pero el problema apareció cuando tomó una foto del rellano, pues ésta aparecía totalmente en negro.
Pensando que había tapado el objetivo con el dedo, tomo una segunda foto cubriendo el objetivo a propósito para comparar ambas fotos. Pero el resultado no fue el mismo.
Tal era el temor de Adam que, tras buscar información en internet, decidió echar sal delante de la puerta para evitar que entrase algún ente por la puerta.
Además, prendió salvia y extendió el humo por todo el piso, concentrándose en el rellano y en aquella mecedora verde.

Aquella noche, el Adam se fue a dormir, aunque no estaba totalmente seguro de haber solucionado el problema. Incluso pensaba que algo iba mal. Tras meses sin soñar con David, el niño apareció en sus sueños. En aquella ocasión, la habitación estaba llena de humo, pero pudo verle sentado en aquella mecedora verde mirándole fijamente con cierto enfado. Adam se despertó y se tomó aquel sueño con un mal presagio de que algo terrible iba a suceder.

Y, cumpliendo aquel presagio, al cabo de un par de noches, David apareció en un nuevo sueño. En aquella ocasión, el niño le llevaba, agarrándole del brazo, a un almacén abandonado. Aunque el joven intentó soltarse, el niño tenía mucha fuerza. Cuando Adam se despertó, intentó no pensar en ello hasta que se miró el brazo y vio que tenía la marca, como si alguien le hubiese agarrado de la muñeca.
Adam decidió tomar una ducha y bajar a una cafetería cercana que solía frecuentar para desayunar. Al hacerlo, siempre pasaba por delante de un almacén donde reparaban vehículos de venta ambulante de comida. Pero, a diferencia de otras veces, aquella vez el almacén estaba totalmente vacío, como si lo hubiesen abandonado de la noche a la mañana.


Adam, totalmente intrigado, se asomó al interior y, lo único que vio, fue una silla verde colocada en medio del amacén..

Inquieto por lo que acababa de presenciar, se dirigió a la cafetería. Debido a los nervios, tardó más tiempo del habitual en desayunar. Cuando regresaba a su apartamento vio que la persiana metálica del almacén estaba ahora bajada, lo que le puso incluso más nervioso, por lo que aceleró el paso para llegar lo antes posible al apartamento.

Tras pasar algunos días, notó algo que le incomodó. Sus dos gatos comenzaron a maullar frente a la puerta principal dos horas antes de lo habitual. Aquel cambio sorprendió a Adam, pues ya se había acostumbrado a aquella rutina y aquel cambio le resultaba bastante llamativo. Pero aquello no era lo peor pues una noche, cuando los gatos comenzaron a maullar, recibió una llamada al móvil de un número desconocido. La ignoró por completo, pero siguió recibiendo aquella llamada durante días hasta que una noche, cansado de la situación, decidió atender a la mañana.

No dijo nada, simplemente escuchó. Al otro lado pudo oír aquel zumbido eléctrico que escuchó en las grabaciones que había hecho mientras dormía, seguido de una respiración y de una extraña voz que dijo “hola”. Tras decir aquella palabra, la llamada se cortó. Adam dejó el móvil y encendió la televisión, pues estaba demasiado asustado como para irse a dormir.

A la mañana siguiente, Adam decidió sacar la mecedora verde de su habitación, pues no se sentía seguro durmiendo a su lado, y la dejó en el salón junto a una estantería pensando que así podría dormir tranquilo. Además, estaba bastante motivado pues pronto se marcharía a Japón a presentar un libro con sus viñetas. Era una fantástica oportunidad, no sólo para dar un empujón a su carrera, si no para alejarse de todo aquello. Y, durante varios días, lo único en lo que Adam podía pensar era en aquel viaje. Además, llevaba un tiempo sin sentir la presencia de "Dear David".

06 junio 2018

RELATO I


Aquella noche no fue como ninguna de las que había vivido antes...
Vivía en un barrio de casas unifamiliares a las afueras de mi ciudad. Según descubrí, hace bastantes años ya había casas aquí pero, debido a su mal estado, se embargaron para construir casas nuevas. Los vecinos se negaron, pero no fueron capaces de derrotar al poder al que se enfrentaban por el destino de sus hogares, y las casas fueron finalmente demolidas.
Nunca me había parado a pensar en ello aunque, de haberlo hecho, supongo que nunca habría imaginado las terribles consecuencias.
Estaba sólo en casa pues mis padres se habían ido de viaje durante toda la semana. Un alivio por mi parte poder librarme de ellos unos días.
Había salido con los amigos para dar una vuelta, pero la lluvia nos había obligado a retirarnos antes de tiempo. Entré en mi casa, eché el cerrojo de la puerta y fui a mi habitación en el piso de arriba. Un sonido debajo de mi cama me hizo mirar para ver salir a mi gato que me saludó restregándose con mi pierna. Me puse el pijama mientras mi gato me observaba sin parpadear, puse la alarma en el móvil, me metí en la cama y apagué la luz.
De repente, mi móvil vibró. Abrí los ojos y me estire antes de coger mi móvil. Miré a la pantalla pero no había ninguna llamada perdida, ningún mensaje, o ningún whatsapp. Lo único que mostraba la pantalla era la hora, las 3: 30 de la madrugada, y la fecha, martes 13 de septiembre de 2016. Volví a colocar el teléfono en la mesita de noche junto a mi cama y traté de dormir de nuevo cuando entonces escuché un ruido muy fuerte procedente del sótano seguido del sonido de algo arrastrándose. ¿Era real o mi imaginación estaba jugando conmigo? Pero un grito escalofriante fue la respuesta a mi pregunta. Di un brinco en la cama y, con el corazón en la boca, encendí la lámpara y vi cómo mi gato miraba al oscuro pasillo con el lomo erguido.
De repente la ventana de mi habitación se abrió de golpe, y las cortinas comenzaron a moverse acompañando al frío viento que entraba. Me levanté deprisa y la cerré.
Un nuevo golpe procedente del sótano recorrió la casa y mi gato comenzó a bufar. A ese golpe lo siguió otro más y el sonido de unas bisagras chirriando. Cogí mi móvil para llamar a la policía pero se habían quedado sin batería. Me extrañó, pues juraría que le quedaba bastante carga aún. Conecté el cargador pero, al hacerlo, la bombilla de la lámpara estalló. Una risa cargada de demencia salió le sótano. Traté de encender otra luz, pero ninguna funcionaba. Simplemente, no había corriente.
Un relámpago seguido de un trueno que hizo retumbar la casa iluminó por un instante mi dormitorio. Tomé una profunda bocanada de aire y, tras coger el primer objeto que alcancé para usarlo como arma, me dirigí a la habitación de mis padres para usar su teléfono. Evidentemente no funcionaba. Estaba absolutamente nervioso, y oí cómo se rompía un cristal en algún punto de la casa.
Tomé una decisión. Me cambié el pijama por ropa de calle y bajé las escaleras. La mejor opción era ir a casa de uno de mis vecinos y pedir ayuda. Estaba muy asustado y me estremecí al escuchar el crujido de un escalón al apoyar el pie. Llegué a la puerta principal y puse mi mano en el cerrojo de la puerta, pero había un problema: estaba atascado. Lo volví a intentar con todas mis fuerzas y me peleé desesperadamente con la puerta, pero no sirvió de nada. Esto no me podía estar pasando a mí. Después de maldecir todo lo que se me vino a la cabeza, decidí ir a la cocina y salir por la puerta trasera, pero volví a oír esa risa, y esta vez venía de la cocina. Miré hacia allá intentando deslumbrar algo cuando un relámpago iluminó la casa permitiéndome ver una silueta delante de la puerta trasera, que estaba abierta.
Sin evitarlo, el miedo hizo que los ojos se me llenasen de lágrimas. De repente oí el maullido desesperado de mi gato en mi habitación. Subí corriendo al piso de arriba y, mientras lo hacía se me ocurrió que podría escapar por la ventana de mi cuarto. Pero algo no iba bien. En realidad todo iba mal. El pasillo entre la escalera y mi habitación estaba lleno de polvo y de páginas de periódico. Cogí una extrañado y, usando la escasa luz que entraba por una farola en la calle, vi la fecha: viernes 18 de septiembre de 1977. Leí la noticia rápidamente y lo entendí todo: Cuando las máquinas llegaron para derribar las casas, nadie se percató de que una anciana que se había negado a abandonar se hogae, se había metido en el sótano de su casa. Ella murió ese día cuando la casa la enterró viva. Pero el cuerpo no fue descubierto hasta cinco días después.
Estaba asustado como nunca lo había estado. Entré a mi habitación, me tropecé con una especie de felpudo junto a mi cama y llegué a la ventana, pero estaba bloqueada. Angustiado comencé a golpear el cristal, pero me quedé helado al oír una voz detrás de mí. Me giré lentamente y un relámpago me permitió ver a una vieja sentada en mi cama. Su cara estaba llena de odio y maldad. Me dirigió una sonrisa que mostró unos afilados dientes. Tenía los ojos hundidos y dos oscuras ojeras. El canoso cabello que nacía de su cabeza empezaba a escasear. Entre sus pies se encontraba mi gato, muerto. Y entendí que me había tropezado con su cuerpo sin vida.
Grité como nunca he gritado. Grité con todas mis fuerzas. Pero ella sólo sonrió y dijo: -Nadie va a oírte como nadie me oyó cuando quedé atrapada entre los escombros... Ven conmigo...
Ella alargó sus putrefactas manos hacia mí. La ventana se volvió a abrir y la cortina cayó al suelo. Grité todo lo que mis pulmones me permitieron, pero mi grito quedó ahogado por un fuerte trueno.
Afortunadamente, ya no tengo miedo. De hecho, no puedo sentir nada ahora. Ni si quiera pude sentir nada cuando leí el periódico explicando la extraña muerte de un joven en su casa. El motivo de la extraña muerte había sido "miedo", aunque no se podía explicar qué había pasado... Y más extraña había sido la muerte de su gato en la misma habitación por la misma circunstancia. Ambas muertes habían sido muy extrañas.
Ahora me encuentro mirando por la ventana cómo mis padres se dirigen al coche. Miran hacia mi habitación, pero no pueden verme, y se montan en el coche para guiar al camión de la mudanza a su nuevo hogar. Ojalá puede ir con ellos, pero debo quedarme aquí para siempre. Al menos no estaré sólo, pues una familia ha comprado la casa. Y creo que tienen un hijo... Será divertido...
Resultado de imagen de calavera